La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) En 120.000 palabras (4° Capítulo de 13)


                                   (Cap. 4°: “Spintria”, la isla de los placeres sádicos)

 

 

Eran las veinte y treinta cuando las participantes e invitados entraban al salón, en cuya periferia se ubicaban cómodos asientos donde charlaban animadamente algunos invitados. Al otro extremo del salón se concentraban las participantes al evento; además de las que llegaron junto a Paula en el yate, se encontraban, Dae una atlética coreana y Elke una esbelta y fornida alemana, todas muy atrevidas, luciendo más epidermis y maquillaje que vestuario, esto último potenciaba la naturaleza  fetichista y provocadora de sus personalidades, como ajustados y reducidos vestuarios, mayormente confeccionados con metales y mucho cuero, destacando los colores bien definidos, principalmente el negro, rojo, y marrón, conduciéndose con desvergonzadas y sugestivas actitudes frente a los visitantes, capaces con sus miradas de seducir y matar, especialistas en esto último, en lo que se especializan y lo que mejor saben hacer, lo cual en estas reuniones, no disimulan para nada, y muy al contrario, es la ocasión propicia para lucir esta tendencia, siendo su principal carta de presentación.

Los invitados, en esta ocasión eran seis personas, cantidad que usualmente se reunían en cada una de estas sesiones, quienes miraban con prudencia  pero sin disimulo a las mujeres, eligiendo seguramente a sus favoritas, ellas se saben muy bien observadas, y su presencia en estos juegos constituye la principal atracción; bellas fieras, ansiosas por entrar en la arena, las que pueden ser apreciadas en insólitos y sangrientos enfrentamientos, estimulando a quienes se deleitan con estas exhibiciones, como asimismo de sus exclusivos servicios, los que pueden adquirir después de las primeras motivaciones que provocaran en la arena de combate.

Los más inaccesibles y torcidos placeres imaginables, todas las fantasías prohibidas para el común de las personas, en esta isla y en otros escenarios similares, son posibles para este peculiar y limitado grupo de ricos y poderosos hombres y mujeres, que detentan el poder, los recursos y las licencias, como para disfrutar sin problema alguno, sus inusuales tendencias en estos paraísos de prohibidos placeres.  

Cuando eran pasadas las veinte y treinta horas, unas solicitas criadas servían cocteles a los  invitados que esperaban la llegada de Karl y Kim. Habían pasado cinco minutos desde que habían ingresado al recinto, tiempo suficiente como para que examinaran a las muchachas participantes y estas a su vez para mostrar lo que podían ofrecer por el momento, luego de lo cual, se produjo la entrada de los anfitriones.

El primero en ingresar fue el turco Osman, de quien Ebba le había hablado a Paula, junto a él Dupont que anunció la llegada de los anfitriones Karl Hermann y Kim, quienes lo seguían  más atrás, caminando hasta llegar al centro del salón.

El salón en cuestión básicamente estaba formado por un muro curvado de unos tres metros de altura y unos ocho metros de diámetro, al medio de este, un anillo menor inscrito con una circunferencia de cinco metros aproximadamente, limitando toda su periferia un  pasamanos de brillantes caños de bronce, del mismo material un pequeño y levadizo antepecho que de ser necesario se levantaba para permitir el acceso, como en este caso, por donde entraron los anfitriones, el suelo era de arena cuarzosa de un tenue tono azulado. Anexo a esta aula se hallaban otros espacios que complementaban la funcionalidad del particular recinto. Evidentemente aquí era donde se hacían los encuentros, por lo que los asistentes a estos, lo denominaban con cierto sentido de la importancia y el interés que representaba esta estructura dentro del conjunto, como: “El anillo de oro”.

Kim era la mujer que más llamaba la atención, inclusive por sobre las participantes, y las invitadas, una belleza excepcional, con el poder de estimular los más ocultos y reprimidos instintos de cualquier varón o mujer. Por sus genes asiáticos; Ojos rasgados, de contextura atlética, de cabello lacio y brillante, y por su herencia germana; alta, espigada, de ojos grises, cabello rubio y largo. Vestida con una ajustada y escotada tenida metalizada de lycra azul, andando con altivez, como una soberana entre sus súbditos, una hermosa hembra, misteriosa, y deseable.

Para Paula era difícil comprender la relación entre el alemán y Kim, aun con su formación más que liberal, le costaba asimilar lo de amante de Karl e hija del mismo con una mujer

coreana  llamada Sumin, quien fue su amante y también compañera con la que compartía estos prohibidos juegos hasta hace unos quince años, cuando Kim la reemplazó, todo esto según le había confidenciado brevemente Ebba. Siendo este el tipo de relatos que gustaba de narrar comúnmente la escandinava.

Karl los saludó y les dio la bienvenida desde el centro del circulo, tanto a los invitados, como a las muchachas participantes, estas últimas se acercaron a los primeros, a medida que estos las solicitaban con leves señales, Ebba se acercó a Osman, Killar y Elke socializaban con un par de hombres, los que eran aparentemente antiguos conocidos, entre tanto Dae lo hacía también con una pareja formada por un individuo cano, y una mujer más joven, Paula fue abordada por otra invitada, pero esta se hiso la desentendida y sonriendo cortésmente la  esquivó, prefiriendo estar a un costado para investigar y estudiar a los concurrentes, y muy especialmente a la hermosa y misteriosa germana asiática, como asimismo familiarizarse con todo este entorno.

Sadie la bella sordomuda americana, se acercó a los anfitriones, que con señales de manos, y gesticulaciones propias de su limitación física, se esforzaba en comunicarse, especialmente con Kim, con quien parecía tener una especial afinidad, esta con sutiles e indiferentes movimientos de cabeza, y sin mirarla, acentuaba altivamente, señalando en  forma displicente, que le entendía, sin ponerle mayor atención, probablemente todo este esfuerzo que hacía la americana era para pedirle que intermediara por ella, al momento de programar las duplas de contendientes, que amenizarán las veladas, ya que estas eran las solicitudes que se le hacían frecuentemente, tanto las chicas lidiadoras, como los asistentes, cuando se les daba la oportunidad de convenir con ellos.

Transcurridos algunos minutos Dupont se dirigió a los presentes:

-Nos complace anunciar nuestro programa de enfrentamientos “Deportivos”, exclusivamente entre mujeres, serán cinco las veladas, arrancando desde hoy día lunes hasta el viernes, donde nuestras gladiadoras darán lo mejor de cada una en su esfuerzo por llegar a ser la número uno del ranking.

Mientras Sadie insistía en llamar la atención de Kim, Ebba por su lado tenía mejores resultados, compartiendo sin problemas con Karl, solicitándole con toda seguridad, que tomara en cuenta los desafíos hechos por ella y su nueva amiga Paula, ya que a una señal de este, Pierre hiso un alto en su alocución, para acercarse al teutón, quien le dijo algo al oído, y le pasó una breve nota escrita con anterioridad, para luego seguir con la presentación:

-Las participantes son ocho, dos combates por jornada, los primeros en programarse serán los desafíos  por medio del “Castigo”, el primer encuentro, a las veintidós horas de esta noche, será por parte de Ebba “La pantera rubia”, clasificada tercera en nuestro ranking, que desafía por medio del “Castigo”  a Seba “La pantera Negra”, ubicada en el segundo lugar. 

En ese momento, la nórdica buscó con la mirada a Paula, haciéndole un breve guiño, indicándole sin lugar dudas, que había conseguido incluir sus desafíos en el programa, según lo habían planeado.

       -Más tarde el segundo encuentro será entre Killar “La asesina”, cuarta en el ranking y Sadie “La muñeca americana” en quinto lugar, quien pretende escalar posiciones. Para mañana habrá una nueva participante; Paula quien desafiará a la madura Arpía roja, más conocida como “La Harpie Rouge”, asimismo por medio del castigo, combate que se anotará como el primero del martes, el segundo será entre Dae, “La guerrera coreana” rankeada en sexto lugar y Elke “La hiena nazi” ubicada en el séptimo lugar, los enfrentamientos para las sesiones venideras se  darán, según sean los resultados obtenidos en estas dos primeras noches de competencia.

Las miradas de la nórdica y la muchacha latina se volvieron a cruzar, la morena estuvo en esta oportunidad más sonriente aun.           

Luego de escuchar toda la programación, cuando eran las veintiuna horas, con la facultad que le otorgaban las normas de la organización, Ebba expuso sus exigencias a la comisión, en desmedro de la castigada Seba: Esta deberá combatir desnuda, esto se hace al menos por dos motivos; primero para evitar que pueda ocultar algún tipo de arma entre sus atavíos, y por otro lado el efecto sicológico que les ocasiona, al exponerse desnuda ante su rival y la asistencia, lo que produce una ventaja más para la retadora, si a esto le sumamos privar de la defensa que aportan cierto tipo de indumentarias, la castigada está en evidente desventaja con respecto a la retadora, las que generalmente van protegidas con vestimentas de cuero y metal, sirviéndole naturalmente estos elementos para causar daño, como para evitar con estos, que las coja su adversaria, siendo muy efectivas también para impedir y atenuar los golpes, y por supuesto para intimidar a su rival. Otra de las exigencias es la de cortar y limar  romas las uñas de pies y manos a la “castigada”, lo que también se hiso en este caso. Además exigió que se le tapara la boca con una mordaza de cuero, similar a la usada en el film “The silence of the lambs” por el personaje Hannibal Lecter, a fin de evitar mordeduras, acciones muy recurrentes en este tipo de encuentros, sobre todo cuando la castigada está en desventaja total y tiene que usar los pocos recursos con los que puede disponer para   poder defenderse.

Eran pasada las nueve y cuarenta y cinco de la noche, cuando Ebba pasó por detrás del salón, para entrar en unos  camarines donde se hallaban los atuendos de lucha personalizados para cada una de las chicas,  según sus exigencias, gustos y las estimulantes reacciones que quisieran producir en los fanáticos del fetiche, y como es de suponer, diseñados para infligir el mayor daño posible a su antagonista.

Minutos antes de las veintidós horas, Karl y Kim dieron instrucciones a Pierre, quien se dirigió a las guardias que estaban ubicadas tras las puertas de acceso, quienes abrieron ambas hojas, apareciendo en el umbral de la entrada  Seba, desnuda y amordazada, flanqueada por las dos mujeres confiadas a su custodia, las que pasaron directamente al “Anillo de oro” en el centro del salón. Seis visitantes, además de Karl y su comitiva recibieron con un abucheo a la africana, quedando escoltada y a la espera de Ebba, la que fue proclamada con una fanfarria de clarines y trompetas al estilo de los filmes de gladiadores, ritmos marciales que fueron preparados previamente desde un equipo de sonido muy bien sincronizado. Una vez que se acalló el sonido de los clarines, Pierre se dirigió a los entusiastas presentes:

-Señoras y señores para mí es un verdadero privilegio, presentarles a una de nuestras más caras combatientes, ubicada por ahora en el tercer lugar, pero no me cabe la menor duda que esta noche se subirá al podio, para ubicarse en el segundo puesto de nuestra clasificación, me refiero a la que ustedes han hecho su favorita: ¡Ebba! “La pantera Rubia”, vaticinio con que aduló sin disimulo alguno a Ebba, en desmedro de la africana Seba. 

