“Existen noches en que uno se pierde, decide más que nada perderse. Hoy, precisamente, estaba en busca de esa clase de adrenalina. Deseaba imperiosamente llevarme a alguien a la cama”.

Sábado por la noche, las 12:00 am, me preparó salvajemente para salir. Vestido putero, tacones altos para alargar más mis piernas, y perfeccionar mi trasero. Me pusé mi push up, y salí a la noche con abrigo de piel. Prendí un cigarrillo, mientras esperaba el uber. Faltaba un minuto para que llegará el chico. Andrés, venezolano, y guapetón. ¿Tal vez, el sería el elegido?

Me fumé el cigarro rápido, y lancé grandes bocanadas de humo. Saqué un espejo, y me repasé el labial rojo sangre. El uber llegó, me preguntó si era “Ana”. Asentí, y subí.

El tipo era más guapo en persona, y observé que me miró con lascivia. Me preguntó:

- ¿Vas a una fiesta? Sonrió.

-No, solo a un bar. Le devolví el gesto.

- ¿Con amigos?

-No, sola. Buscaré con quién estar.

Me observó mudo por unos segundos. y fijó su vista en la pista.

Yo, sin aun a renunciar a mi presa, le pregunté:

-¿Te molestan las mujeres liberales?

El tipo dijo palabras que no pude comprender, y el viaje siguió sumido en un silencio absoluto. Le pagué, y le dije mientras me bajaba.

-Podrías haber sido tú esta noche. Sonreí.

No se si sonrió, se sonrojó o que, pero que tipo más pelotudo.

Llegué a un bar que frecuentaba algo constante, desde que decidí ser más osada, y decir siempre que sí, me la pasaba metida en estos sitios. Distintos, pero al final la gente es la misma.

Somos una pequeña minoría que escribe odas al sexo, y cumple cada rica y exquisita fantasía.

Aquella noche, quería a alguien diferente. Era fiesta de orgías, y lo más normal en esas situaciones es que llegan principiantes, otros que buscan una aventura de una sola vez, parejas de amantes, de casados, de novios, solos, lesbianas etc.

Tenía un deseo por acostarme con un trans, y lo más probable es que pudiera encontrar esa opción. Quería una mujer con pene, que me follara, que tuviera unas tetas grandes y jugosas. La sensación deliciosa de lo femenino y lo masculino en un mismo cuerpo. Yo era muy glotona, y Feroz. No me conformaba nunca con un solo cuerpo.

Y la idea de tenerlos a ambos, me excitaba en demasía. Entré sonriente, y saludé al portero, luego, a unos amigos, y me senté. Luis llegó a mi mesa, y me preguntó:

-Señorita, buenas noches.

- ¡Hola Luis! ¿Qué tal?

- Todo bien, señorita. Cumplí con lo que me pidió. Y me paso un papel.

- ¡Gracias, lo de siempre! Le pase un billete.

Abrí el papel, y decía mesa 8. Miré y busqué hasta dar con la mesa, estaba frente a mí. Una morocha increíble, de ojos verde selva, piel de chocolate, cabello negro como el carbón, y con una sonrisa juguetona mirando a su alrededor. Me quedé pegada y ella advirtió que yo no le quitaba los ojos de encima, y me sonrió.

El mesero llegó con mi copa, la levanté en su honor, y ella imitó el gesto. Me indicó con su bella y delgada mano una silla a su lado.

Yo, le hice una señal a Luis, el garzón. Él llegó enseguida, y me llevó la copa a la mesa de la chica.

Me senté, le besé la mejilla, y nos sonreímos.

- ¡Hola! me dijo en un acento caribeño.

- ¡Hola! ¿Eres cubana?

- ¡Así es, chica!

- ¿Es tu primera vez aquí?

-Sí, pero ya he ido por primera vez a varios bares de estilo. Y en España, Barcelona. Hay unos sitios exquisitos.

- Sí, el año pasado estuve en diferentes fiestas. Es extraordinario.

- ¡Bien! ¿Es tu primera vez aquí? ¿En este bar?

-No, yo los frecuento bastante, en verdad. Desde que los descubrí no he podido dejarlos.

- ¡Ya veo! Me sonrió pícara.

- ¿Estas soltera?

- Sí, hace bastante tiempo, y me viene ese plan.

- ¡Imagino que te llueven las ofertas! Reí.

- ¡Sí! Pero esta noche me gustaste tú.

Acercó su boca, y me besó cálidamente. Su lengua hizo movimientos circulares unificándose con la mía. Buscaba mordisquearla, y no aguantaba de momentos la risa. Acercó más su silla junto a mi cuerpo. Y me metió la lengua de lleno, en un beso profundo, caliente, ardiente, jugoso, y excitante.

Me lamió el cuello, y clavó sus dientes delicada. Yo exploté en éxtasis, porque siempre ha sido un punto G para mí. Y perdí la cabeza, me abalancé a sus brazos.

El calor se manifestó glorioso en nuestras mejillas. Ella, levantó la mano. Y Luis fue a nuestra mesa, pedimos una habitación por un par de horas. Abierta, para que cualquiera que quisiera participar, observar o lo que se les ocurriera, pudiera hacerlo sin ningún problema, y con una gran bienvenida de culos, tetas, y sexos.

Me tomó de una mano, y yo aproveché de comérmela con los ojos. Que nalgas, que piernas, y que tetas.

Llegamos a la habitación. Las paredes eran de un blanco puro, y la ropa de cama, y el resto de la decoración era con tonos negros y rojos. Las sábanas eran de una seda fantástica y envolvente.

Te invitaban a desnudarte, y sentirlas en la piel. Me recosté decidida en la cama, y me quité los zapatos. Ella, saco dos copas, y una champaña de un minibar. La habitación daba a un pasillo, y su fachada era toda de vidrio, y una pequeña puerta para ingresar. Las personas pasaban por el pasillo, y decidían si se quedaban ahí, y ver que sucedía.

Nosotras nos quitamos de inmediato la ropa, y bebimos el champán, mientras conversábamos animadamente. El cuerpo de ella era todo de chocolate, un trasero grande y parado, nalgas redondeadas, y sabrosas que daban ganas de morderlas. Sus piernas largas hasta el cielo, y dos tetas increíbles y perfectas. Sus pezones eran más oscuros que su piel, y apuntaban a mi boca.

Miré hacía más abajo, precisamente su paquete. Era grande y ya estaba erecto. Me gustaba esa dicotomía. Yo solo quería un hombre y una mujer en un mismo lugar.

Un gran grupo se agolpó en la ventana cristalina, y se quedaron bebiendo y charlando, mientras esperaban, me imagino, que nosotras empezáramos.

Ella se acercó a mí, y me comió las tetas, bajó hasta mi vulva, y metió su lengua gruesa en mi clítoris. Dejé la copa en una mesita de noche, y me tiré a la cama, abrí bien las piernas, y buscamos una posición en la que nuestros mirones pudieran tener una mejor vista. Paso su lengua deseosa, y absorbió todo el brebaje que de mi hendidura salía a mares. Le embadurné la cara, y siguió chupando como una demente. Intercambiando ritmos, intensidad y presión en mi sexo.



Continuara…

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