La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) En 120.000 palabras (4° Capítulo de 13)


                                   (Cap. 4°: “Spintria”, la isla de los placeres sádicos)

 

 

Eran las veinte y treinta cuando las participantes e invitados entraban al salón, en cuya periferia se ubicaban cómodos asientos donde charlaban animadamente algunos invitados. Al otro extremo del salón se concentraban las participantes al evento; además de las que llegaron junto a Paula en el yate, se encontraban, Dae una atlética coreana y Elke una esbelta y fornida alemana, todas muy atrevidas, luciendo más epidermis y maquillaje que vestuario, esto último potenciaba la naturaleza  fetichista y provocadora de sus personalidades, como ajustados y reducidos vestuarios, mayormente confeccionados con metales y mucho cuero, destacando los colores bien definidos, principalmente el negro, rojo, y marrón, conduciéndose con desvergonzadas y sugestivas actitudes frente a los visitantes, capaces con sus miradas de seducir y matar, especialistas en esto último, en lo que se especializan y lo que mejor saben hacer, lo cual en estas reuniones, no disimulan para nada, y muy al contrario, es la ocasión propicia para lucir esta tendencia, siendo su principal carta de presentación.

Los invitados, en esta ocasión eran seis personas, cantidad que usualmente se reunían en cada una de estas sesiones, quienes miraban con prudencia  pero sin disimulo a las mujeres, eligiendo seguramente a sus favoritas, ellas se saben muy bien observadas, y su presencia en estos juegos constituye la principal atracción; bellas fieras, ansiosas por entrar en la arena, las que pueden ser apreciadas en insólitos y sangrientos enfrentamientos, estimulando a quienes se deleitan con estas exhibiciones, como asimismo de sus exclusivos servicios, los que pueden adquirir después de las primeras motivaciones que provocaran en la arena de combate.

Los más inaccesibles y torcidos placeres imaginables, todas las fantasías prohibidas para el común de las personas, en esta isla y en otros escenarios similares, son posibles para este peculiar y limitado grupo de ricos y poderosos hombres y mujeres, que detentan el poder, los recursos y las licencias, como para disfrutar sin problema alguno, sus inusuales tendencias en estos paraísos de prohibidos placeres.  

Cuando eran pasadas las veinte y treinta horas, unas solicitas criadas servían cocteles a los  invitados que esperaban la llegada de Karl y Kim. Habían pasado cinco minutos desde que habían ingresado al recinto, tiempo suficiente como para que examinaran a las muchachas participantes y estas a su vez para mostrar lo que podían ofrecer por el momento, luego de lo cual, se produjo la entrada de los anfitriones.

El primero en ingresar fue el turco Osman, de quien Ebba le había hablado a Paula, junto a él Dupont que anunció la llegada de los anfitriones Karl Hermann y Kim, quienes lo seguían  más atrás, caminando hasta llegar al centro del salón.

El salón en cuestión básicamente estaba formado por un muro curvado de unos tres metros de altura y unos ocho metros de diámetro, al medio de este, un anillo menor inscrito con una circunferencia de cinco metros aproximadamente, limitando toda su periferia un  pasamanos de brillantes caños de bronce, del mismo material un pequeño y levadizo antepecho que de ser necesario se levantaba para permitir el acceso, como en este caso, por donde entraron los anfitriones, el suelo era de arena cuarzosa de un tenue tono azulado. Anexo a esta aula se hallaban otros espacios que complementaban la funcionalidad del particular recinto. Evidentemente aquí era donde se hacían los encuentros, por lo que los asistentes a estos, lo denominaban con cierto sentido de la importancia y el interés que representaba esta estructura dentro del conjunto, como: “El anillo de oro”.

Kim era la mujer que más llamaba la atención, inclusive por sobre las participantes, y las invitadas, una belleza excepcional, con el poder de estimular los más ocultos y reprimidos instintos de cualquier varón o mujer. Por sus genes asiáticos; Ojos rasgados, de contextura atlética, de cabello lacio y brillante, y por su herencia germana; alta, espigada, de ojos grises, cabello rubio y largo. Vestida con una ajustada y escotada tenida metalizada de lycra azul, andando con altivez, como una soberana entre sus súbditos, una hermosa hembra, misteriosa, y deseable.

Para Paula era difícil comprender la relación entre el alemán y Kim, aun con su formación más que liberal, le costaba asimilar lo de amante de Karl e hija del mismo con una mujer

coreana  llamada Sumin, quien fue su amante y también compañera con la que compartía estos prohibidos juegos hasta hace unos quince años, cuando Kim la reemplazó, todo esto según le había confidenciado brevemente Ebba. Siendo este el tipo de relatos que gustaba de narrar comúnmente la escandinava.

Karl los saludó y les dio la bienvenida desde el centro del circulo, tanto a los invitados, como a las muchachas participantes, estas últimas se acercaron a los primeros, a medida que estos las solicitaban con leves señales, Ebba se acercó a Osman, Killar y Elke socializaban con un par de hombres, los que eran aparentemente antiguos conocidos, entre tanto Dae lo hacía también con una pareja formada por un individuo cano, y una mujer más joven, Paula fue abordada por otra invitada, pero esta se hiso la desentendida y sonriendo cortésmente la  esquivó, prefiriendo estar a un costado para investigar y estudiar a los concurrentes, y muy especialmente a la hermosa y misteriosa germana asiática, como asimismo familiarizarse con todo este entorno.

Sadie la bella sordomuda americana, se acercó a los anfitriones, que con señales de manos, y gesticulaciones propias de su limitación física, se esforzaba en comunicarse, especialmente con Kim, con quien parecía tener una especial afinidad, esta con sutiles e indiferentes movimientos de cabeza, y sin mirarla, acentuaba altivamente, señalando en  forma displicente, que le entendía, sin ponerle mayor atención, probablemente todo este esfuerzo que hacía la americana era para pedirle que intermediara por ella, al momento de programar las duplas de contendientes, que amenizarán las veladas, ya que estas eran las solicitudes que se le hacían frecuentemente, tanto las chicas lidiadoras, como los asistentes, cuando se les daba la oportunidad de convenir con ellos.

Transcurridos algunos minutos Dupont se dirigió a los presentes:

-Nos complace anunciar nuestro programa de enfrentamientos “Deportivos”, exclusivamente entre mujeres, serán cinco las veladas, arrancando desde hoy día lunes hasta el viernes, donde nuestras gladiadoras darán lo mejor de cada una en su esfuerzo por llegar a ser la número uno del ranking.

Mientras Sadie insistía en llamar la atención de Kim, Ebba por su lado tenía mejores resultados, compartiendo sin problemas con Karl, solicitándole con toda seguridad, que tomara en cuenta los desafíos hechos por ella y su nueva amiga Paula, ya que a una señal de este, Pierre hiso un alto en su alocución, para acercarse al teutón, quien le dijo algo al oído, y le pasó una breve nota escrita con anterioridad, para luego seguir con la presentación:

-Las participantes son ocho, dos combates por jornada, los primeros en programarse serán los desafíos  por medio del “Castigo”, el primer encuentro, a las veintidós horas de esta noche, será por parte de Ebba “La pantera rubia”, clasificada tercera en nuestro ranking, que desafía por medio del “Castigo”  a Seba “La pantera Negra”, ubicada en el segundo lugar. 

