El grupo de vecinos que terminó en orgía
CuentosIntimos
26 de octubre de 2026
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Sensual y envolvente
Nunca pensé que un grupo de WhatsApp de vecinos podía terminar así. Tengo veintiocho años, vivo sola en un dos ambientes en Palermo y laburo en sistemas. La noche del sábado arrancó con una cena aburrida en el quincho de la terraza del edificio. Después, cuando se fueron los caretas, quedamos cinco: Julián, el personal trainer del 3°B, de treinta y dos, con ese lomo de espalda ancha y brazos que parecen tallados a mano; Cami, la diseñadora gráfica del 5°A, veintinueve, morocha de rulos salvajes y tetas que se le desbordan del corpiño; Diego, el abogado del 7°C, treinta y cinco, trajeado pero con una sonrisa canchera que te desarma; y Sofi, la bartender del 2°D, veintiséis, flaca, alta, con un piercing en la lengua y una mirada que te desnuda sin pedir permiso. Y yo, claro, que ya me estaba mojando de solo imaginar lo que podía pasar.
Todo empezó con un juego de cartas, de esos que te obligan a contar secretos. Cami confesó que nunca había estado con una mujer, pero que le moría de ganas. Sofi dijo que le calentaba mirar. Julián tiró que le gustaba que lo miren mientras coge. Diego, con una seguridad de la puta madre, dijo que quería vernos a las tres juntas. Y yo, que ya no podía cruzar las piernas sin apretar los muslos, dije que me encantaba ser el centro de atención. Ahí nomás, Sofi se acercó, me corrió un mechón de pelo de la cara y me preguntó si me podía besar. Le dije que sí con un hilo de voz. Su lengua con el piercing frío se metió en mi boca y me hizo temblar hasta los tobillos.
Diego se paró detrás de mí, me agarró de la cintura y me apretó contra su pecho. Sentí su bulto duro contra mi culo, a través del jean. Julián se acercó a Cami, le levantó la remera sin pedir permiso y le chupó una teta con una desesperación que me contagió. Cami gimió y se dejó caer contra el sillón del quincho. Sofi me mordió el labio y me susurró: “Quiero que me muestres cómo te tocás”. Me corrí el corpiño, me saqué la remera y me apreté las tetas con las dos manos, mirándola fijo. Diego me bajó el jean y la bombacha de un tirón. Quedé en cuero, con el culo al aire, y él se arrodilló atrás y me abrió las nalgas con las manos. Sentí su lengua caliente en el culo, lamiéndome despacio, mientras Sofi me chupaba los pezones y me pellizcaba la concha por encima del vello. Era un descontrol hermoso.
Julián ya estaba en bolas, con la pija parada, gruesa, venosa, y Cami se la chupaba de rodillas, con los rulos revueltos y la baba cayéndole por la barbilla. Diego me dio vuelta, me sentó en el borde de la mesa de pool y me abrió las piernas. “Quiero verte la concha de cerca”, me dijo, y se puso a chupármela como si fuera un postre. Me pasaba la lengua desde el culo hasta el clítoris, despacito, y yo le agarraba la cabeza y le empujaba la cara contra mi entrepierna. Sofi se sacó la ropa y se subió a la mesa, se puso en cuatro al lado mío y me dijo: “Chupame, dale, no seas egoísta”. Le metí la lengua en la concha, le chupé el clítoris con ganas, mientras Diego me metía dos dedos y me los movía adentro, buscándome el punto justo. Cami se sumó, se puso atrás de Sofi y le empezó a lamer el culo, con una timidez que se le fue al toque. Julián se pajeaba mirándonos, con la pija brillante de saliva, y se la pasaba por la cara de Cami, que se la chupaba de costado, sin dejar de comerle el culo a Sofi.
Yo estaba al borde, con la concha hinchada y el clítoris duro como una piedrita. Diego me sacó los dedos y me la puso de golpe, hasta el fondo. Grité, pero no de dolor, de placer. Me llenó entera, me abrió, me hizo sentir cada centímetro. Me cogía fuerte, con las manos en mis caderas, y yo le clavaba las uñas en los hombros. Sofi se dio vuelta, se sentó en la mesa y me agarró la cara para besarme mientras Diego me partía al medio. Su lengua con el piercing se enredaba con la mía, y yo le metí dos dedos en la concha, que estaba empapada. Cami se puso a chuparle las tetas a Sofi, y Julián se acercó a mí, me puso la pija en la boca y me dijo: “Chupámela, dale, que te veo la cara de puta caliente”. Se la chupé con ganas, mientras Diego me cogía cada vez más rápido y Sofi me apretaba la mano contra su concha.