Al terminar la presentación el público irrumpió con gritos y aplausos de beneplácito, a la vez que en la otra esquina del salón, surgía mostrando su estatuaria figura, la soberbia y bella escandinava, maquillada como una maligna deidad del mal, vistiendo una indumentaria de gladiadora en cuero negro, con agudos metales adheridos, todo el conjunto muy corto y ceñido, lo que le permitía lucir su hermoso y fornido físico. Además de una espada corta y un escudo del tipo traciano, su cabello dorado sujeto por un casco con penacho rojo.

-Los espectadores serán, testigos de un inusual combate, “promovía Pierre el duelo” Ebba la magnánima retadora en un generoso y noble gesto deportivo, le dará la oportunidad de poderse reivindicar a la infractora Seba por la tropelía cometida durante el viaje hacia este fuerte, siendo interrumpido por las risas de parte de la audiencia, dada la sarcástica afirmación. Una vez que se hubieron acallados, Pierre continuó:

      -Ebba dará a su rival ventaja los primeros cinco minutos, durante los cuales no podrá atacarla, ni devolverle los golpes, eso sí, Seba deberá confrontarla desarmada, contando tan solo con su destreza y  habilidad, en donde nuestra combatiente solo se defenderá, si Seba logra tan solo derribarla, podrá demandar que se le asignen las mismas armas con las que cuenta Ebba, o sea escudo y espada traciana, para seguir así la contienda,… ¿No les parece justo?, preguntó  Pierre a los presentes, los que entre risas y burlas gritaban:

            -¡Si, si, si!, avalando la improcedente moción, a sabiendas que se trataba de un ardid, para hacer desde el inicio una mofa de su antagonista por parte de la retadora, la que terminó de lucirse entre los asistentes, caminando provocativamente hasta la arena, cimbrando sus caderas, dejando atrás a la concurrencia, mientras apuraba el paso, para tomar impulso y saltar ágilmente sobre la baranda de bronce, cayendo dentro del “Anillo de oro”, destacando de esta forma sus habilidades atléticas, arrancando silbidos y aplausos de admiración.

            En los momentos siguientes la expectación creció, haciéndose un breve silencio cuando Dupont extendió su brazo alzando su mano con la palma hacia arriba en dirección a Karl, concediéndole el honor de iniciar el duelo, este se irguió con un brazo en alto y un pañuelo blanco en la mano, a la vez que se apagaban las luces y se iluminaba el anillo, observó de lado a lado a los que se encontraban en el salón para anunciar:

-Corren los cinco minutos de ventaja para la castigada Seba, dijo con su inconfundible acento el alemán, acompañando toda esta ceremonia con los característicos sones marciales de clarines que anunciaban el comienzo del encuentro.  

-Desde ahora ¡Ya!, y soltando el pañuelo Hermann, dio inicio al esperado enfrentamiento.

Seba sin perder un solo instante de su tiempo se abalanzó sobre la sueca, pero esta vigilante a mismo jueguito que había ideado, previó las acciones que tomaría su morena rival y diestramente saltó a un lado, estando tentada de golpearla cuando pasó de largo, pero se contuvo, respetando las reglas que ella había puesto y que ya recuperaría los cinco minutos regalados a esta sucia perra “pensó para sus adentros”, la rutina se repitió en varias ocasiones y cuando habían pasado un par de minutos, la escandinava tomó la decisión de dejarse atrapar, jugada por lo demás ya programada. La estrategia era la siguiente: Se trataba en extender una mano abierta frente a la cara de Seba, obstruyéndole la visual, con el consecuente rechazo natural de esta, quien a manotazos, trató de apartársela, con el ulterior daño producido al impactar sus desprotegidas manos en los punzantes blindajes de los brazaletes y el escudo, que aun sin usarlo para agredir cumplía las  mismas funciones, ya que la sueca también arremetía con este al contener los golpes enviados por la africana, ya sea abajo o arriba, teniendo especial cuidado de no utilizar la espada, la que previo al inicio, enfundó en una vaina atada a su cintura.

Hasta ahora la táctica usada por la morena somalí no le estaba resultando, aun cuando Ebba no  la embestía, al menos directamente, y el tiempo de gracia se le estaba terminando, no pudiendo tomar ventaja de este fingido beneficio, por lo que tenía que aprovechar los pocos momentos que le quedaban para remontar en la contienda.

Sangrando de brazos y piernas Seba presentaba una imagen funesta, y la pérdida de sangre pronto la debilitaría, por lo que debía jugárselas del todo, sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre Ebba, quien consiente de la desesperación de la morena, se dejó tomar del cuello por uno de los heridos brazos de esta, y asegurando el enganche, formó un anillo con ambos brazos alrededor del cuello de Ebba el que estaba bien protegido por un collar de cuero blindado con  filudos metales que se incrustaron en la piel de la incauta africana, y cuando intentó aplicar una palanca, la ladina rubia que estaba atenta a esta táctica, en el preciso instante giró con violencia hacia uno y otro lado su cuello produciendo que las metálicas púas rasgaran profundamente la piel de la infeliz morena en su última y fallida tentativa por superar a la aventajada y malintencionada rubia.

Seba trató de soltar el agarre que Ebba prolongaba sujetando los brazos de esta en su

cuello mientras pudo, virándolo con energía, para infligirle mayor daño, entretanto

presionaba el canto del escudo cruelmente entre las piernas de la morena.

En los instantes finales de este apronte, Ebba se regocijaba burlándose de Seba,

convirtiendo esta presentación en una bufonada, haciendo que todos los presentes  

se unieran también a esta burla en los momentos que las trompetas activadas desde un

equipo de sonido, anunciaban el término de la  fase de gracia.

      La imagen que exhibía Ebba era capaz de amedrentar al más osado de los presentes

esa noche, su cuerpo relucía a la luz de los focos, luciendo más grandes sus músculos que

brillaban como estatua de bronce vuelta a la vida por un extraño sortilegio. Una diabólica

diosa extraída de alguna oscura y ancestral leyenda, con su radiante y largo cabello dorado que sombreaba su rostro en los que se apreciaban azules ojos de pérfida mirada, que vaticinaban siniestras intenciones, ensangrentada, pero con la sangre de su émula que caía desde las agudas puntas del collar que protegían su cuello hasta sus redondos y pétreos pechos luego de haber rasgado la carne de los brazos de la afligida morena cuando ésta trataba ineficazmente de agarrarla por el cuello en un vano  esfuerzo, siendo martirizada a causa del mismo empeño.              

El público se animó más, cuando Ebba desenvainó su espada, sabían de la inventiva y crueldad de ella, si esto es parte de lo que vendrá, no podían estar más anhelante por el desarrollo del resto del combate, si se le puede llamar así, aunque en la germanía usada en esta comunidad, es común quitarle dramatismo y sensibilidad a algunos conceptos, como solamente llamar Combate a lo que debieran decirle Masacre, pero bueno, esta es la forma que usan en este medio para interpretar las acepciones y significados de las palabras,  restándole gravedad a estas censurables exhibiciones, y justificar así sus desviaciones.  

El momento llegó cuando se le pidió a Hermann la condonación del castigo, lo que se estilaba en estos casos, como si se apelara a la caprichosa clemencia de un emperador romano en un gran coliseo.

Todos estos rituales eran parte de las reglas, las que podían variar la decisión tomada previamente por una de las muchachas, en este caso la de Ebba “La pantera rubia” que intrínsecamente indicó esta sentencia, con el solo acto de desenvainar su espada, optando por continuar con el enfrentamiento a pesar del evidente final que tendrá según las expectativas dadas, pero aun de todas formas, se tiene que cumplir con el ritual, ya que un arranque de piedad por parte del veleidoso Hermann, podría modificar la determinación previa tomada por la sueca (situación muy improbable).

El distante Karl se llevó la mano al mentón como evaluando la situación, para luego observar a Kim como pidiéndole su consejo, la rubia asiática fijó la mirada en Ebba por algunos segundos y luego le sonrió en forma confabuladora, girando la cabeza hacia el alemán, para moverla de manera negativa y lentamente, sin dejar de sonreír, entrecerrando sus ojos, como procurando que a través de ellos no se escapara la perversidad de su determinación, Hermann la aceptó naturalmente como una negación de clemencia, la cual admitió públicamente con un ademán que satisfacía los anhelos de todos los presentes, celebrando la determinación con comentarios y aplausos.

Toda esta innecesaria y burda aprobación no duró más de un minuto, momentos en que Ebba se paseó alrededor del anillo, y una vez que se terminaron las ovaciones, se trasladó hasta donde se encontraba la somalí, situándose frente a ella, para levantar después su espada, y apuntarla hacia el cuello de esta, quien retrocedió nerviosa y torpemente, perdiendo el equilibrio y  yéndose de espaldas,  aprovechando esta situación la escandinava, para ponerle un pie sobre el cuello, en clara actitud de victoria, lo que fomentó aun más el ánimo y los gritos de la audiencia, quienes aplaudieron esta característica postura de  provocador sometimiento.

Ebba jugueteaba palmoteando la hoja de la espada en la palma de su mano, esperando que los presentes hicieran silencio, una vez que se  hubieron callados, se dirigió a ellos exclamando con su singular acento:

      -Todos ustedes serán testigos de cómo esta fea y sucia negra tendrá el privilegio de

ser escogida, para hacerle una “cirugía estética”, mediante un antiguo método conocido

como “La tortura china de los mil y un cortes”, la mordaz y breve declaración hiso que

las risas de los adeptos a este humor negro se manifestara, lo cual agradó a la nórdica.

Ahora sabiendo que tenía en sus manos al público, de aquí en adelante entonces podría

hacer lo que se le viniera en ganas.

      -Levántate le ordenó a la somalí sacando el pie con el que le presionaba la garganta, o

quieres entregarte sin poner resistencia, le decía esto Ebba mientras la apuraba dándole

duros puntapiés, los que la mujer trataba de evitar rodando sobre sí misma, para alegarse

de su martirizadora, hasta que logro separarse lo suficiente como para erguirse.

      -Al menos espera que esté de pie para poder enfrentarte, perra abusiva la increpó la

africana con cierta dificultad dada la mordaza de cuero que le cubría la boca.

      -Así me gusta, que afrontes con valentía tu final y no como una cobarde sin dignidad, 

en el piso como una rata, la sermoneaba Ebba mientras le ponía nuevamente la aguda

punta de su espada en el cuello, pero esta vez presionándolo para hundirlo un poco hasta

       hacerla sangrar, Seba se quejó un poco, para después imprecar nuevamente a la rubia torturadora diciéndole:

       -Muy valiente con la espada, en iguales condiciones te vuelvo a vencer cobarde zorra.