En ese momento, la nórdica buscó con la mirada a Paula, haciéndole un breve guiño, indicándole sin lugar dudas, que había conseguido incluir sus desafíos en el programa, según lo habían planeado.

       -Más tarde el segundo encuentro será entre Killar “La asesina”, cuarta en el ranking y Sadie “La muñeca americana” en quinto lugar, quien pretende escalar posiciones. Para mañana habrá una nueva participante; Paula quien desafiará a la madura Arpía roja, más conocida como “La Harpie Rouge”, asimismo por medio del castigo, combate que se anotará como el primero del martes, el segundo será entre Dae, “La guerrera coreana” rankeada en sexto lugar y Elke “La hiena nazi” ubicada en el séptimo lugar, los enfrentamientos para las sesiones venideras se  darán, según sean los resultados obtenidos en estas dos primeras noches de competencia.

Las miradas de la nórdica y la muchacha latina se volvieron a cruzar, la morena estuvo en esta oportunidad más sonriente aun.           

Luego de escuchar toda la programación, cuando eran las veintiuna horas, con la facultad que le otorgaban las normas de la organización, Ebba expuso sus exigencias a la comisión, en desmedro de la castigada Seba: Esta deberá combatir desnuda, esto se hace al menos por dos motivos; primero para evitar que pueda ocultar algún tipo de arma entre sus atavíos, y por otro lado el efecto sicológico que les ocasiona, al exponerse desnuda ante su rival y la asistencia, lo que produce una ventaja más para la retadora, si a esto le sumamos privar de la defensa que aportan cierto tipo de indumentarias, la castigada está en evidente desventaja con respecto a la retadora, las que generalmente van protegidas con vestimentas de cuero y metal, sirviéndole naturalmente estos elementos para causar daño, como para evitar con estos, que las coja su adversaria, siendo muy efectivas también para impedir y atenuar los golpes, y por supuesto para intimidar a su rival. Otra de las exigencias es la de cortar y limar  romas las uñas de pies y manos a la “castigada”, lo que también se hiso en este caso. Además exigió que se le tapara la boca con una mordaza de cuero, similar a la usada en el film “The silence of the lambs” por el personaje Hannibal Lecter, a fin de evitar mordeduras, acciones muy recurrentes en este tipo de encuentros, sobre todo cuando la castigada está en desventaja total y tiene que usar los pocos recursos con los que puede disponer para   poder defenderse.

Eran pasada las nueve y cuarenta y cinco de la noche, cuando Ebba pasó por detrás del salón, para entrar en unos  camarines donde se hallaban los atuendos de lucha personalizados para cada una de las chicas,  según sus exigencias, gustos y las estimulantes reacciones que quisieran producir en los fanáticos del fetiche, y como es de suponer, diseñados para infligir el mayor daño posible a su antagonista.

Minutos antes de las veintidós horas, Karl y Kim dieron instrucciones a Pierre, quien se dirigió a las guardias que estaban ubicadas tras las puertas de acceso, quienes abrieron ambas hojas, apareciendo en el umbral de la entrada  Seba, desnuda y amordazada, flanqueada por las dos mujeres confiadas a su custodia, las que pasaron directamente al “Anillo de oro” en el centro del salón. Seis visitantes, además de Karl y su comitiva recibieron con un abucheo a la africana, quedando escoltada y a la espera de Ebba, la que fue proclamada con una fanfarria de clarines y trompetas al estilo de los filmes de gladiadores, ritmos marciales que fueron preparados previamente desde un equipo de sonido muy bien sincronizado. Una vez que se acalló el sonido de los clarines, Pierre se dirigió a los entusiastas presentes:

-Señoras y señores para mí es un verdadero privilegio, presentarles a una de nuestras más caras combatientes, ubicada por ahora en el tercer lugar, pero no me cabe la menor duda que esta noche se subirá al podio, para ubicarse en el segundo puesto de nuestra clasificación, me refiero a la que ustedes han hecho su favorita: ¡Ebba! “La pantera Rubia”, vaticinio con que aduló sin disimulo alguno a Ebba, en desmedro de la africana Seba. 

Al terminar la presentación el público irrumpió con gritos y aplausos de beneplácito, a la vez que en la otra esquina del salón, surgía mostrando su estatuaria figura, la soberbia y bella escandinava, maquillada como una maligna deidad del mal, vistiendo una indumentaria de gladiadora en cuero negro, con agudos metales adheridos, todo el conjunto muy corto y ceñido, lo que le permitía lucir su hermoso y fornido físico. Además de una espada corta y un escudo del tipo traciano, su cabello dorado sujeto por un casco con penacho rojo.

-Los espectadores serán, testigos de un inusual combate, “promovía Pierre el duelo” Ebba la magnánima retadora en un generoso y noble gesto deportivo, le dará la oportunidad de poderse reivindicar a la infractora Seba por la tropelía cometida durante el viaje hacia este fuerte, siendo interrumpido por las risas de parte de la audiencia, dada la sarcástica afirmación. Una vez que se hubieron acallados, Pierre continuó:

      -Ebba dará a su rival ventaja los primeros cinco minutos, durante los cuales no podrá atacarla, ni devolverle los golpes, eso sí, Seba deberá confrontarla desarmada, contando tan solo con su destreza y  habilidad, en donde nuestra combatiente solo se defenderá, si Seba logra tan solo derribarla, podrá demandar que se le asignen las mismas armas con las que cuenta Ebba, o sea escudo y espada traciana, para seguir así la contienda,… ¿No les parece justo?, preguntó  Pierre a los presentes, los que entre risas y burlas gritaban:

            -¡Si, si, si!, avalando la improcedente moción, a sabiendas que se trataba de un ardid, para hacer desde el inicio una mofa de su antagonista por parte de la retadora, la que terminó de lucirse entre los asistentes, caminando provocativamente hasta la arena, cimbrando sus caderas, dejando atrás a la concurrencia, mientras apuraba el paso, para tomar impulso y saltar ágilmente sobre la baranda de bronce, cayendo dentro del “Anillo de oro”, destacando de esta forma sus habilidades atléticas, arrancando silbidos y aplausos de admiración.

            En los momentos siguientes la expectación creció, haciéndose un breve silencio cuando Dupont extendió su brazo alzando su mano con la palma hacia arriba en dirección a Karl, concediéndole el honor de iniciar el duelo, este se irguió con un brazo en alto y un pañuelo blanco en la mano, a la vez que se apagaban las luces y se iluminaba el anillo, observó de lado a lado a los que se encontraban en el salón para anunciar:

-Corren los cinco minutos de ventaja para la castigada Seba, dijo con su inconfundible acento el alemán, acompañando toda esta ceremonia con los característicos sones marciales de clarines que anunciaban el comienzo del encuentro.  

