Matrimonio sin complejos (III) La Doncella


Matrimonio sin complejos (III) La Doncella

Carla es una chica joven y bonita, a la que le va mucho la marcha. Presentándose la ocasión la ocasión de realizar todas sus fantasías sexuales en el último empleo que tuvo y que, por suerte aun conserva.

Un día leyendo en la sección de anuncios de trabajo de un periódico, Carla leyó un anuncio que le llamo la atención, el cual decía:

“Matrimonio joven precisa empleada de hogar interna, se exige buena presencia. Interesadas llamen al siguiente numero de teléfono…”

No se lo pensó dos veces, de manera rápida y veloz llamo al teléfono del anuncio, concertando una cita para el día siguiente.

La chica se presentó nerviosa delante de la casa, llevaba puestas sus mejores galas que realzaban sus atributos. Llamó al timbre, abriéndose la puerta unos instantes después, apareciendo bajo el dintel un hombre de unos treintaytantos.

-Buenos días, soy Carla ayer concertamos una entrevista, por lo del trabajo de empleada de hogar.

El hombre correspondió a su saludo haciéndola pasar al salón, donde esperaba sentada su mujer. Después de una satisfactoria discusión en la que se trataron las condiciones del trabajo, Carla aceptó el empleo. Quedando en que empezaría a trabajar al día siguiente.

En principio todo parecía normal, pero el mismo día que la chica fue a trabajar se dio cuenta que no era así. Los señores no se recataban en meterse mano y besarse delante de ella, y tampoco en pasearse desnudos por la casa. Lo que ponía a la muchacha de un calentón subido.. Por lo que en cuanto tuvo la primera oportunidad se metió en el cuarto de baño para tocarse y poder apaciguar el ardor que la embargaba. De esta forma se levantó la falda del uniforme, pues era una de las condiciones el que tenía que llevar un uniforme de doncella con una escasa falda y una blusa de muy generoso escote; y de esta guisa comenzo a acariciarse el sexo mientras introducía dos de sus dedos en su interior, hasta irrumpir presa de la excitación en un irreprimible orgasmo.

Pero cuando verdaderamente se desencadenaron los acontecimientos, fue al día siguiente. Carla estaba arreglando el salón, cuando Adela; la señora, se acercó a Abelardo, su marido; que estaba leyendo el periódico; y sin mediar palabra le saco el pene y comenzó a pasear su lengua por él; de arriba abajo.

Ante esta visión, la doncella ya no pudo aguantar más y, alli mismo, delante de los señores comenzó a acariciarse los pechos y a tocarse el sexo.

En el momento que Adela se dio cuenta de lo que Carla estaba haciendo, se acercó a ella con un pequeño consolador, que se introdujo insinuantemente, delante de la chica, incitándola, con esta actitud, de manera irresistible; primero la doncella comenzó a lamerle toda la extensión de su sexo, para luego tomar el consolador y moverlo rápidamente en su interior dándole un placer inmenso.

Ambas se abrazaron y besaron y se acariciaron lascivamente por todo el cuerpo por lo que alcanzaron el orgasmo conjuntamente. Fue maravilloso para las dos, pero la cosa no quedó ahí, sino que apareciendo Adela con un enorme plátano para sorpresa de la doncella, se lo introdujo a la chica poco a poco en su sexo que, al estar ya muy húmedo facilitó la entrada de tan enorme manubrio vegetal.

Mientras las chicas continuaban con sus caricias, Abelardo que hasta ese momento se había dedicado a observar la escena, les pregunto con sonrisa maliciosa:

- ¿Es que no preferís un buena breva de carne dura y jugosa en vuestro interior, en vez de esa cosa?

Ninguna de las dos dijo nada, se limitaron a responderle con hechos. Carla se acercó al hombre, insinuantemente pidiéndole incitándole con su cuerpo a penetrarla. Abelardo respondió de inmediato a aquella provocación introduciéndole su vigoroso sexo, que hacia rato; por culpa del espectáculo vivido como espectador, estaba erecto, y entraba y salía de la vagina una y otra vez proporcionándole a Carla un intenso placer.

Totalmente fuera de sí, la doncella le gritó a Abelardo casi suplicándole con voz temblorosa:

- ¡¡Aaahh!! Sigue, sigue así. ¡Me estas matando con ese plátano tan duro!

Mientras tanto Adela se dedicaba a lamerle los testículos con verdadera maestría, a la vez que con sus hábiles manos acariciaba el clítoris de la chica excitándola aun más de lo que estaba.

Una vez que Abelardo derramó su orgasmo en el interior de Carla, se separó de ella pasando a cabalgar sobre la grupa de su mujer que ya estaba deseosa de ser cabalgada por su jinete y sentir en su interior el mamporro de su semental. Cosa que la doncella aprovechó, para situarse encima del hombre, colocándole su sexo de manera que él lo pudiera lamer con comodidad, consiguiendo así un triade erótico formidable y muy conjuntado.

Después de tan intensa sesión sexual los tres quedaron extenuados. Decidiendo darse una ducha fresca los tres juntos, enjabonándose mutuamente, con lo que recuperando las fuerzas perdidas con anterioridad y poder así seguir con tan placentera unión una vez recuperados.

Desde aquel día la cosa ha continuado casi a diario, convirtiéndose Carla mas que en su doncella, en su amante. Lo que satisface a la chica por completo, ya que al fin se ven cumplidos todos sus anhelos.

Ser Pïter

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