       -Es una pena que no te pueda complacer, ya que sería difícil proseguir con el método chino que anuncié sin la ayuda del filo de mi espada, le objetó la sueca, mientras bajaba la punta del arma con rapidez, desde el cuello hasta el ombligo de Seba, esta sintió como la punta del arma abría su piel, más no sabía en ese instante que profundo era el corte y cuan herida estaba, horrorizada miró hacia abajo, entre sus pechos y presintiendo lo peor, retuvo un ahogado grito al ver una delgada línea roja, de la que poco a poco fluía un hilillo de sangre.     

        -Es solo un rasguño negra cobarde, la reprendió Ebba, un poco de sangre, un poco de dolor, un pequeño tajo por ahora, pero mil cortes más como este serán muy efectivos para lograr mi objetivo, creo que empiezas a  comprender aquello de “La tortura china de los mil y un cortes”.

No viendo por donde huir, la africana estando  en abierto hándicap, simuló un desmayo cayendo de rodillas, solo para tomar un puñado de arena y arrojárselo en la cara a su torturadora, teniendo éxito esta vez.

Ebba quedó por un momento cegada por la arena que entró en sus ojos, tiempo suficiente para que Seba saltara como una gata sobre ella, asiéndola del brazo con el que sostenía el arma, la ansiedad de la morena somalí le jugaba a su favor, jugándose en ese  movimiento el todo por el todo, debiendo enfrentar a la rubia con lo poco que tenía, por lo que el combate fue parejo por algunos instantes dada la desventaja que tenía Ebba por la arena en sus ojos, por lo que ambas mujeres se trabaron en una escaramuza con un final incierto por el momento, pero solo una combatiendo por su vida, y la otra tan solo por su orgullo y arrogancia.

Estaba claro que de aquí en adelante Ebba luego de este impasse, no le daría más licencia  a la africana, cuya mente estaba puesta en poder luxarle el brazo y muñeca para quitarle el arma, por de pronto tendré que asegurar mi espada “pensó Ebba”, soltando el escudo para disponer de un brazo libre para el ataque además de sus dos fuertes piernas, mientras la morena se esfuerce en arrebatarle el arma no podrá atacarla ni hacerle daño, entonces la llevó hasta el borde del anillo y  pasó su brazo libre por detrás del pasamanos cogiéndola por la melena y tirándole la cabeza hacia atrás, apoyó la cerviz de esta sobre la dorada estructura en el mismo momento que con un brinco se alzó atrapando entre sus  muslos y la baranda el enjuto cuello de la morena, formando con ellas la figura de un cuatro, manteniéndose así colgada del horizontal caño.

La figura del cuatro o bien “Figure four”, típico lance de una lucha catfight, en donde la hembra victoriosa inmoviliza a la vencida, teniéndola totalmente a su merced entre sus piernas, con las que forma la figura de un cuatro, discurriendo en la mente de la concurrencia y de las luchadoras un desenlace final por medio esta lúbrica estrangulación, lo que no deja  para nada indiferente la retorcida imaginación de estos, dado el nivel que estaban tomando las acciones, solicitando una ejecución por esa vía, lo que la escandinava con su malicioso proceder daba ciertas señales de aceptar esta expectante posibilidad.     

Una vez que Ebba hubo liberado su brazo aprisionado por la africana, esta continuó colgando del pasamano, después se dejó caer de espaldas en la arena, con sus brazos abiertos, manteniendo la espada en una de sus manos, para voltear la cabeza y mirar al público en una plácida actitud de abandono.

Ahora la nórdica empezaba a sentir la carnal fruición en su cuerpo, mientras se aceleraba su respiración, hinchando sus pechos cada vez que inhalaba aire al comprimir el cuello de Ebba entre sus piernas, suspirando placenteramente, y meneando su esbelta figura a la vez que colgaba apoyando su nuca y espalda en el suelo, mientras jugaba como una chiquilla dibujando curvas con una de sus manos en la arena y girando la cabeza, observó al público con una fingida mirada infantil, como preguntándose, “¿Por qué  este gente me mira con tanta atención?”. Tierna personificación que la escandinava comúnmente hacía en sus presentaciones, para luego iniciar un radical cambio de actitud, convirtiéndose en una despiadada asesina.  

Sabiendo Ebba que esta representación de la ingenua e inocente cría  que no sabe muy bien lo que está estimulando, enardecía al público, potenciaba aun más esta actuación, introduciéndose los dedos en su boca, como lo hubiera hecho una bebita, haciendo que la baba le brotara, resbalando por sus mejillas y humedeciendo la arena.

Los expectantes asistentes, urgían a la demoniaca sueca a que iniciara el desenlace que  les había sugerido de manera tan provocadoramente infantil.

   Actuando en consecuencia, “La pantera rubia”  comenzó a aplicar un estrangulamiento al cuello de la africana, satisfaciendo las peticiones de los asistentes, al que ha sabido entusiasmar, brindándoles estas dos excitantes contradicciones;  primero la exhibición que hace de una candorosa bebita, con la que lucubraran sus abyectas fantasías, y luego en la transformación de esta, en una bestia que aplastará  a su víctima, de la misma forma en que la boa sostiene y oprime a su presa mientras esta inhala y exhala. Un contraste, entre el acto de la tierna nenita y el ominoso final ejecutado por una fiera que  encenderá la libido de quienes la observarán extasiados.

Seba con los ojos totalmente desorbitados trataba inútilmente de librarse del brutal agarre de su ejecutora, más los intentos le resultaban vanos, ya que estaba impedida de defenderse, y aun cuando hubiera podido hacerlo, como se dice, “con dientes y uñas”, le hubiera sido imposible, pues habían cubierto su boca, además de sus uñas romas y cortas impedían esta posibilidad, como lo había exigido previo al encuentro la ladina Ebba.

Por espacio de un par de minutos Ebba sometió a la somalí a esta asfixiante rutina, la que  los presentes seguían en silencio con expectante atención, hasta el momento en que la morena comenzó con movimientos espasmódicos involuntarios, fue cuando la desalmada Ebba levantó su espalda de la arena para levantarse y  agarrarla del pelo, para observarla como temblaba en indolente y pasiva actitud.

-¡Comprime, comprime! La azuzaba el público.

La faz de oscura piel de la somalí había cambiado a un tono azul grisáceo, sus ojos casi se le salían de las cuencas y empezaba a desfallecer, entonces la rubia presintió que la  resistencia de la africana llegaba a su fin, acabándose la diversión, por lo cual cesó de presionar, soltándola solo un poco para permitirle respirar, entonces estiró su brazo para tomar la espada que había depositado en la arena, y en la misma posición que se hallaba colgando de espaldas, empezó a juguetear, delineando círculos en la arena, pero ahora con la punta del arma en lúdica y pausada actitud, meditando seguramente cual sería la mejor manera de finalizar su depravada faena.

Mientras el reducido público estaba dividido según las opciones dables para quienes conocían a la escandinava; por un lado algunos se inclinaban por la constricción, mientras otros optaban a gritos por “La tortura china de los mil y un cortes”. Ebba que mantenía atrapado entre sus piernas el cuello de la infeliz aparentemente reflexionando cual sería finalmente su decisión, y muy cierta de lo que estaba alentando, miró con aparente desganada atención la espada, acercándola a sus labios, para pasar incitadoramente su húmeda lengua por la hoja,  en varias ocasiones, con las correspondientes exclamaciones de aprobación.

Luego de algunos momentos, manteniéndose suspendida y aprisionando a la africana, Ebba terminó de exhibir  sus habilidades con la espada, pasando ahora el filo de esta por la cara de Seba, arrancándole de un hábil corte la mordaza de cuero, por supuesto sin evitar que la hoja cortara los labios y parte del mentón de la somalí, a la vez que subía el tono de su voz de tal forma que se escuchara en todo el recinto, diciéndole:

-Me has hecho malgastar valiosos minutos de mi labor quirúrgica, dime si prefieres seguir con la cirugía o bien morir sintiendo mis suaves piernas aplastando tu cuello.

El público que estaba a escasos metros de ellas, emitía enardecido sus preferencias:

                  -¿Los escuchas bien?, qué opinas tú Seba, inquirió Ebba, me parece que la asistencia está muy entusiasmada manifestándose, y girando la mirada hacia ellos, sin soltar a la muchacha, se despojó de la  parte superior de su atuendo, mostrando sus senos, lo que era otra clara señal indicadora de querer continuar, lo que incentivó aun más al encendido auditorio, que no cesaba de gritar.

Al igual que la rutina anterior, Ebba inició su pérfida labor de torturadora agarrando del pelo a la agobiada mujer, con el mismo desanimado y simulado talante, echándose de espaldas a medias, sobre la arena, iniciando nuevamente el trabajo de constricción en el cuello de la somalí, al comienzo con poca energía, estimulando deliberadamente el enardecido entusiasmo del ávido auditorio. Regalándoles un poco de la deseada y libertina exhibición cada vez que añadía más compresión sobre el cuello de la africana, lo que la perversa escandinava acompañaba con lascivos gemidos, que empezaban a aumentar en intensidad, al mismo tiempo que se le aceleraba la respiración y brillaba su piel por el sudor, el que no era solo causado por el calor de los focos que iluminaban el anillo, sino que además, por el carnal goce que le causaba aplastar a la infeliz morena, mientras la sangre caía desde el cuello y la boca de esta, hasta las piernas, abdomen y pechos de la inhumana Ebba.

La escena fue observada en silencio durante varios minutos, solo interrumpida por el sofocado  resoplar de la víctima y por la epicúrea respiración de la torturadora.

Como era habitual, durante el tiempo en que transcurrían estos espectáculos, estas mujeres se encargaban de dilatarlos, para poder ofrecer más y mayores momentos de embeleso al exigente público, y Ebba, no era la excepción.      

La devastada africana comenzó a desvanecerse, sus convulsiones fueron disminuyendo, lentamente, haciéndose más débiles y silentes, al mismo tiempo que la fogosidad de la rubia en su máximo y desenfrenado frenesí aumentaba con rápidos movimientos pélvicos, golpeando y aplastando la cabeza de Seba contra el dorado caño, en un brutal y prolongado clímax, en el que se provocó sucesivos y descarados orgasmos, animando por supuesto a todos los presentes con el pervertido acto.      

  Había transcurrido, más de media hora en que las mujeres habían ingresado al anillo por segunda vez, a estas altura de la brega, Seba ya había sucumbido, y Ebba aun la mantenía atrapada por el cuello contra la bronceada baranda, y cuando hubo saciado totalmente su insano apetito, y transcurridos los momentos de mayor ímpetu, entonces recién libero de entre sus piernas el inerte cuerpo, cayendo este a la arena, apartándolo luego violentamente con las plantas de sus pies, para acostarse de espaldas a un costado con ambos brazos extendidos y con una de sus piernas recogida. En esta posición; giró su cabeza, mirando al auditorio con la boca entreabierta, lamiándose satisfactoriamente sus carnosos labios, evidenciando su placer  por la labor hecha, recibiendo la aprobación del auditorio con bulliciosos hurras y aplausos.       