-Desde ahora ¡Ya!, y soltando el pañuelo Hermann, dio inicio al esperado enfrentamiento.

Seba sin perder un solo instante de su tiempo se abalanzó sobre la sueca, pero esta vigilante a mismo jueguito que había ideado, previó las acciones que tomaría su morena rival y diestramente saltó a un lado, estando tentada de golpearla cuando pasó de largo, pero se contuvo, respetando las reglas que ella había puesto y que ya recuperaría los cinco minutos regalados a esta sucia perra “pensó para sus adentros”, la rutina se repitió en varias ocasiones y cuando habían pasado un par de minutos, la escandinava tomó la decisión de dejarse atrapar, jugada por lo demás ya programada. La estrategia era la siguiente: Se trataba en extender una mano abierta frente a la cara de Seba, obstruyéndole la visual, con el consecuente rechazo natural de esta, quien a manotazos, trató de apartársela, con el ulterior daño producido al impactar sus desprotegidas manos en los punzantes blindajes de los brazaletes y el escudo, que aun sin usarlo para agredir cumplía las  mismas funciones, ya que la sueca también arremetía con este al contener los golpes enviados por la africana, ya sea abajo o arriba, teniendo especial cuidado de no utilizar la espada, la que previo al inicio, enfundó en una vaina atada a su cintura.

Hasta ahora la táctica usada por la morena somalí no le estaba resultando, aun cuando Ebba no  la embestía, al menos directamente, y el tiempo de gracia se le estaba terminando, no pudiendo tomar ventaja de este fingido beneficio, por lo que tenía que aprovechar los pocos momentos que le quedaban para remontar en la contienda.

Sangrando de brazos y piernas Seba presentaba una imagen funesta, y la pérdida de sangre pronto la debilitaría, por lo que debía jugárselas del todo, sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre Ebba, quien consiente de la desesperación de la morena, se dejó tomar del cuello por uno de los heridos brazos de esta, y asegurando el enganche, formó un anillo con ambos brazos alrededor del cuello de Ebba el que estaba bien protegido por un collar de cuero blindado con  filudos metales que se incrustaron en la piel de la incauta africana, y cuando intentó aplicar una palanca, la ladina rubia que estaba atenta a esta táctica, en el preciso instante giró con violencia hacia uno y otro lado su cuello produciendo que las metálicas púas rasgaran profundamente la piel de la infeliz morena en su última y fallida tentativa por superar a la aventajada y malintencionada rubia.

Seba trató de soltar el agarre que Ebba prolongaba sujetando los brazos de esta en su

cuello mientras pudo, virándolo con energía, para infligirle mayor daño, entretanto

presionaba el canto del escudo cruelmente entre las piernas de la morena.

En los instantes finales de este apronte, Ebba se regocijaba burlándose de Seba,

convirtiendo esta presentación en una bufonada, haciendo que todos los presentes  

se unieran también a esta burla en los momentos que las trompetas activadas desde un

equipo de sonido, anunciaban el término de la  fase de gracia.

      La imagen que exhibía Ebba era capaz de amedrentar al más osado de los presentes

esa noche, su cuerpo relucía a la luz de los focos, luciendo más grandes sus músculos que

brillaban como estatua de bronce vuelta a la vida por un extraño sortilegio. Una diabólica

diosa extraída de alguna oscura y ancestral leyenda, con su radiante y largo cabello dorado que sombreaba su rostro en los que se apreciaban azules ojos de pérfida mirada, que vaticinaban siniestras intenciones, ensangrentada, pero con la sangre de su émula que caía desde las agudas puntas del collar que protegían su cuello hasta sus redondos y pétreos pechos luego de haber rasgado la carne de los brazos de la afligida morena cuando ésta trataba ineficazmente de agarrarla por el cuello en un vano  esfuerzo, siendo martirizada a causa del mismo empeño.              

El público se animó más, cuando Ebba desenvainó su espada, sabían de la inventiva y crueldad de ella, si esto es parte de lo que vendrá, no podían estar más anhelante por el desarrollo del resto del combate, si se le puede llamar así, aunque en la germanía usada en esta comunidad, es común quitarle dramatismo y sensibilidad a algunos conceptos, como solamente llamar Combate a lo que debieran decirle Masacre, pero bueno, esta es la forma que usan en este medio para interpretar las acepciones y significados de las palabras,  restándole gravedad a estas censurables exhibiciones, y justificar así sus desviaciones.  

El momento llegó cuando se le pidió a Hermann la condonación del castigo, lo que se estilaba en estos casos, como si se apelara a la caprichosa clemencia de un emperador romano en un gran coliseo.

Todos estos rituales eran parte de las reglas, las que podían variar la decisión tomada previamente por una de las muchachas, en este caso la de Ebba “La pantera rubia” que intrínsecamente indicó esta sentencia, con el solo acto de desenvainar su espada, optando por continuar con el enfrentamiento a pesar del evidente final que tendrá según las expectativas dadas, pero aun de todas formas, se tiene que cumplir con el ritual, ya que un arranque de piedad por parte del veleidoso Hermann, podría modificar la determinación previa tomada por la sueca (situación muy improbable).

El distante Karl se llevó la mano al mentón como evaluando la situación, para luego observar a Kim como pidiéndole su consejo, la rubia asiática fijó la mirada en Ebba por algunos segundos y luego le sonrió en forma confabuladora, girando la cabeza hacia el alemán, para moverla de manera negativa y lentamente, sin dejar de sonreír, entrecerrando sus ojos, como procurando que a través de ellos no se escapara la perversidad de su determinación, Hermann la aceptó naturalmente como una negación de clemencia, la cual admitió públicamente con un ademán que satisfacía los anhelos de todos los presentes, celebrando la determinación con comentarios y aplausos.

Toda esta innecesaria y burda aprobación no duró más de un minuto, momentos en que Ebba se paseó alrededor del anillo, y una vez que se terminaron las ovaciones, se trasladó hasta donde se encontraba la somalí, situándose frente a ella, para levantar después su espada, y apuntarla hacia el cuello de esta, quien retrocedió nerviosa y torpemente, perdiendo el equilibrio y  yéndose de espaldas,  aprovechando esta situación la escandinava, para ponerle un pie sobre el cuello, en clara actitud de victoria, lo que fomentó aun más el ánimo y los gritos de la audiencia, quienes aplaudieron esta característica postura de  provocador sometimiento.

Ebba jugueteaba palmoteando la hoja de la espada en la palma de su mano, esperando que los presentes hicieran silencio, una vez que se  hubieron callados, se dirigió a ellos exclamando con su singular acento:

      -Todos ustedes serán testigos de cómo esta fea y sucia negra tendrá el privilegio de

ser escogida, para hacerle una “cirugía estética”, mediante un antiguo método conocido

como “La tortura china de los mil y un cortes”, la mordaz y breve declaración hiso que

las risas de los adeptos a este humor negro se manifestara, lo cual agradó a la nórdica.

