El taxi compartido
PlumaNocturna
2 de enero de 2026
Escuchar Relato
Sensual y envolvente
Llevaba años fantaseando con algo así, pero nunca me atreví a dar el primer paso. Hasta aquella noche.
La química entre nosotros era innegable, palpable en cada mirada, en cada roce accidental que no era tan accidental. Con cada caricia, con cada beso, sentía que me elevaba hacia algo trascendente. Fue una experiencia que cambió mi perspectiva del amor y del placer para siempre. Descubrí que hay conexiones que van más allá de lo físico, que tocan algo más profundo en el alma.
Cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Se acercó lentamente, y yo contuve la respiración. Sus manos encontraron mi cintura y me atrajeron hacia él con una urgencia que me tomó por sorpresa. Cerré los ojos cuando sus labios rozaron los míos, primero suavemente, luego con una pasión que me dejó sin aliento. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo sus músculos tensarse bajo mis dedos mientras el beso se intensificaba. El mundo a nuestro alrededor dejó de existir.
No podía creer lo que estaba sintiendo. Mi cuerpo respondía a cada una de sus caricias como si tuviera vida propia, como si supiera exactamente lo que necesitaba antes que yo misma. Me mordí el labio tratando de contener un gemido, pero era imposible. Sus manos recorrían mi piel dejando un rastro de fuego a su paso. Cada toque era más intenso que el anterior, llevándome a un estado de excitación que nunca había experimentado. Estaba completamente perdida en ese instante de placer puro.
Exploramos cada rincón de nuestros cuerpos con curiosidad insaciable. Yo descubrí partes de mí que no conocía, sensaciones que jamás había experimentado en todos mis años. Cuando finalmente caímos exhaustos el uno junto al otro, supe que nada volvería a ser igual. Este momento había marcado un antes y un después en mi vida, en mi manera de entender el placer y la conexión humana.
Ahora, cada vez que cierro los ojos, revivo esa noche en cada detalle. Y sonrío, porque sé que fue real, que me permití vivir sin inhibiciones por primera vez. No me arrepiento de absolutamente nada de lo que pasó.