Segura de haber satisfecho las expectativas de los inclementes asistentes hasta ahora. Ebba sabiéndose ardientemente deseada por todos aquellos que buscan a estas inusuales mujeres  capaces de satisfacer sus insólitas demandas, debía exhibir además de esta estimulación, los encantos de su anatomía, debiendo complementar ambos a la vista del ansioso público, por lo que se mantuvo recostada sobre la arena por algunos momentos, durante los cuales culebreó y onduló su cuerpo, como lo haría una víbora quemándose al fuego, y con este final, encender hasta el espectador más circunspecto que pudiera estar presente en el salón.

Ebba conoce y comparte estos inusuales y prohibidos placeres por lo retorcido, también tiene bastante claro el poder que  tiene en este medio, ya que en sí, ella es uno de los más fuertes e irresistibles afrodisiacos que se pueden conseguir en estos clandestinos sitios de corruptas diversiones, por lo que  deberá cumplir a continuación con la ceremonia de rigor impuesta, como es exhibirse entre los invitados, tenga o no la intención de acordar algún encuentro para más adelante.

Una vez que terminó de entusiasmar al público con su muestra de “histriónico” erotismo, se levantó lentamente, saliendo del anillo para ir hasta los presentes que ansiosamente la solicitan para que se les acerque. Es ahora cuando la descarada hembra, se debe arrimar hasta ellos, para que valoren sus encantos y oferten por ellos, o bien que ella misma les indique sus condiciones, por lo que se exhibirá, entregándose a las miradas de adoración y deseo, aun cuando en esta ocasión solo cumplirá con esta rutina, sus favores ya están reservados para Kim y su inmediato entorno.

Ebba se dirigió hasta donde estaban los anfitriones, pasando primero en medio de los demás presentes, teniendo que sortear a una atractiva y madura fémina, quien se le acercó para proponerle pasar una velada intima para tres, lo que tuvo que programar para otra oportunidad, posiblemente para la noche siguiente, esforzándose en ser gentil, ya que estas no son cualidades de esta calaña de mujeres, dándole explicaciones y esperando que mantenga encendido el interés por ella. Más adelante un par de varones que estaban en la pasada hacia los anfitriones, le hicieron ofertas similares, con los que de igual manera se disculpó debidamente.

Ebba sabe bien que para esta noche no podrá aceptar ninguna propuesta, ya que su obligación es con quien sabemos tiene la prioridad de su atención, y a quien se debe por sobre todos los demás, o sea a Karl y compañía, para participar en los “Roller play” o los llamados  “Juegos de caracterización”, los que realizara junto a Kim.       

Al llegar la sueca hasta  Karl y su grupo, la recibieron con aplausos, el alemán fue quien primero se le aproximó con decisión, abrasándola y acariciándole la espalda y el trasero con más lascivia que afecto, luego llegó el turno de la oriental Kim, quien estando detrás de ella, la tomó de las caderas apretándose contra su cuerpo y acercando su mejilla a la de ella, le susurró con su teutónica acentuación, en voz baja y  sensual:

-Sabes que me encendiste a punto de humedecerme perra, recuérdamelo esta noche en “Gladiadoras & esclavas”.

Mientras decía esto, sus fornidas  y suaves manos subían desde sus caderas, pasando por la cintura de la rubia hasta sus desnudos pechos, acariciándolos y jugueteando con sus pezones entre sus largos y fibrosos dedos, actitud que no inquietaba, ni molestaba a su no menos lujurioso padre y amante, puesto que se trataba tan solo de lascivas manifestaciones, las que ambos compartían, y que no comprometían en nada la relación y estabilidad entre ellos, al contrario, la hacía más férrea.

Los que esperaban su turno para felicitar a la nórdica por su “gran” espectáculo, se armaron de un poco de paciencia, quedando a prudente distancia de los anfitriones, hasta que reservadamente se fueron acercando según su gravitante influencia en el medio. Así lo notó Paula que se había mantenido con cautela observando estas conductas.

La chica latina puso especial atención a la participación de Ebba, y de la manera en que ejecuto a Seba, no es que ella tuviera algún problema en realizar uno de estos actos, sí no más bien para ver  cuáles eran las rutinas en que Ebba entusiasmaba  más a la concurrencia, para después emularla o mejor superarla. Por otro lado Paula no dejaba de pasmarse pensando que era la misma mujer con la que se había estado relacionando estos últimos días, de no haber sido así, no la hubiera reconocido en este escenario,

Aun cuando los resultados de estos encuentros eran los esperados, lo que más le llamaba la atención a la chica latina era la actitud festiva con que se mostraba el público, compartiendo sin reservas los mismos intereses que las desalmadas mujeres.

Paula cavilaba por momentos, que dado su entusiasmo, podría haber considerado muy altas las expectativas que se había hecho de estos juegos, que en las licencias que se daban, deberían haber algunos límites no revelados, inclusive llegó a pensar que no había indagado bien la clase de eventos a la que asistía.

Pero esto era ya más que suficiente para sus intereses, siendo justamente las  fantasías más permisivas y corrompidas que había concebido, un paraíso privado para gozar las más irracionales perversiones, creadas por estos buscadores de nuevas emociones anómalas, que eran las mismas que ella había imaginado y que venía a mostrar a estos certámenes, junto con otras corrompidas mujeres.

Esa noche Paula terminó por entender, más allá de la idea que se había hecho de la situación, como estos centros de velados encuentros, que para los asistentes habituales era un esparcimiento frecuente, y no solo en algunas ocasiones como en las que Paula había participado en otros enfrentamientos programados, donde tenían sus límites, deteniendo el combate una vez que se anunciaba a la ganadora, mientras que la vencida se retiraba por sus propios medios, o en el peor de los casos con algo de ayuda, aunque maltrecha y golpeada, pero con vida, aun cuando ella ansiaba traspasar estos límites, los que en muy pocas ocasiones había conseguido, con los consiguientes problemas que originaba tener que justificarlos, que por lo general se basaban en la misma repetida excusa muy usual en cualquier caso de asesinato, en casi todos los ámbitos judiciales, a la que se le echa mano como: “Un lamentable accidente deportivo”, o bien tener que ocultar la evidencia, lo que era el medio más utilizado, pero también el que requería mayor cuidado y reserva. 

En contrapunto aquí se programan funestos combates en donde se busca justamente provocar estos accidentes, para atraer a los fanáticos asistentes que concurren a recrearse con estos espectáculos de dolor, castigo y muerte; dosificados con desvergonzado erotismo, aplicado por bellas y fornidas amazonas, seleccionadas especialmente para estos fines.

Ahora Paula  tendrá la ocasión de intervenir exhibiendo sus talentos, los que le serán valorados conforme al grado de entusiasmo que logre conseguir en estos escenarios. Para lo cual no tiene ningún cuestionamiento moral, imaginación no le falta, por otro lado, ahora sabe muy bien que será protegida, cualquiera sea el resultado  que suscite su presentación, ya que   su impunidad ahora está garantizada.

Paula mientras observaba a Ebba rodeada por sus admiradores, meditaba como estos eventos que en todas las sociedades gobernadas por leyes, no serían tolerados en lo más mínimo y castigados con duras sanciones por decir lo menos, aquí paradójicamente son animadas y respaldadas para que intervengan sin ningún tipo de reglas ni limitaciones, para más tarde ser premiadas, y lo que es mejor aun “discurrió”, según su percepción, ellas son adoradas y deseadas lo mismo que si se tratara de verdaderas divas de la opera, o el teatro,  al término de una exitosa función.

Por supuesto que esta barbárica e inusual demostración previa que ofrecen, les sirve para estimular a los enardecidos asistentes, dándoles exactamente lo que ellos vienen buscar, una función que no podrán conseguir en otros lugares, en los cuales difícilmente podrían igualar a las soeces demandas que les exigen a estas pervertidas mujeres. Dada esta insana atracción que sienten  por sus abominables actos, estos espectadores no se irán, sin antes conseguir un encuentro íntimo con al menos una de ellas, a cambio de una considerable gratificación.

El siguiente en saludar a Ebba fue el muy compuesto y reservado Pierre Dupont, el que se le acercó diciéndole:

-Me parece que has recuperado  el lugar que te pertenecía en nuestro ranking, para

agregar algunas frases de cortesía y despedirse.

Prosiguiendo la sueca con una amena charla más tarde con el joven Osman; que era uno de sus más encendidos admiradores y  en oportunidades  cuando estaba con alguna disposición especial, se comportaba también como un generoso  cliente, quienes observando al anillo, advirtieron que iba a comenzar el segundo encuentro.

Habiéndose reestructurado y haciéndose público el ranking en donde Ebba rescataba el segundo  lugar, se aprontaron para presenciar los próximos enfrentamientos.

Eran pasadas las once de la noche, Pierre que oficiaba de maestro de ceremonias, luego de los marciales sones de clarines que ambientaba el espectáculo, se ubicó dentro del anillo y anunció el próximo combate:

-El siguiente enfrentamiento como ya había sido anunciado, será entre nuestra Sadie, la muñeca americana, cuarta en el ranking, que está ansiosa por subir su ubicación, enfrentando a quien a llegado desde Turquía: Killar “La asesina”, tercera en el ranking, la que tratara de impedir que le arrebate su posición la ambiciosa  y bella Sadie, quien promete cambiar esta noche las cosas, declarando con alguna que otra dificultad, que no tiene dudas que será la segura vencedora.

Estas últimas palabras del francés fueron muy bien recibidas por el público, especialmente por aquellos adeptos a la “muñeca americana”. Luego sin mayor verborrea, Pierre alzando un poco el tono de su voz vociferó:

-¡Chicas ingresen a la arena!

Ambas muchachas hicieron su aparición al mismo momento, acompañadas por las mujeres custodias asignadas, saliendo por detrás del salón, desde los camarines en donde previamente se habían preparado para el encuentro.

Sadie se presentó con una reducida y apretada indumentaria de dos piezas, con los característicos símbolos y colores de la enseña americana y como lo ordenaban las reglas, llevaba una máscara con las mismas características, que le cubría toda su cabeza, dejando al descubierto sus grandes ojos verdes y un rubio mechón cola de caballo (Pony tail) que le salía por la parte posterior de la prenda, además iba desnuda de pies y manos.

Por otra parte la espigada Killar se presentó con las dos piezas exigidas por la organización, las que eran de cuero color marrón, también llevaba una máscara del mismo material, que le ocultaba tan solo una parte de la cabeza, dejando al descubierto todo el rostro muy maquillado, para causar el mayor efecto intimidante, una verdadera diablesa de pesadilla, con la respectiva “Pony tail” o cola de caballo saliendo detrás de su antifaz, pero esta vez el cabello de brillante negro azabache, también lo hacía desnuda de pies y manos, según las reglas establecidas.