Ahora sabiendo que tenía en sus manos al público, de aquí en adelante entonces podría

hacer lo que se le viniera en ganas.

      -Levántate le ordenó a la somalí sacando el pie con el que le presionaba la garganta, o

quieres entregarte sin poner resistencia, le decía esto Ebba mientras la apuraba dándole

duros puntapiés, los que la mujer trataba de evitar rodando sobre sí misma, para alegarse

de su martirizadora, hasta que logro separarse lo suficiente como para erguirse.

      -Al menos espera que esté de pie para poder enfrentarte, perra abusiva la increpó la

africana con cierta dificultad dada la mordaza de cuero que le cubría la boca.

      -Así me gusta, que afrontes con valentía tu final y no como una cobarde sin dignidad, 

en el piso como una rata, la sermoneaba Ebba mientras le ponía nuevamente la aguda

punta de su espada en el cuello, pero esta vez presionándolo para hundirlo un poco hasta

       hacerla sangrar, Seba se quejó un poco, para después imprecar nuevamente a la rubia torturadora diciéndole:

       -Muy valiente con la espada, en iguales condiciones te vuelvo a vencer cobarde zorra.

       -Es una pena que no te pueda complacer, ya que sería difícil proseguir con el método chino que anuncié sin la ayuda del filo de mi espada, le objetó la sueca, mientras bajaba la punta del arma con rapidez, desde el cuello hasta el ombligo de Seba, esta sintió como la punta del arma abría su piel, más no sabía en ese instante que profundo era el corte y cuan herida estaba, horrorizada miró hacia abajo, entre sus pechos y presintiendo lo peor, retuvo un ahogado grito al ver una delgada línea roja, de la que poco a poco fluía un hilillo de sangre.     

        -Es solo un rasguño negra cobarde, la reprendió Ebba, un poco de sangre, un poco de dolor, un pequeño tajo por ahora, pero mil cortes más como este serán muy efectivos para lograr mi objetivo, creo que empiezas a  comprender aquello de “La tortura china de los mil y un cortes”.

No viendo por donde huir, la africana estando  en abierto hándicap, simuló un desmayo cayendo de rodillas, solo para tomar un puñado de arena y arrojárselo en la cara a su torturadora, teniendo éxito esta vez.

Ebba quedó por un momento cegada por la arena que entró en sus ojos, tiempo suficiente para que Seba saltara como una gata sobre ella, asiéndola del brazo con el que sostenía el arma, la ansiedad de la morena somalí le jugaba a su favor, jugándose en ese  movimiento el todo por el todo, debiendo enfrentar a la rubia con lo poco que tenía, por lo que el combate fue parejo por algunos instantes dada la desventaja que tenía Ebba por la arena en sus ojos, por lo que ambas mujeres se trabaron en una escaramuza con un final incierto por el momento, pero solo una combatiendo por su vida, y la otra tan solo por su orgullo y arrogancia.

Estaba claro que de aquí en adelante Ebba luego de este impasse, no le daría más licencia  a la africana, cuya mente estaba puesta en poder luxarle el brazo y muñeca para quitarle el arma, por de pronto tendré que asegurar mi espada “pensó Ebba”, soltando el escudo para disponer de un brazo libre para el ataque además de sus dos fuertes piernas, mientras la morena se esfuerce en arrebatarle el arma no podrá atacarla ni hacerle daño, entonces la llevó hasta el borde del anillo y  pasó su brazo libre por detrás del pasamanos cogiéndola por la melena y tirándole la cabeza hacia atrás, apoyó la cerviz de esta sobre la dorada estructura en el mismo momento que con un brinco se alzó atrapando entre sus  muslos y la baranda el enjuto cuello de la morena, formando con ellas la figura de un cuatro, manteniéndose así colgada del horizontal caño.

La figura del cuatro o bien “Figure four”, típico lance de una lucha catfight, en donde la hembra victoriosa inmoviliza a la vencida, teniéndola totalmente a su merced entre sus piernas, con las que forma la figura de un cuatro, discurriendo en la mente de la concurrencia y de las luchadoras un desenlace final por medio esta lúbrica estrangulación, lo que no deja  para nada indiferente la retorcida imaginación de estos, dado el nivel que estaban tomando las acciones, solicitando una ejecución por esa vía, lo que la escandinava con su malicioso proceder daba ciertas señales de aceptar esta expectante posibilidad.     

Una vez que Ebba hubo liberado su brazo aprisionado por la africana, esta continuó colgando del pasamano, después se dejó caer de espaldas en la arena, con sus brazos abiertos, manteniendo la espada en una de sus manos, para voltear la cabeza y mirar al público en una plácida actitud de abandono.

Ahora la nórdica empezaba a sentir la carnal fruición en su cuerpo, mientras se aceleraba su respiración, hinchando sus pechos cada vez que inhalaba aire al comprimir el cuello de Ebba entre sus piernas, suspirando placenteramente, y meneando su esbelta figura a la vez que colgaba apoyando su nuca y espalda en el suelo, mientras jugaba como una chiquilla dibujando curvas con una de sus manos en la arena y girando la cabeza, observó al público con una fingida mirada infantil, como preguntándose, “¿Por qué  este gente me mira con tanta atención?”. Tierna personificación que la escandinava comúnmente hacía en sus presentaciones, para luego iniciar un radical cambio de actitud, convirtiéndose en una despiadada asesina.  

Sabiendo Ebba que esta representación de la ingenua e inocente cría  que no sabe muy bien lo que está estimulando, enardecía al público, potenciaba aun más esta actuación, introduciéndose los dedos en su boca, como lo hubiera hecho una bebita, haciendo que la baba le brotara, resbalando por sus mejillas y humedeciendo la arena.

Los expectantes asistentes, urgían a la demoniaca sueca a que iniciara el desenlace que  les había sugerido de manera tan provocadoramente infantil.

   Actuando en consecuencia, “La pantera rubia”  comenzó a aplicar un estrangulamiento al cuello de la africana, satisfaciendo las peticiones de los asistentes, al que ha sabido entusiasmar, brindándoles estas dos excitantes contradicciones;  primero la exhibición que hace de una candorosa bebita, con la que lucubraran sus abyectas fantasías, y luego en la transformación de esta, en una bestia que aplastará  a su víctima, de la misma forma en que la boa sostiene y oprime a su presa mientras esta inhala y exhala. Un contraste, entre el acto de la tierna nenita y el ominoso final ejecutado por una fiera que  encenderá la libido de quienes la observarán extasiados.

Seba con los ojos totalmente desorbitados trataba inútilmente de librarse del brutal agarre de su ejecutora, más los intentos le resultaban vanos, ya que estaba impedida de defenderse, y aun cuando hubiera podido hacerlo, como se dice, “con dientes y uñas”, le hubiera sido imposible, pues habían cubierto su boca, además de sus uñas romas y cortas impedían esta posibilidad, como lo había exigido previo al encuentro la ladina Ebba.