Diego me dio vuelta, me puso en cuatro sobre la mesa de pool, y me la volvió a meter. Esta vez me agarró del pelo y me tiró la cabeza para atrás. “Así me gusta, que te escuchen todos”, me gruñó al oído. Yo gemía como loca, con la cara colorada y la concha chorreando. Julián se puso delante de mí y me la metió en la boca de nuevo, pero esta vez más profundo, hasta la garganta. Me corrían las lágrimas, pero no lo saqué. Cami se puso debajo de mí, boca arriba, y me chupó el clítoris mientras Diego me cogía. Fue demasiado. Acabé con un grito ahogado por la pija de Julián, temblando entera, apretando la concha alrededor de la pija de Diego, que también acabó adentro, con un rugido que me hizo vibrar la espalda. Julián se corrió en mi boca, y yo tragué todo, mirándolo a los ojos.
Nos quedamos un rato tirados, transpirados, riéndonos como boludos. Pero la noche recién empezaba. Sofi se acercó a Cami y le dijo: “Ahora te toca a vos, nena”. La acostó en el sillón, le abrió las piernas y le chupó la concha con una paciencia que me calentó de nuevo. Cami gemía y se retorcía, agarrándose de los almohadones. Julián se puso atrás de Sofi y se la metió de una, mientras ella seguía chupándole la concha a Cami. Diego me sentó en su regazo, de espaldas a él, y me la metió de nuevo, despacito, mientras me manoseaba las tetas y me mordía el cuello. Yo miraba a Cami, que tenía la cara desencajada de placer, y a Sofi, que la hacía acabar con la lengua y los dedos. Cami gritó y se arqueó entera, apretando la cabeza de Sofi contra su concha. Julián se corrió adentro de Sofi, que siguió chupando hasta que Cami le rogó que parara.
Después nos mezclamos todos. Cami me comió la concha mientras Diego me besaba y Julián le daba por el culo a Sofi, que estaba en cuatro sobre la mesa, con la cara apoyada en el paño verde. Yo le agarraba las tetas a Cami, se las apretaba, le pellizcaba los pezones, y ella me metía la lengua hasta el fondo. Diego me puso la pija en la boca y me dijo: “Chupámela, que quiero acabar en tu cara”. Se la chupé con ganas, mientras Cami me hacía acabar de nuevo, esta vez con dos dedos adentro y la lengua en el clítoris. Diego se corrió en mi cara, me llenó de leche caliente, y Cami se subió a besarme, a lamer la leche de mi mejilla, a pasármela con la lengua. Fue asqueroso y hermoso a la vez.
Sofi se acercó, con la concha llena de leche de Julián, y me dijo: “Limpiamela”. Me arrodillé y le pasé la lengua por los muslos, por la concha, por el culo, juntando todo. Julián se pajeaba de nuevo, mirándonos, y Cami se puso a chupársela. Diego me levantó, me sentó en la mesa y me abrió las piernas. “Ahora te toca a vos, Sofi”, dijo. Sofi se arrodilló y me chupó la concha con una devoción que me hizo temblar. Julián se puso detrás de Cami y se la metió por el culo, despacito, mientras ella gemía con la pija de Julián en la boca. Diego me besaba y me apretaba las tetas, y Sofi me metía la lengua en el culo mientras me chupaba el clítoris. Acabé de nuevo, con un grito ronco, y Sofi se subió a mi boca para que le devolviera el favor. Le chupé la concha, le metí la lengua en el culo, le apreté las nalgas con las dos manos. Ella gemía y se movía contra mi cara, y Diego me metía los dedos en la concha mientras me decía lo puta que era, lo caliente que estaba, lo bien que la chupaba.
La noche se estiró entre risas, sudor, leche y saliva. Terminamos todos en el piso del quincho, en una pila de cuerpos desnudos, con las ventanas empañadas y el olor a sexo flotando en el aire. Cami se durmió con la cabeza en el pecho de Julián. Sofi me acariciaba el pelo y me decía que había sido la mejor noche de su vida. Diego me pasaba la mano por la espalda, despacito, y me susurraba que esto recién empezaba. Yo me reí, cerré los ojos y pensé que el grupo de WhatsApp del edificio nunca más iba a ser lo mismo.