Las dos mujeres estaban frente a frente, los punzantes ojos de cada una clavados en la otra, como queriendo traspasarse, el compañerismo que en el corto crucero parecía que hubiera existido, era solo una manera de conveniente comportamiento, sin ninguna clase de afecto ni lealtad, solo egoístas intereses. Forjadas por similares y duras experiencias que cada una de estas singulares mujeres han tenido, por lo que son capaces de enfrentarse y destruirse una a la otra sin reparo alguno ni remordimientos; primeramente por el placer de hacerlo, luego por las pingues recompensas que recibirán por sus particulares participaciones, y finalmente por la única razón válida como competencia deportiva, la ubicación en el ranking.

Las dos hembras estaban preparadas, la turca para defender su posición y Sadie para mejorar la suya, además debían vencer a su émula sin sufrir mayores contusiones ni heridas, para así satisfacer los requerimientos de más de algún protector que ya las habría requerido para después de este combate, siempre y  cuando saliera victoriosa una sobre la otra.

La codiciosa americana sabía de su superioridad, había estado ganando posiciones desde que se inició en estas justas hace solo cuatro eventos a la fecha y no podía estar más ansiosa, teniendo que  responder por sus logros a sus protectores y a Kim, ya que de alguna forma estaba apadrinada por la asiática, por quien experimentaba una no disimulada atracción, que al parecer también era mutua.

El  momento esperado llegó cuando se escuchó a Pierre decir:

-Ahora ¡ya! muchachas inicien el encuentro. Sadie fue la primera que reaccionó,

abalanzándose con un gran salto, y con una de sus rodillas en alto, con la que golpeó a la

turca Killar en pleno rostro, que estando desprevenida no esperaba tan temprana y rápida

maniobra, dejándola en la  arena totalmente inconsciente apenas comenzaba la contienda.

Sadie sabiendo que tenía el pleito ganado y que de aquí en adelante, si hacía lo debido

no debía temer ya por los posibles embates de Killar, entonces se echó frente a ella,

presionándola a lo largo contra el suelo bajo el peso de todo su cuerpo, separándole y

atrapándole las piernas con sus pies a la altura de los tobillos, avivando con esto, el  interés

de los presentes por la manera en que la inmovilizó, lo cual bien sabía la chalada joven  que esta cogida era para ellos sexualmente estimulante.

Mientras Killar estaba aun en estado de inconsciencia, la muñeca americana, que estando

sobre ella, se tomó todo el tiempo necesario para que esta recuperara su lucidez, una

vez que esta empezó a despabilarse, estiró ambos brazos, y tomándola de las palmas de las

manos, alzó medio cuerpo de la cadera hacia arriba, haciendo de esta manera mayor presión

con su pelvis y piernas, y teniéndola a su antojo comenzó a arquearle sus dedos hacia atrás

lentamente, mirando la sufrida expresión del rostro de la turca, regocijándose con el dolor

que le producía en cada ocasión que crujían y le fracturaba despiadadamente una a una las

falanges de los dedos, con el beneplácito de la malsana y entusiasmada audiencia y el total

consentimiento de Hermann.

Sadie como todas las chicas participantes, sin excepción, complacía las demandas de los concurrentes dilatando los despiadados tormentos como se sabe, preocupándose de dosificar el tiempo, tanto en causar dolor, como en mantener consiente a la turca, rutina que se repitió cada vez que le fracturaba cada uno de sus dedos, por lo que la tortura se alargó por varios minutos.

Una vez terminada con su lacerante labor, la pérfida Sadie se levantó, recibiendo la aclamación de los concurrentes, mientras miraba como se revolcaba de dolor la torturada y abatida Killar sobre la arena, por lo cual los presentes debían suponer que los funestos pensamientos de Sadie iban en la dirección de cuál sería la forma en que continuaría con su presentación, inyectándole una mayor cuota de incertidumbre al momento, lo que estas hábiles maestras del suspenso dominan a la perfección.

Sadie se echó un poco hacia atrás, hasta el pasamanos, en donde se apoyó mientras se despojaba de la máscara y el brasier que arrojó con indolencia sobre el rostro de la turca, desenmarañando su rubio y largo cabello con las manos, bajándolas lentamente, rozando primeros sus juveniles y pétreos pechos, pasándolas luego por su duro vientre hasta su sexo, el que acarició delicadamente, mientras miraba con fría indiferencia a la sufrida mujer como se quejaba acuclillada en la arena.

Era evidente su disposición de seguir con el combate, o mejor dicho con la tortura, por la inequívoca señal dada al quitarse la caperuza y el top de sus pechos, ahora siempre y cuando así lo considerara el alemán a pesar del seguro final de la contienda.

Los espectadores miraban a la hermosa muchacha de tan bellas facciones, las que no reflejaban para  nada lo oscuro de su corazón, quien se recreaba observando el dolor que le provocaba a su  rival a la vez que sonreía muy satisfecha.

            Esta combinación de dulce jovencita, de cuerpo escultural y de perversos instintos, es un arrollador incentivo para aquellos que buscan nuevas emociones, una mezcla de inocencia y perversión, candidez y maldad, una criatura irresistible para los que desean deleitarse con esta jovencita de tan ambigua naturaleza.

Karl esperó que se acallaran las aclamaciones, para comunicar, que no tenía sentido alguno continuar con el combate entre dos contendoras superiores y que era suficiente el castigo recibido por Killar, la que por de pronto ya perdió su posición, quedando en el cuarto puesto, el tercer lugar es ahora para Sadie, anunció el alemán. La muñeca americana finalmente   se retiró del anillo muy molesta, evidentemente por no haber acabado con su presentación como hubiera querido.

La ganadora de esta última contienda se dirigió hasta el público, los anfitriones, y sus protectores. A los primeros que saludó fue a Karl y especialmente a Kim, quien sabiendo la atracción que la joven sordomuda sentía por ella; la acarició y estrecho obscenamente, en impropia forma de felicitar. Sosteniendo luego la misma rutina acostumbrada, aproximándose a la muchacha luego al resto de la asistencia, por orden de relevancia en el medio, haciéndose entender con mucha dificultad como lo hacía habitualmente, con algunos ademanes y sonidos que lograba expresar, como eran los que podría articular una salvaje sacada de un antiguo film ambientado en una jungla tropical, dándole un exótico y torcido atractivo animal, a los ya conocidos talentos de la corrupta jovencita.

Era poco más de las veintitrés y treinta horas, cuando Karl y Kim se retiraron, luego lo hiso Pierre, Osman, y la joven  Sadie para cumplir con sus compromisos ya convenidos, mientras tanto los que quedaban en el salón, se recreaban con espontáneos y arbitrarios duelos en los que Dae “La guerrera coreana” y Elke “La hiena nazi”, enfrentaban, o mejor dicho masacraban a unas “Ratas”, o rivales inferiores, que habían reemplazado a las contendientes oficiales, que por causas “ajenas a su voluntad” no se pudieron presentar, como era el caso de Rouge y Seba.

Las “Ratas” como sabemos están desprovistas de protección, tanto por parte de la sociedad, como en la lid misma, durante la cual solo cuentan con la remota posibilidad de vencer a su oponente, para no tener que someterse a la voluntad de esta, la que decidirá con toda seguridad finalizar el combate de la manera que favorezca los anhelos del respetable público, el que por lo general y en una decisión unánime, no admite derrotas, con los correspondientes desenlaces fatales para las desafortunadas, las que serán inmoladas finalmente en la arena.

Una media docena de personas se hallaban en el salón esperando los encuentros, Paula entre ellas, en las que  participaban las contendientes ya citadas. Poco antes del inicio de estos apareció Ebba que venía saliendo de los camarines, que luego de tomar una ducha, se vistió con la misma tenida de gladiadora, oculta bajo un sobretodo, dirigiéndose hasta Paula para decirle:

            -Mi putada ahora será en privado para Karl, le dijo la rubia a la vez que estrechaba el talle de la latina, compartiré roles con Kim, para esta noche no me esperes “Mi mamita”, acto seguido la besó apasionadamente en la boca.

En el anillo el turno le correspondía a la combatiente alemana mejor dicho la ejecutora alemana, estaba ataviada con un  ajustado traje de cuero negro de dos piezas; brasier que dejaba a la vista gran parte de sus  pechos, y una sucinta falda abierta en uno de sus lados para facilitarle movilidad muy necesaria en estas exhibiciones, sus piernas cubiertas con botas altas dotadas de tacos y puntas metálicas, completaba este atuendo un látigo enrollado sobre su hombro izquierdo adecuadamente, y una daga sujeta a la parte superior de su bota derecha. La “hiena” debería liquidar a una delgada mujer indoeuropea que estaba sentenciada por una rebuscada y dudosa falta, la cual era no haber actuado lo suficientemente complaciente con un invitado. En realidad el motivo de esta sentencia no tenía importancia, ya que lo que se quería era una víctima a quien podría ocupar la experta teutona para brindar una mórbida   exhibición.

            La morena indoeuropea recibía golpes de puños y puntapiés que Elke le propinaba  en cada ocasión que podía alcanzarla, mientras esta trataba de escabullirse, a la vez que se esforzaba inútilmente en atacarla cuando creía tenerla a su alcance, para evitar el despiadado castigo que la inhumana “hiena” le suministraba.     

En aquellos momentos Ebba y Paula se despreocuparon de lo que pasaba en el anillo, estando más interesadas en sus arrumacos, acariciándose y besándose a vista y presencia de los demás que ignoraban los impulsos amorosos de las dos muchachas, pues estaban más estimulados por lo que acontecía en la arena, lo cual resultaba mucho más tentador para sus abyectos propósitos.

Ya habiendo acabado el tiempo en que “La  hiena nazi” le concede ciertas licencias a las ratas, creándoles falsas expectativas de poder escapar airosamente de este aprieto, cuando ha conseguido acabar con gran parte de las energías de ellas, y cuando el efecto de las drogas que le suministraron empieza a disminuir despues de exánimes minutos, es cuando Elke queda en total control sobre la débil fémina, sometiéndola fácilmente en variadas e inspiradas maneras, las que sabe muy bien acompañar con desvergonzadas manifestaciones, todas las veces que pueda hacerlo con los puños, y una vez que estos ya resentidos por los continuos golpes a mano desnuda que ha propinado, entonces continúa castigándola, pero ahora con la ayuda del  flagelo que carga sobre su hombro, y con las puntas y tacos de sus botas.

En tanto las drogas ya no le ayudan a resistir el cansancio a la pobre infeliz, pero sí consiguen aun bloquear el dolor, con lo cual no  corre el riesgo de que esta claudique antes del tiempo que Elke necesitará para encender el ánimo de los asistentes, quienes la animan a seguir con su tarea, cuando la presentación llega a su punto culminante con gritos y sugerentes requerimientos, mientras la “hiena” se complace a más no poder con una nueva variable de su creativa crueldad, asfixiando a su víctima, presionándole salvajemente el cuello entre el caño y su duro abdomen.