Por espacio de un par de minutos Ebba sometió a la somalí a esta asfixiante rutina, la que  los presentes seguían en silencio con expectante atención, hasta el momento en que la morena comenzó con movimientos espasmódicos involuntarios, fue cuando la desalmada Ebba levantó su espalda de la arena para levantarse y  agarrarla del pelo, para observarla como temblaba en indolente y pasiva actitud.

-¡Comprime, comprime! La azuzaba el público.

La faz de oscura piel de la somalí había cambiado a un tono azul grisáceo, sus ojos casi se le salían de las cuencas y empezaba a desfallecer, entonces la rubia presintió que la  resistencia de la africana llegaba a su fin, acabándose la diversión, por lo cual cesó de presionar, soltándola solo un poco para permitirle respirar, entonces estiró su brazo para tomar la espada que había depositado en la arena, y en la misma posición que se hallaba colgando de espaldas, empezó a juguetear, delineando círculos en la arena, pero ahora con la punta del arma en lúdica y pausada actitud, meditando seguramente cual sería la mejor manera de finalizar su depravada faena.

Mientras el reducido público estaba dividido según las opciones dables para quienes conocían a la escandinava; por un lado algunos se inclinaban por la constricción, mientras otros optaban a gritos por “La tortura china de los mil y un cortes”. Ebba que mantenía atrapado entre sus piernas el cuello de la infeliz aparentemente reflexionando cual sería finalmente su decisión, y muy cierta de lo que estaba alentando, miró con aparente desganada atención la espada, acercándola a sus labios, para pasar incitadoramente su húmeda lengua por la hoja,  en varias ocasiones, con las correspondientes exclamaciones de aprobación.

Luego de algunos momentos, manteniéndose suspendida y aprisionando a la africana, Ebba terminó de exhibir  sus habilidades con la espada, pasando ahora el filo de esta por la cara de Seba, arrancándole de un hábil corte la mordaza de cuero, por supuesto sin evitar que la hoja cortara los labios y parte del mentón de la somalí, a la vez que subía el tono de su voz de tal forma que se escuchara en todo el recinto, diciéndole:

-Me has hecho malgastar valiosos minutos de mi labor quirúrgica, dime si prefieres seguir con la cirugía o bien morir sintiendo mis suaves piernas aplastando tu cuello.

El público que estaba a escasos metros de ellas, emitía enardecido sus preferencias:

                  -¿Los escuchas bien?, qué opinas tú Seba, inquirió Ebba, me parece que la asistencia está muy entusiasmada manifestándose, y girando la mirada hacia ellos, sin soltar a la muchacha, se despojó de la  parte superior de su atuendo, mostrando sus senos, lo que era otra clara señal indicadora de querer continuar, lo que incentivó aun más al encendido auditorio, que no cesaba de gritar.

Al igual que la rutina anterior, Ebba inició su pérfida labor de torturadora agarrando del pelo a la agobiada mujer, con el mismo desanimado y simulado talante, echándose de espaldas a medias, sobre la arena, iniciando nuevamente el trabajo de constricción en el cuello de la somalí, al comienzo con poca energía, estimulando deliberadamente el enardecido entusiasmo del ávido auditorio. Regalándoles un poco de la deseada y libertina exhibición cada vez que añadía más compresión sobre el cuello de la africana, lo que la perversa escandinava acompañaba con lascivos gemidos, que empezaban a aumentar en intensidad, al mismo tiempo que se le aceleraba la respiración y brillaba su piel por el sudor, el que no era solo causado por el calor de los focos que iluminaban el anillo, sino que además, por el carnal goce que le causaba aplastar a la infeliz morena, mientras la sangre caía desde el cuello y la boca de esta, hasta las piernas, abdomen y pechos de la inhumana Ebba.

La escena fue observada en silencio durante varios minutos, solo interrumpida por el sofocado  resoplar de la víctima y por la epicúrea respiración de la torturadora.

Como era habitual, durante el tiempo en que transcurrían estos espectáculos, estas mujeres se encargaban de dilatarlos, para poder ofrecer más y mayores momentos de embeleso al exigente público, y Ebba, no era la excepción.      

La devastada africana comenzó a desvanecerse, sus convulsiones fueron disminuyendo, lentamente, haciéndose más débiles y silentes, al mismo tiempo que la fogosidad de la rubia en su máximo y desenfrenado frenesí aumentaba con rápidos movimientos pélvicos, golpeando y aplastando la cabeza de Seba contra el dorado caño, en un brutal y prolongado clímax, en el que se provocó sucesivos y descarados orgasmos, animando por supuesto a todos los presentes con el pervertido acto.      

  Había transcurrido, más de media hora en que las mujeres habían ingresado al anillo por segunda vez, a estas altura de la brega, Seba ya había sucumbido, y Ebba aun la mantenía atrapada por el cuello contra la bronceada baranda, y cuando hubo saciado totalmente su insano apetito, y transcurridos los momentos de mayor ímpetu, entonces recién libero de entre sus piernas el inerte cuerpo, cayendo este a la arena, apartándolo luego violentamente con las plantas de sus pies, para acostarse de espaldas a un costado con ambos brazos extendidos y con una de sus piernas recogida. En esta posición; giró su cabeza, mirando al auditorio con la boca entreabierta, lamiándose satisfactoriamente sus carnosos labios, evidenciando su placer  por la labor hecha, recibiendo la aprobación del auditorio con bulliciosos hurras y aplausos.       

Segura de haber satisfecho las expectativas de los inclementes asistentes hasta ahora. Ebba sabiéndose ardientemente deseada por todos aquellos que buscan a estas inusuales mujeres  capaces de satisfacer sus insólitas demandas, debía exhibir además de esta estimulación, los encantos de su anatomía, debiendo complementar ambos a la vista del ansioso público, por lo que se mantuvo recostada sobre la arena por algunos momentos, durante los cuales culebreó y onduló su cuerpo, como lo haría una víbora quemándose al fuego, y con este final, encender hasta el espectador más circunspecto que pudiera estar presente en el salón.

Ebba conoce y comparte estos inusuales y prohibidos placeres por lo retorcido, también tiene bastante claro el poder que  tiene en este medio, ya que en sí, ella es uno de los más fuertes e irresistibles afrodisiacos que se pueden conseguir en estos clandestinos sitios de corruptas diversiones, por lo que  deberá cumplir a continuación con la ceremonia de rigor impuesta, como es exhibirse entre los invitados, tenga o no la intención de acordar algún encuentro para más adelante.

Una vez que terminó de entusiasmar al público con su muestra de “histriónico” erotismo, se levantó lentamente, saliendo del anillo para ir hasta los presentes que ansiosamente la solicitan para que se les acerque. Es ahora cuando la descarada hembra, se debe arrimar hasta ellos, para que valoren sus encantos y oferten por ellos, o bien que ella misma les indique sus condiciones, por lo que se exhibirá, entregándose a las miradas de adoración y deseo, aun cuando en esta ocasión solo cumplirá con esta rutina, sus favores ya están reservados para Kim y su inmediato entorno.

Ebba se dirigió hasta donde estaban los anfitriones, pasando primero en medio de los demás presentes, teniendo que sortear a una atractiva y madura fémina, quien se le acercó para proponerle pasar una velada intima para tres, lo que tuvo que programar para otra oportunidad, posiblemente para la noche siguiente, esforzándose en ser gentil, ya que estas no son cualidades de esta calaña de mujeres, dándole explicaciones y esperando que mantenga encendido el interés por ella. Más adelante un par de varones que estaban en la pasada hacia los anfitriones, le hicieron ofertas similares, con los que de igual manera se disculpó debidamente.

Ebba sabe bien que para esta noche no podrá aceptar ninguna propuesta, ya que su obligación es con quien sabemos tiene la prioridad de su atención, y a quien se debe por sobre todos los demás, o sea a Karl y compañía, para participar en los “Roller play” o los llamados  “Juegos de caracterización”, los que realizara junto a Kim.       

Al llegar la sueca hasta  Karl y su grupo, la recibieron con aplausos, el alemán fue quien primero se le aproximó con decisión, abrasándola y acariciándole la espalda y el trasero con más lascivia que afecto, luego llegó el turno de la oriental Kim, quien estando detrás de ella, la tomó de las caderas apretándose contra su cuerpo y acercando su mejilla a la de ella, le susurró con su teutónica acentuación, en voz baja y  sensual:

-Sabes que me encendiste a punto de humedecerme perra, recuérdamelo esta noche en “Gladiadoras & esclavas”.

Mientras decía esto, sus fornidas  y suaves manos subían desde sus caderas, pasando por la cintura de la rubia hasta sus desnudos pechos, acariciándolos y jugueteando con sus pezones entre sus largos y fibrosos dedos, actitud que no inquietaba, ni molestaba a su no menos lujurioso padre y amante, puesto que se trataba tan solo de lascivas manifestaciones, las que ambos compartían, y que no comprometían en nada la relación y estabilidad entre ellos, al contrario, la hacía más férrea.

Los que esperaban su turno para felicitar a la nórdica por su “gran” espectáculo, se armaron de un poco de paciencia, quedando a prudente distancia de los anfitriones, hasta que reservadamente se fueron acercando según su gravitante influencia en el medio. Así lo notó Paula que se había mantenido con cautela observando estas conductas.

La chica latina puso especial atención a la participación de Ebba, y de la manera en que ejecuto a Seba, no es que ella tuviera algún problema en realizar uno de estos actos, sí no más bien para ver  cuáles eran las rutinas en que Ebba entusiasmaba  más a la concurrencia, para después emularla o mejor superarla. Por otro lado Paula no dejaba de pasmarse pensando que era la misma mujer con la que se había estado relacionando estos últimos días, de no haber sido así, no la hubiera reconocido en este escenario,

Aun cuando los resultados de estos encuentros eran los esperados, lo que más le llamaba la atención a la chica latina era la actitud festiva con que se mostraba el público, compartiendo sin reservas los mismos intereses que las desalmadas mujeres.

Paula cavilaba por momentos, que dado su entusiasmo, podría haber considerado muy altas las expectativas que se había hecho de estos juegos, que en las licencias que se daban, deberían haber algunos límites no revelados, inclusive llegó a pensar que no había indagado bien la clase de eventos a la que asistía.

Pero esto era ya más que suficiente para sus intereses, siendo justamente las  fantasías más permisivas y corrompidas que había concebido, un paraíso privado para gozar las más irracionales perversiones, creadas por estos buscadores de nuevas emociones anómalas, que eran las mismas que ella había imaginado y que venía a mostrar a estos certámenes, junto con otras corrompidas mujeres.

Esa noche Paula terminó por entender, más allá de la idea que se había hecho de la situación, como estos centros de velados encuentros, que para los asistentes habituales era un esparcimiento frecuente, y no solo en algunas ocasiones como en las que Paula había participado en otros enfrentamientos programados, donde tenían sus límites, deteniendo el combate una vez que se anunciaba a la ganadora, mientras que la vencida se retiraba por sus propios medios, o en el peor de los casos con algo de ayuda, aunque maltrecha y golpeada, pero con vida, aun cuando ella ansiaba traspasar estos límites, los que en muy pocas ocasiones había conseguido, con los consiguientes problemas que originaba tener que justificarlos, que por lo general se basaban en la misma repetida excusa muy usual en cualquier caso de asesinato, en casi todos los ámbitos judiciales, a la que se le echa mano como: “Un lamentable accidente deportivo”, o bien tener que ocultar la evidencia, lo que era el medio más utilizado, pero también el que requería mayor cuidado y reserva. 

En contrapunto aquí se programan funestos combates en donde se busca justamente provocar estos accidentes, para atraer a los fanáticos asistentes que concurren a recrearse con estos espectáculos de dolor, castigo y muerte; dosificados con desvergonzado erotismo, aplicado por bellas y fornidas amazonas, seleccionadas especialmente para estos fines.

Ahora Paula  tendrá la ocasión de intervenir exhibiendo sus talentos, los que le serán valorados conforme al grado de entusiasmo que logre conseguir en estos escenarios. Para lo cual no tiene ningún cuestionamiento moral, imaginación no le falta, por otro lado, ahora sabe muy bien que será protegida, cualquiera sea el resultado  que suscite su presentación, ya que   su impunidad ahora está garantizada.

Paula mientras observaba a Ebba rodeada por sus admiradores, meditaba como estos eventos que en todas las sociedades gobernadas por leyes, no serían tolerados en lo más mínimo y castigados con duras sanciones por decir lo menos, aquí paradójicamente son animadas y respaldadas para que intervengan sin ningún tipo de reglas ni limitaciones, para más tarde ser premiadas, y lo que es mejor aun “discurrió”, según su percepción, ellas son adoradas y deseadas lo mismo que si se tratara de verdaderas divas de la opera, o el teatro,  al término de una exitosa función.

Por supuesto que esta barbárica e inusual demostración previa que ofrecen, les sirve para estimular a los enardecidos asistentes, dándoles exactamente lo que ellos vienen buscar, una función que no podrán conseguir en otros lugares, en los cuales difícilmente podrían igualar a las soeces demandas que les exigen a estas pervertidas mujeres. Dada esta insana atracción que sienten  por sus abominables actos, estos espectadores no se irán, sin antes conseguir un encuentro íntimo con al menos una de ellas, a cambio de una considerable gratificación.

El siguiente en saludar a Ebba fue el muy compuesto y reservado Pierre Dupont, el que se le acercó diciéndole:

-Me parece que has recuperado  el lugar que te pertenecía en nuestro ranking, para

agregar algunas frases de cortesía y despedirse.

Prosiguiendo la sueca con una amena charla más tarde con el joven Osman; que era uno de sus más encendidos admiradores y  en oportunidades  cuando estaba con alguna disposición especial, se comportaba también como un generoso  cliente, quienes observando al anillo, advirtieron que iba a comenzar el segundo encuentro.

Habiéndose reestructurado y haciéndose público el ranking en donde Ebba rescataba el segundo  lugar, se aprontaron para presenciar los próximos enfrentamientos.