            -Disfruta de esta magnífica exhibición, Dae y Elke son muy buenas en esto, cada una con su particular estilo, las que estoy muy segura que te excitarán, además que todo esto te resultará  muy ilustrativos le expresó la rubia a Paula a modo de despedida.

            -¿Por qué tan rápida esta despedida le dijo Paula.

            -Bueno si deseas, me acompañas camino a la villa de Karl para, bueno tú ya sabes, el jueguito que recrearemos con Kim esta noche, le contestó alegremente la sueca.

     -Me parece muy bien dijo Paula, aceptando la propuesta, y cruzando ambos brazos por

la espalda una a la otra, y tomándose muy juntas por la cintura, se encaminaron fuera del

salón a la vez que se brindaban apasionados besos e intimas caricias.

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rene amo

La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) Capítulo 6 de 13 (Cap. 6°: La venganza de Paula ) -¡Liberen a la castigada!, vociferó Karl Hermann, el maestro de ceremonias como en casi todas las ocasiones era Pierre así lo hiso, soltando las esposas a las que se encontraba sujeta Rouge, a quien previamente las muchachas guardias, habían dejado en el rincón más oscuro del anillo donde había poca luz, y al instante de ser liberada por el francés, se iluminó toda la arena, en cuanto este dio la orden para iniciar el duelo: -Chicas listas..., inicien el combate… ¡Ya! Sin ningún apronte posterior, la pelirroja francesa, sabiéndose en desventaja, se abalanzó sobre la latina en cuanto Pierre dio la voz, para tomarla por sorpresa, pero esta ya anticipaba la obvia reacción, ella en su caso habría hecho lo mismo, esquivándola con un ágil y gracioso arqueo de sus caderas, a la vez que le puso la pierna de por medio, con la que tropezó yendo al suelo, poniéndose esta raudamente de pie, previendo cualquier ventaja que pudiera tomar la joven morena, pero esta no se aprovechó de la situación, ella tenía otros planes. Durante los primeros minutos, Paula los proveyó de una cuota del cruel humor negro, que este publico disfrutaba, cuando de nuevo la francesa insistió en su estrategia de envestirla en el momento menos esperado, repitiéndose la misma situación; yéndose nuevamente al piso, pero esta vez Paula con una simulada y vulgar reverencia le extendió la mano para ayudarla a pararse, la cual Rouge rechazó dándole un manotazo por su fingida atención, Paula siguió con la farsa y sintiéndose aparentemente ofendida le contestó haciéndole un simulado desprecio, provocando las risotadas del auditorio por varios momentos, haciéndoles ver que su madura oponente no tenía opción alguna contra ella. Paula sabía que esta abusiva exhibición representaba una estimulante motivación para la mayoría de los presentes y especialmente para Ebba, como es observar la manera en que ella liquidará a su antigua amante en una contienda, arrebatándole su puesto, ejecutándola sin compasión, donde se llevará todo, pero todo, “pensaba riéndose para sus adentros”. La morena en cada ocasión que tenía la ridiculizaba, imitando sus lentos movimientos producto del temprano cansancio que Rouge empezaba a sobrellevar por el esfuerzo hecho durante los primeros minutos de iniciado el combate, estando muy complacida al escuchar como el auditorio celebraba sus sarcásticas humoradas, haciéndole zancadillas, o dándole rápidas bofetadas para acto seguido brincar hacia atrás o a los lados, haciendo vanos los esfuerzos de la francesa al tratar de atraparla, logrando con esto las risas del público, rutina que dominaba a la perfección, puesto que se servía de los mismos trucos que usaba para distraer a los parroquianos en el mentado club de desnudistas de Miami, para dilatar así el espectáculo, experiencia que utilizó para comenzar su plan, por lo que no debería apresurar las acciones, sabía que las posibilidades estaban de su lado, puesto que las capacidades de ella ya se hacían evidentes, por otro lado sus habilidades y creatividad la precedían, Ebba se había encargado de difundirlas entre sus más cercanos, quienes entusiasmados esperaban con impaciencia las nuevas retorcidas habilidades que les podía brindar la nueva muchacha debutante, la que ahora se desplazaba ágilmente de uno a otro lado con mucha seguridad, haciendo imposible que la pudiera alcanzar la pelirroja, circulando de manera felina tratando de provocar a los interesados y expectantes asistentes, quienes muy poco necesitaban de este incentivo aunque tampoco estaba de más. Rouge en las últimas temporadas se había medido solo con “Ratas”, incluso teniendo con algunas de ellas una que otra dificultad, sus iguales la habían desplazado al extremo del ranking, al octavo lugar, al que solo aspiran las novatas con pretensiones de incorporarse al selecto grupo, Paula ahora es una de ellas y les demostrará que tiene agallas y por supuesto la adecuada actitud para estos juegos. Paula no puede tener mejores motivos para medirse con Rouge; primero le birló a su amante, ahora irá por su puesto en el ranking, complaciendo de esta forma a su nueva amiga, al público, y por añadidura está muy deseosa también de vengar a su antigua compañera y homónima “Paula la loca”. En honor a la verdad la morena pensaba que si bien su rival no presentaba un mayor peligro para ella, mantener la ventaja que le daba la prerrogativa de ser la retadora, impedía que fuera agredida aunque levemente por la aguerrida pelirroja, que cansada y humillada, no claudicaba en sus intentos de tratar de alcanzarla y no con muy amistosas intenciones, pues sabía que debía salir de este fatídico trance a como diera lugar, pues la muchacha que tenía al frente no tendría compasión alguna, de la misma manera que ella lo había hecho tantas otras veces, por lo que sabe que esta será igual o más despiadada que ella, y lo que es casi seguro, conforme lo planificó Paula, es que Rouge no verá un nuevo amanecer, sabiendo además que esta ya no contaba con la protección de la sociedad, por lo que empezó a suponer que todo esto era parte de un complot urdido por la intrigante sueca, a quien la siniestra Kim le había encargado que se ocupara de hacer a un lado a la francesa. A esta altura del combate, Rouge empezó a pensar; “pude renunciar a esta sociedad, habiéndome retirado a tiempo para disfrutar el estimable capital que había juntado durante todos los años que participé en ella, podría haberlo hecho cuando note que mis aptitudes ya no eran las mismas, incluso podría no haber asistido a este último evento, pero ahora ya era tarde”, entretanto Paula la incitaba a que se atreviera con más audacia a atraparla: -Vamos no seas cobarde, gallina, ven a mí, atrévete, solo te golpearé un poco, le decía. La pelirroja jugándose su última carta miraba en cada momento a Karl y a su amante Kim por si había alguna razón para detener el combate. Hubo una alteración en el bullicio que normalmente se sentía en el ambiente cuando algo inusual acontecía, esto era por el ingreso de Ebba, presencia que no pasaba desadvertida, acercándose esta hasta los anfitriones, lo que acontecía en el preciso momento que el reloj anunciaba las diez y treinta de la noche. La sueca junto a los anfitriones entonces se dispuso a presenciar como resolvía el pleito su nueva amante, quien desde el anillo mirándola, le ofreció una confabuladora sonrisa, sintiéndose al instante un sutil susurro por parte de quienes estaban enterados obviamente de la situación que se presentaba: dos gatas en celo, un duelo sin posible vuelta atrás, una mujer madura con pocas probabilidades de triunfo contra una joven y segura contendiente enfrentándose por la victoria, por un valioso premio y por el placer de subyugar a su rival. Ya se sabía que le había arrebatado los favores de su amante sueca, venciéndola hasta este momento en seducción y sexualidad, este era un inmejorable marco en que dos mujeres podían tener para enfrentarse y dar la esperada y descollante exhibición a los fanáticos de estos juegos; excitante amalgama de erotismo, violencia y crueldad, potenciada por una de las pasiones más desenfrenadas e intensas de la naturaleza humana, los celos. El ambiente era propicio y los ánimos estaban preparados, por lo que solo faltaba que la muchacha latina aportara con lo suyo, la víctima ya estaba marcada y tenía nombre, Rouge. -En este momento comenzaré mi verdadero trabajo, narizota, le dijo Paula, saltando ágilmente hacia la extenuada pelirroja a quien asió con ambas manos, entrelazando sus dedos con los de ella, en un empeño en que las dos se empujaban y palanqueaban hacia atrás, para vencer la resistencia una a la otra, apretando y apremiando, las fuerzas estaban parejas, pero la hábil Paula sabía que si una iba a ceder, iba a ser la francesa la que iba a claudicar, a ella se le fatigarían los músculos de las muñecas y las manos más rápido, la tensión así sostenida con la edad le jugaría en contra, entonces era solo cosa de esperar con paciencia para empezar la próxima etapa de su presentación. Pasado algunos momentos, la madura mujer empezó a ceder, tal como lo sospechó Paula, por lo que Rouge imposibilitada de usar sus manos, inició hábilmente una serie de cabezazos en la cara de la latina, los que si la hirieron, produciendo que le brotara sangre de sus narices, aunque los golpes no afectaron mayormente su disposición ni capacidad, eso sí disminuyeron las expectativas que tenía el público de su participación, dada la apariencia que presentaba su rostro ensangrentado, ante lo cual Rouge remontaba sus probabilidades de ganar el encuentro según la imagen que se hicieron algunos, incluso un par de individuos la alentaron pidiéndole mayor ímpetu en sus arremetidas. Paula estando un tanto molesta por la parcial y fugaz simpatía por su contraria al haberla hecho sangrar un poco de las narices, reflexionó: “Así que a este auditorio le gusta ver sangre, pues eso les daré, deben ser unos de esos tontos incondicionales, que aun esperan algo de esta imbécil, pero estarán de mi lado en algunos momentos más, solo tengan un poco de paciencia“ y aprovechando un lento movimiento de Rouge, levantó una de sus piernas, describiendo un rápido semicírculo en el aire, llevando su pie hasta la cara de la francesa, en donde las afiladas uñas, rasgaron la piel desde el mentón hasta una de las cejas de la mujer, dibujando una línea roja sobre su rostro, y por el impulso dado, Paula quedó dispuesta de espaldas a Rouge, lanzándole una violenta patada atrás con el otro pie, alcanzándola con el talón en plena nariz, fracturándosela y haciéndola sangrar copiosamente, girando luego con más energía, le descargó una salvaje patada voladora, rasgando con las cortantes uñas los parpados de ambos ojos, la agresora no complacida aun con lo logrado, y otra vez vitoreada y animada por el cambiante público, tomó a la pelirroja del cabello, quien impedida de poder verla, fue presa fácil para la fornida muchacha, zarandeándola fácilmente y lanzándola al pasamanos del anillo, donde fue a estrellar su rostro. Demás está agregar que la mujer luego del impacto se fue al suelo cayendo de bruces totalmente inconsciente, lo cual lamentó la morena, no por lástima, sino que por la situación, puesto que ya no podría seguir golpeándola según los planes que le tenía reservado, y para