Eran pasadas las once de la noche, Pierre que oficiaba de maestro de ceremonias, luego de los marciales sones de clarines que ambientaba el espectáculo, se ubicó dentro del anillo y anunció el próximo combate:

-El siguiente enfrentamiento como ya había sido anunciado, será entre nuestra Sadie, la muñeca americana, cuarta en el ranking, que está ansiosa por subir su ubicación, enfrentando a quien a llegado desde Turquía: Killar “La asesina”, tercera en el ranking, la que tratara de impedir que le arrebate su posición la ambiciosa  y bella Sadie, quien promete cambiar esta noche las cosas, declarando con alguna que otra dificultad, que no tiene dudas que será la segura vencedora.

Estas últimas palabras del francés fueron muy bien recibidas por el público, especialmente por aquellos adeptos a la “muñeca americana”. Luego sin mayor verborrea, Pierre alzando un poco el tono de su voz vociferó:

-¡Chicas ingresen a la arena!

Ambas muchachas hicieron su aparición al mismo momento, acompañadas por las mujeres custodias asignadas, saliendo por detrás del salón, desde los camarines en donde previamente se habían preparado para el encuentro.

Sadie se presentó con una reducida y apretada indumentaria de dos piezas, con los característicos símbolos y colores de la enseña americana y como lo ordenaban las reglas, llevaba una máscara con las mismas características, que le cubría toda su cabeza, dejando al descubierto sus grandes ojos verdes y un rubio mechón cola de caballo (Pony tail) que le salía por la parte posterior de la prenda, además iba desnuda de pies y manos.

Por otra parte la espigada Killar se presentó con las dos piezas exigidas por la organización, las que eran de cuero color marrón, también llevaba una máscara del mismo material, que le ocultaba tan solo una parte de la cabeza, dejando al descubierto todo el rostro muy maquillado, para causar el mayor efecto intimidante, una verdadera diablesa de pesadilla, con la respectiva “Pony tail” o cola de caballo saliendo detrás de su antifaz, pero esta vez el cabello de brillante negro azabache, también lo hacía desnuda de pies y manos, según las reglas establecidas.

Las dos mujeres estaban frente a frente, los punzantes ojos de cada una clavados en la otra, como queriendo traspasarse, el compañerismo que en el corto crucero parecía que hubiera existido, era solo una manera de conveniente comportamiento, sin ninguna clase de afecto ni lealtad, solo egoístas intereses. Forjadas por similares y duras experiencias que cada una de estas singulares mujeres han tenido, por lo que son capaces de enfrentarse y destruirse una a la otra sin reparo alguno ni remordimientos; primeramente por el placer de hacerlo, luego por las pingues recompensas que recibirán por sus particulares participaciones, y finalmente por la única razón válida como competencia deportiva, la ubicación en el ranking.

Las dos hembras estaban preparadas, la turca para defender su posición y Sadie para mejorar la suya, además debían vencer a su émula sin sufrir mayores contusiones ni heridas, para así satisfacer los requerimientos de más de algún protector que ya las habría requerido para después de este combate, siempre y  cuando saliera victoriosa una sobre la otra.

La codiciosa americana sabía de su superioridad, había estado ganando posiciones desde que se inició en estas justas hace solo cuatro eventos a la fecha y no podía estar más ansiosa, teniendo que  responder por sus logros a sus protectores y a Kim, ya que de alguna forma estaba apadrinada por la asiática, por quien experimentaba una no disimulada atracción, que al parecer también era mutua.

El  momento esperado llegó cuando se escuchó a Pierre decir:

-Ahora ¡ya! muchachas inicien el encuentro. Sadie fue la primera que reaccionó,

abalanzándose con un gran salto, y con una de sus rodillas en alto, con la que golpeó a la

turca Killar en pleno rostro, que estando desprevenida no esperaba tan temprana y rápida

maniobra, dejándola en la  arena totalmente inconsciente apenas comenzaba la contienda.

Sadie sabiendo que tenía el pleito ganado y que de aquí en adelante, si hacía lo debido

no debía temer ya por los posibles embates de Killar, entonces se echó frente a ella,

presionándola a lo largo contra el suelo bajo el peso de todo su cuerpo, separándole y

atrapándole las piernas con sus pies a la altura de los tobillos, avivando con esto, el  interés

de los presentes por la manera en que la inmovilizó, lo cual bien sabía la chalada joven  que esta cogida era para ellos sexualmente estimulante.

Mientras Killar estaba aun en estado de inconsciencia, la muñeca americana, que estando

sobre ella, se tomó todo el tiempo necesario para que esta recuperara su lucidez, una

vez que esta empezó a despabilarse, estiró ambos brazos, y tomándola de las palmas de las

manos, alzó medio cuerpo de la cadera hacia arriba, haciendo de esta manera mayor presión

con su pelvis y piernas, y teniéndola a su antojo comenzó a arquearle sus dedos hacia atrás

lentamente, mirando la sufrida expresión del rostro de la turca, regocijándose con el dolor

que le producía en cada ocasión que crujían y le fracturaba despiadadamente una a una las

falanges de los dedos, con el beneplácito de la malsana y entusiasmada audiencia y el total

consentimiento de Hermann.

Sadie como todas las chicas participantes, sin excepción, complacía las demandas de los concurrentes dilatando los despiadados tormentos como se sabe, preocupándose de dosificar el tiempo, tanto en causar dolor, como en mantener consiente a la turca, rutina que se repitió cada vez que le fracturaba cada uno de sus dedos, por lo que la tortura se alargó por varios minutos.

Una vez terminada con su lacerante labor, la pérfida Sadie se levantó, recibiendo la aclamación de los concurrentes, mientras miraba como se revolcaba de dolor la torturada y abatida Killar sobre la arena, por lo cual los presentes debían suponer que los funestos pensamientos de Sadie iban en la dirección de cuál sería la forma en que continuaría con su presentación, inyectándole una mayor cuota de incertidumbre al momento, lo que estas hábiles maestras del suspenso dominan a la perfección.

Sadie se echó un poco hacia atrás, hasta el pasamanos, en donde se apoyó mientras se despojaba de la máscara y el brasier que arrojó con indolencia sobre el rostro de la turca, desenmarañando su rubio y largo cabello con las manos, bajándolas lentamente, rozando primeros sus juveniles y pétreos pechos, pasándolas luego por su duro vientre hasta su sexo, el que acarició delicadamente, mientras miraba con fría indiferencia a la sufrida mujer como se quejaba acuclillada en la arena.

Era evidente su disposición de seguir con el combate, o mejor dicho con la tortura, por la inequívoca señal dada al quitarse la caperuza y el top de sus pechos, ahora siempre y cuando así lo considerara el alemán a pesar del seguro final de la contienda.

Los espectadores miraban a la hermosa muchacha de tan bellas facciones, las que no reflejaban para  nada lo oscuro de su corazón, quien se recreaba observando el dolor que le provocaba a su  rival a la vez que sonreía muy satisfecha.

            Esta combinación de dulce jovencita, de cuerpo escultural y de perversos instintos, es un arrollador incentivo para aquellos que buscan nuevas emociones, una mezcla de inocencia y perversión, candidez y maldad, una criatura irresistible para los que desean deleitarse con esta jovencita de tan ambigua naturaleza.

Karl esperó que se acallaran las aclamaciones, para comunicar, que no tenía sentido alguno continuar con el combate entre dos contendoras superiores y que era suficiente el castigo recibido por Killar, la que por de pronto ya perdió su posición, quedando en el cuarto puesto, el tercer lugar es ahora para Sadie, anunció el alemán. La muñeca americana finalmente   se retiró del anillo muy molesta, evidentemente por no haber acabado con su presentación como hubiera querido.

La ganadora de esta última contienda se dirigió hasta el público, los anfitriones, y sus protectores. A los primeros que saludó fue a Karl y especialmente a Kim, quien sabiendo la atracción que la joven sordomuda sentía por ella; la acarició y estrecho obscenamente, en impropia forma de felicitar. Sosteniendo luego la misma rutina acostumbrada, aproximándose a la muchacha luego al resto de la asistencia, por orden de relevancia en el medio, haciéndose entender con mucha dificultad como lo hacía habitualmente, con algunos ademanes y sonidos que lograba expresar, como eran los que podría articular una salvaje sacada de un antiguo film ambientado en una jungla tropical, dándole un exótico y torcido atractivo animal, a los ya conocidos talentos de la corrupta jovencita.

Era poco más de las veintitrés y treinta horas, cuando Karl y Kim se retiraron, luego lo hiso Pierre, Osman, y la joven  Sadie para cumplir con sus compromisos ya convenidos, mientras tanto los que quedaban en el salón, se recreaban con espontáneos y arbitrarios duelos en los que Dae “La guerrera coreana” y Elke “La hiena nazi”, enfrentaban, o mejor dicho masacraban a unas “Ratas”, o rivales inferiores, que habían reemplazado a las contendientes oficiales, que por causas “ajenas a su voluntad” no se pudieron presentar, como era el caso de Rouge y Seba.

Las “Ratas” como sabemos están desprovistas de protección, tanto por parte de la sociedad, como en la lid misma, durante la cual solo cuentan con la remota posibilidad de vencer a su oponente, para no tener que someterse a la voluntad de esta, la que decidirá con toda seguridad finalizar el combate de la manera que favorezca los anhelos del respetable público, el que por lo general y en una decisión unánime, no admite derrotas, con los correspondientes desenlaces fatales para las desafortunadas, las que serán inmoladas finalmente en la arena.

Una media docena de personas se hallaban en el salón esperando los encuentros, Paula entre ellas, en las que  participaban las contendientes ya citadas. Poco antes del inicio de estos apareció Ebba que venía saliendo de los camarines, que luego de tomar una ducha, se vistió con la misma tenida de gladiadora, oculta bajo un sobretodo, dirigiéndose hasta Paula para decirle:

            -Mi putada ahora será en privado para Karl, le dijo la rubia a la vez que estrechaba el talle de la latina, compartiré roles con Kim, para esta noche no me esperes “Mi mamita”, acto seguido la besó apasionadamente en la boca.

En el anillo el turno le correspondía a la combatiente alemana mejor dicho la ejecutora alemana, estaba ataviada con un  ajustado traje de cuero negro de dos piezas; brasier que dejaba a la vista gran parte de sus  pechos, y una sucinta falda abierta en uno de sus lados para facilitarle movilidad muy necesaria en estas exhibiciones, sus piernas cubiertas con botas altas dotadas de tacos y puntas metálicas, completaba este atuendo un látigo enrollado sobre su hombro izquierdo adecuadamente, y una daga sujeta a la parte superior de su bota derecha. La “hiena” debería liquidar a una delgada mujer indoeuropea que estaba sentenciada por una rebuscada y dudosa falta, la cual era no haber actuado lo suficientemente complaciente con un invitado. En realidad el motivo de esta sentencia no tenía importancia, ya que lo que se quería era una víctima a quien podría ocupar la experta teutona para brindar una mórbida   exhibición.

            La morena indoeuropea recibía golpes de puños y puntapiés que Elke le propinaba  en cada ocasión que podía alcanzarla, mientras esta trataba de escabullirse, a la vez que se esforzaba inútilmente en atacarla cuando creía tenerla a su alcance, para evitar el despiadado castigo que la inhumana “hiena” le suministraba.     

En aquellos momentos Ebba y Paula se despreocuparon de lo que pasaba en el anillo, estando más interesadas en sus arrumacos, acariciándose y besándose a vista y presencia de los demás que ignoraban los impulsos amorosos de las dos muchachas, pues estaban más estimulados por lo que acontecía en la arena, lo cual resultaba mucho más tentador para sus abyectos propósitos.

Ya habiendo acabado el tiempo en que “La  hiena nazi” le concede ciertas licencias a las ratas, creándoles falsas expectativas de poder escapar airosamente de este aprieto, cuando ha conseguido acabar con gran parte de las energías de ellas, y cuando el efecto de las drogas que le suministraron empieza a disminuir despues de exánimes minutos, es cuando Elke queda en total control sobre la débil fémina, sometiéndola fácilmente en variadas e inspiradas maneras, las que sabe muy bien acompañar con desvergonzadas manifestaciones, todas las veces que pueda hacerlo con los puños, y una vez que estos ya resentidos por los continuos golpes a mano desnuda que ha propinado, entonces continúa castigándola, pero ahora con la ayuda del  flagelo que carga sobre su hombro, y con las puntas y tacos de sus botas.

En tanto las drogas ya no le ayudan a resistir el cansancio a la pobre infeliz, pero sí consiguen aun bloquear el dolor, con lo cual no  corre el riesgo de que esta claudique antes del tiempo que Elke necesitará para encender el ánimo de los asistentes, quienes la animan a seguir con su tarea, cuando la presentación llega a su punto culminante con gritos y sugerentes requerimientos, mientras la “hiena” se complace a más no poder con una nueva variable de su creativa crueldad, asfixiando a su víctima, presionándole salvajemente el cuello entre el caño y su duro abdomen.

            -Disfruta de esta magnífica exhibición, Dae y Elke son muy buenas en esto, cada una con su particular estilo, las que estoy muy segura que te excitarán, además que todo esto te resultará  muy ilustrativos le expresó la rubia a Paula a modo de despedida.

            -¿Por qué tan rápida esta despedida le dijo Paula.

            -Bueno si deseas, me acompañas camino a la villa de Karl para, bueno tú ya sabes, el jueguito que recrearemos con Kim esta noche, le contestó alegremente la sueca.

     -Me parece muy bien dijo Paula, aceptando la propuesta, y cruzando ambos brazos por

la espalda una a la otra, y tomándose muy juntas por la cintura, se encaminaron fuera del

salón a la vez que se brindaban apasionados besos e intimas caricias.

Dejar un comentario