también demostrarle a los asistentes que no estaban observando a una novata, si bien era su debut en este circuito, no era una inexperta en estos combates, y venía más que preparada para ofrecerles sus talentos, a fin de saciar sus costosas y desviadas inclinaciones. Al igual que las anteriores ejecutoras de la cofradía del dolor y el castigo, la latina tomó la misma actitud indolente de estas reinas del sadismo; se inclinó sobre la infeliz, apoyando una de sus rodillas firmemente sobre su espalda, arrancándole de un violento tirón el faldón, limpiándose luego con este, el sudor y la sangre que aún retenía en su cara, producto de los cabezazos que le había asestado Rouge. Observando ahora con simulado desgano a la vejada mujer, con ambas manos en su cintura, separó ambas piernas, presenciando por momentos su obra en espera que se recuperara la rendida Rouge, y como esto no se produjo en el breve plazo, Paula se levantó con un estudiado fastidio y desidia, actitud que ya se había percatado, enloquecía a quienes se deleitaban con estos bárbaros espectáculos, para cadenciosamente caminar fuera del anillo en dirección al público, que le solicitaba ansiosamente que se les acercara, Paula así lo hiso, llevando consigo la falda que le arrancó a la pelirroja, con la que se iba enjugando el sudor de sus brazos y su abdomen. La morena aprendió de los anteriores encuentros hechos por sus “hermanas de oficio”, que todo el tiempo en que se mantenía interesado al público en sus “shows”, era muy bien evaluado, puesto que, mientras más duraban estas presentaciones, eran mejor ponderadas, y más cotizados sus caros servicios, ahora, si por esta, entre otras razones eran escogidas por el experto y competente Pierre, ella no quería ser la excepción. La morena respetando el protocolo se acercó primero a Karl, y a sus más próximos, como era lo acostumbrado, este varón que se conducía mejor de lo que hablaba, le manifestó mientras manoseaba sus glúteos: -Espero que aun no hayas terminado tu presentación “Meine leckeren killer”, (mi deliciosa asesina), pero antes que la morena le contestara, le interrumpió Kim exclamando: -¡Oh no!, espero que aún no..., ¿No, no es así querida? -Por supuesto que no, solo estoy haciendo un “Brake”, esperando a que se recobre esa narizota, agregó riendo: -Ya viene la mejor parte- Kim poniéndose enfrente de ella, la tomó de los hombros para mirarla fijamente a los ojos, expresándole con voz ronca y sensual: -Estoy segura que has escuchado hablar de mí, espero que me complazcas, le expresó, observándola siempre con la misma mirada, la cual consiguió intimidar y cautivar a la vez a la casi imperturbable Paula, que nunca había conocido a alguien que le hubiera hecho sentir así, de manera tan insegura y supeditada, a quien le respondió titubeando: -Sí..., sí, seguro. Luego Kim la atrajo hasta ella acariciando con sus fuertes y suaves manos los hombros de la morena latina, bajándolas lentamente hasta las de ella, besándola en la mejilla a modo de despedida, entretanto la escandinava las observaba un poco más atrás, para que luego al pasar la morena frente a ella, manifestarle: -Ya veo que te encuentras fascinada con nuestra Kim, no eres la primera, a todos nos ha acontecido lo mismo, “le expuso en tono bajo y casi susurrante” a mi también, besándole seguidamente en la boca, dejándola que siguiera compartiendo con el resto de los asistentes. Una vez que la morena pasaba entre los invitados, los rozaba suavemente en forma deliberada con el dorso de sus manos, praxis que aprendió muy bien de las anteriores mujeres participantes. Una dama que estaba sentada al paso de Paula, la que ya se le había insinuado en la que fue la recepción de la noche anterior, tímidamente le tomó la mano en que sostenía la falda empapada en sangre y sudor, requiriéndosela, a lo que Paula accedió, y tomándola le secó la humedad de entre sus piernas, para rosar suavemente los bordes del sexo de la latina, llevándose el trozo de tela hasta sus pechos, frotándolo procazmente, para luego subirlo hasta su rostro e inspirar con avidez los impregnados aromas femeninos del deseable cuerpo de la bella morena, que premió el febril gesto, acariciándole las mejillas por momentos, luego con un sutil ademán alargó su mano para que le retornara el trozo de tela, pero esta se negó, apresándolo con aparente desasosiego contra su pecho, bajando la mirada como quien está cometiendo una grave falta y no querer resarcirse. Paula captó la intención en este proceder, por lo que la tomó del mentón, levantándoselo y viéndola de manera amenazante, alzó su otra mano como si fuera a golpearla... -¡No, por favor, no me castigues! Exclamó la madura fémina, a la vez que soltaba la prenda, y se cubría el rostro con ambas manos como para evitar algún golpe, aprovechando el movimiento para extraer una sortija de uno de sus dedos, estirando después ambos brazos en actitud defensiva, extendiendo una de sus manos con la palma abierta, y sujetando con la otra entre el dedo pulgar y el índice, una sortija. Entonces recién Paula terminó por entender la intención de la mujer, por lo cual bajó la mano que tenía en alto, cambiando su severa mirada, por una agradable sonrisa, retractándose en su proceder y para nada ocultando su descarado cambio de actitud. La madura mujer sabiendo muy bien aceptada su oferta, se llevó la sortija a la boca, sosteniéndolo entre sus dientes e invitó a la muchacha que la tomara de entre ellos, esta se subió a horcajadas de cara a ella en su regazo, acomodándose y apretándole las caderas con sus rodillas, aproximando sus labios a los de ella, lamiéndoselos, y asiendo con sus dientes la sortija de sostenía en su boca, la que conservó abierta la tórrida mujer, dentro la cual, Paula introdujo la sudorosa y sangrienta prenda, en forma parsimoniosamente humillante. Habiéndose producido así el anhelante intercambio, aún sentada en el regazo de la degradada mujer, la latina volvió la vista hacia atrás a la arena, observando cómo Rouge ya se estaba recobrando, entonces se levantó y caminó decididamente en dirección al anillo, para acabar su tarea, dejando en patética posición a la embelesada mujer con su codiciado trofeo, el que bien suponía el costo de la valiosa joya. Mientras avanzaba, tomó la sortija que mantenía en su boca, probándosela en el dedo anular de su mano derecha, estirando su brazo para alejar su diestra y mirarla por el dorso, de la habitual manera, como lo hacen las mujeres, apreciando que le quedaba muy bien en su dedo, felicitándose por su primera y estimable ganancia. Sabía muy bien que estas pudientes mujeres no usaban bagatelas baratas ni chucherías de fantasía, por lo cual sonrió complacida, al conseguir en solo media hora de gratificante presentación, una alhaja de gran valor por su inesperado e improvisado servicio. Paula ingresó al el anillo, donde se encontraba la pelirroja apoyada y sujeta a duras penas en la bronceada baranda, se paró frente a ella y agarrándola del cabello, le levantó violentamente la cabeza, solo para mostrarle la sortija, y decirle -¿Bella no te parece?, es el premio a mi labor, hasta ahora, aunque solo han visto parte de mis habilidades, imagínate lo que voy a conseguir cuando acabe contigo de la forma en que lo he planeado, con tan solo imaginármelo me vengo, tal vez sean similares a las técnicas que empleaste con “Paula la loca”, ¿Recuerdas perra?. -A que te refieres balbució esforzándose en pronunciar las palabras la francesa desde su abatida situación, prosiguiendo Paula: -Yo sé muy bien como gozabas haciendo sufrir y torturando a tus rivales cuando estas ya no se estaban en condiciones de poder defenderse, y tú sabes que castigar y hacer sufrir, es uno de los mayores gozos que se pueden experimentar, yo también disfrutaré haciéndolo contigo como tú lo hacías cuando las infelices ya no lograban sostenerse en pie, rogándote piedad, mientras las observabas sufrir, castigándolas y torturándolas, complaciéndote, hasta venirte tantas veces como podías, sucia zorra, yo te comprendo muy bien ¿Y sabes por qué?... porque a mí también me gusta hacerlo, ahora te daré la ocasión de que me pidas clemencia, pero de rodillas perra, ¡Ahora!, hazlo, pídeme que termine contigo rápidamente, para que así te evites una mayor agonía. De un fuerte puntapié Paula retiró los brazos que la pelirroja tenía apoyados sobre la baranda, desplomándose en la arena de rodillas, y no por la aparente disposición de suplicar, sino por el manifiesta falta de fuerzas que le impedía a la francesa mantenerse en una postura más digna. Paula estaba esperando esta instancia, era una parte importante de lo que había urdido, humillarla y castigarla era parte del plan que se había trazado, para después ejecutarla lentamente, vengando así a su tocaya Paula. La morena se movía alrededor de la francesa, que desde el piso y sin ganas de mover músculo alguno, observaba los sinuosos movimientos de las torneadas piernas de esta, que de manera cadenciosa continuaba moviéndose en erótica actitud alrededor de ella, insultándola, degradándola y anulando su voluntad, forzándola a inclinarse para que le bese y acaricie sus piernas, sometiéndola humillantemente. Está de más agregar que el espectáculo satisfacía a todos los asistentes, y esto no era una fulera muestra de fantasía pornográfica, era un acto real de esclavitud y dominación, con verdadero dolor, aplicado realmente por una bella y sádica mujer, que hacía las delicias de los presentes, mientras la sufrida francesa en estado de shock, permanecía de rodillas entregada a su suerte, escuchando los gritos e insultos de la encendida morena. Rouge que aun arrodillada en contra de su voluntad, apenas pudo levantó su cabeza para mirar a Paula y decirle en tono muy bajo y entrecortado: -“La loca”,...fue víctima de una intriga fraguada por,… Karl y sus socios sudamericanos, por no convenir a sus intereses, a lo que Paula le respondió tomándola violentamente por el cuello diciéndole: -Eso ya lo sé estúpida: Crees que con esos cuentos te vas a... -Espera,…espera, musitando le dijo casi al oído Rouge: La traidora de Ebba sabe tanto como yo,... ahora debes saber que fue ella quien eliminó a “la loca”, en la que fue su primera presentación en la arena, para lo cual, la trajo expresamente Osman y además, te diré que... En esos precisos instantes, los espectadores se iban acercando hasta el pasamanos, apoyándose en el, para ver el desenlace de la contienda, por lo que no era conveniente para la morena seguir el trámite de averiguar otros pormenores. La fornida y martirizadora muchacha esperó que se hubieran adelantados todos los presentes, para ubicarse frente a Rouge, y someterla a una rutina que ya en alguna ocasión había lucido, pero que ahora perfeccionaría, la cual consistía en pararse y equilibrarse en una sola pierna; levantando la otra con la ayuda de sus manos, para encorvar un poco el cuello hacia adelante, llevando la rodilla hasta sus labios para lamerla, empapándola de viscosa baba, la que atrapó hábilmente con su rosada lengua, para después mostrar al público como la gelatinosa y pegajosa secreción se negaba a caer, quedando suspendida y balanceándose de su labio inferior, enardeciendo a más de alguno con esta repulsiva demostración. La latina permaneció en esta posición por algunos momentos, demostrando su diestro control del equilibrio y óptima condición física, luego llevó lentamente la pierna alzada hacia atrás, para lanzarla extendida con violencia hacia adelante, asestándole un enérgico golpe en el rostro con el duro talón de su pié a la francesa, que se encontraba aún hincada con la cabeza gacha, levantándosela como a un monigote de trapo, arrojándola de espaldas a la arena, quedando nuevamente inconsciente, y con el rostro en deplorable estado. Ahora Paula no iba a tomarse el tiempo para que la malherida Rouge se recuperara, aunque por el castigo recibido era inviable esta reacción, además ya había transcurrido el tiempo suficiente para el ansiado desenlace, por lo que caminó hasta ella, levantándola sin gran esfuerzo, atándola del cuello a la baranda con una soga extra que llevaba en su cintura, parándose frente de ella y arqueando lentamente sus caderas, se dispuso a continuar con su planificada exhibición. Equilibrándose sobre una de sus piernas, de la misma manera en que lo había hecho la ocasión anterior, empezó ahora oscilando el pie velozmente de uno a otro lado, dibujando arcos en el aire, acercándolo cada vez más al cuerpo de Rouge, creando cierto suspenso entre los asistentes, hasta que las afiladas y aceradas uñas de su pié hicieron contacto con la piel de la pelirroja, rasgándosela en cada oscilación, abriéndole heridas en el rostro, brazos y pecho, salpicando de sangre a todos los fisgones presentes, que ya no podían resistir más el placer que estaban experimentando con esta truculenta y sangrienta muestra, hasta que la torturada mujer perdió totalmente el conocimiento abatiéndose en la arena, quedando lastimosamente colgando de su cuello. La morena innecesariamente se paró en forma desafiante, con ambas manos sobre las caderas frente a la francesa, que yacía desfallecida en el piso con su rostro irreconocible, solo para aceptar las ovaciones y los aplausos de sus adeptos, a los que permitió, se tomaran algunas libertades con ella, acercándose a la baranda y ofreciéndose a sus caricias y manoseos hasta donde pudiera controlar la vehemencia de estos, cuando ya habían transcurrido más de cuarenta minutos de iniciada la sanguinaria presentación. Paula habiendo desatado el cuello de la pelirroja del pasamanos, levantó el cuerpo de esta antes que se recobrara del todo y lo acomodó sobre el caño, ahora apoyándola sobre sus abdominales pendiendo de este, cuando no le quedaban fuerzas para oponerse a los oscuros propósitos de la perversa muchacha que la sostuvo por los brazos, evitando que se deslizara hasta el suelo, y poniéndose de espaldas en la arena bajo el pasamanos, jugueteó levantando sus piernas hasta donde colgaba Rouge, rozándola con la planta de sus pies y pantorrillas, pensando, “así es como se debe sentir la mosca, apresada en la red cuando se aproxima la araña”. Luego impulsando sus caderas hacia arriba, enganchó sus piernas a la bronceada estructura metálica con el cuello de Rouge de por medio, disfrutando del creativo y conocido juego, que ya había exhibido su amiga Ebba, pero ahora, con algunos cambios personales, el cual le ofrecía mejorado a la cachonda audiencia aficionada a estos aberrantes espectáculos. Rouge no podía estar en una posición más desvalida y degradante entre las mortales piernas de Paula, la que se balanceaba despreocupadamente sin afanarse mayormente por comprimir, retozando como lo hubiera hecho una gata zarandeando a una rata, sin premura, entusiasmando a todos los que se encontraban mirándola a corta distancia participando de sus infamias, exhibiéndose así de esta forma, compartiendo con ellos la sugerente posibilidad de estrangular a la infeliz que ya tiene condenada, induciéndolos a percibir con este cuadro, mórbidas expectativas en sus torcidas mentes. La disoluta morena habiendo conseguido entusiasmar al público, inició una muestra extra de ensañamiento en recompensa al entusiasmo que mostraron sus devotos seguidores, agarrando a la francesa del pelo y golpeándole duramente la cara con su puño libre, acabando por transformar su faz en una sanguinolenta e irreconocible mezcla de piel, sangre y pelo, dejándola inconsciente colgando del pasamanos, para brindarle a los pervertidos la decisión de querer continuar con su faena, con la infame señal de prepararse de la manera que ellas tácitamente lo hacen al final de su presentación, la que los fanáticos esperan ansiosamente, señalándolo sin excepción, cada vez que ellas tienen a su disposición a quien van a ejecutar. La chica latina inicia la esperada señal quitándose pausada y sugerentemente la pieza superior de su atuendo, exhibiendo sus desnudos senos, los que destacaban aún más por la brillantez que producían las gotas de transpiración cayendo por ellos, provocando animosas exclamaciones de admiración entre los fisgones, luego arrojó la citada prenda a la arena, dejando en evidencia que se encontraba muy excitada con su faena hasta el momento, dado el aspecto que lucían sus pezones, “duros y erectos”, mientras esperaba impacientemente a que se recuperara Rouge, quien se hallaba comprometida colgando lastimosamente del caño. El resuello y los movimientos de la francesa después de haber quedado en estado inconsciente durante algunos momentos, le indicaron a la morena que su recuperación era inminente, por lo que conservando la circense demostración y en favor del espectáculo, mantuvo su espalda sobre la arena por algunos momentos, para después, con fingido desgano acomodar con estudiada lentitud entre sus pierna el cuello de la pelirroja, el que empezó a oprimir contra la baranda a medida que se recuperaba, moviéndose Rouge con desesperación sin advertir donde se hallaba por momentos, provocando las risotadas de los espectadores, mientras Paula hacía ostentación del escaso esfuerzo que le suponía aplastarle el pescuezo, riéndose con el público, y tironeándola del cabello, para adaptarla de mejor manera a sus musculosas piernas. Una vez que la avasallada tomó conciencia de su estado y posición aun con la visión comprometida por el agarrotamiento que le aplicaba Paula, a quien logró reconocer cuando esta empezaba a percibir con mayor vehemencia el placer de subyugarla como una esencial necesidad que le exigía su salvaje naturaleza. La aterrorizada mujer, con el poco aliento que le quedaba, en voz baja y lastimosa le rogaba piedad, lo cual no hacía otra cosa que despertar más los brutales instintos asesinos de la indolente muchacha. Empezándose ahora a manifestar en la joven opresora, etéreos temblorcillos, que se fueron incrementando cada vez con mayor arrebato, ofreciéndoles a estos aficionados una desvergonzada muestra de gemidos y obscenos movimientos que agregaba a esta inmolación, exhibición que al finalizar sus presentaciones casi todas estas ejecutoras usan, las que podrían ser simuladas sin una real fruición, pero este público es un experto en captar la espontaneidad y evidente estado de arrebato que experimentan en estas circunstancias, en caso de sentirse burlados estos al respecto, las contendoras no recibirían los bonos y recompensas a los que hubieran podido acceder, pudiendo haber mayores sanciones aun , pero en este caso la latina les demuestra al febril público que es una de las mujeres muy bien elegida por Dupont, y que ha estado disfrutando efectivamente todo el encuentro y ahora por supuesto, mucho más el ajusticiamiento, convirtiéndolos en sus más fervientes admiradores. Mientras el público observaba el final de la sádica ejecución en total silencio, como para no perderse ningún detalle de los últimos quejidos de placer y padecimiento; como la sacudida de los cuerpos y el crujir del pescuezo de la víctima, por lo cual el sagaz Osman para motivar aun más esta situación, había propagado el comentario que en este mutismo era posible, incluso oír el sutil ruido de los músculos de los brazos y piernas de la ejecutora al comprimirlos, mientras estrujaba a su víctima. Justo en ello estaba empeñada Paula, que colgaba del caño asfixiando a la avasallada francesa, ocasionando que se le abrieran las heridas producidas por los cortes y arañazos sufridos al inicio de la refriega, brotando abundante sangre desde el torso y el rostro de la pelirroja a los agitados pechos de la ejecutora, alcanzando su rostro, para resbalar junto al sudor y la saliva que ya no podía contener en su boca, deslizándose hacia abajo por su larga y negra cabellera hasta humedecer la arena. Ambas mujeres jadeaban así colgadas, naturalmente que Rouge lo hacía por la angustia y el dolor, mientras que la latina lo hacía por la fruición que la arrobaba cada vez más al tener sometida con un lubrico agarre a la pelirroja. Paula con su respiración agitada, resecando su garganta, haciendo que esta resoplara afónicamente y sonando de una manera casi animal, liberó a la bestia que llevaba dentro, convirtiendo sus sensuales gemidos en largos alaridos que resonaron por todo el salón, en el mismo instante que arqueaba repentinamente su elástico cuerpo suspendido con un letal movimiento de sus caderas, oyéndose el crujir del pescuezo de Rouge al quebrarse, acabando así con sus desesperados movimientos, luego de lo cual, la asesina con un proceder absurdo e innecesario, continuó tumbada de espaldas con los brazos a los lados sobre la arena, aun constriñendo entre sus piernas y el pasamanos el cuello de su víctima, no habiendo justificación alguna para esta absurda conducta, excepto, por supuesto, pará exhibirse procazmente ante la morbosa asistencia. Karl levantó su brazo izquierdo para mirar el reloj y dirigiéndose a Kim le manifestó: -Ya pasó más de un tiempo prudente, y todavía la tiene cogida, me parece que Rouge ya desfalleció. ¿No crees querida? -Bueno, verás mi querido Karl “respondió la rubia asiática” tú no sabes cómo nosotras, cual es el momento en que terminamos con nuestra participación, si no hemos terminado de satisfacer nuestra carnal voracidad, entonces prolongamos el término de la faena. -Debo suponer entonces que esta deliciosa morena aun no ha saciado su brutal apetito, formuló en forma circunspecta el alemán. -Efectivamente querido, además tu que conoces de mujeres, debes haber advertido que nosotras nos tomamos más tiempo que los hombres en llegar al clímax, pudiendo continuar sintiendo varios y deliciosos orgasmos, tan solo observa en el anillo a esa bella muchacha llamada Paula, como recién está terminando de venirse, lo percibes mi querido Karl, ¿No la encuentras exquisita?, pues te diré que a mí me tiene muy encendida. El teutón se llevó las manos hasta su bajo vientre, manoseándose sin disimulo sus lugares más íntimos mientras volvía su mirada al anillo observando el momento en que Paula levantaba su espalda de la arena, y giraba sus caderas, haciéndole crepitar el cuello a la ya inerte Rouge una vez más, si bien el movimiento ya no tenía mayor importancia, sí aseguraba el término de la tarea y también un acicate más para los que presenciaban la exhibición, en especial para el epicúreo alemán, quien le manifestó a Kim: -Creo que es muy estimulante esa chica, y tan creativa como tú -¿Cómo yo dijiste?, “le interrumpió molesta la rubia oriental” -Perdóname quise decir casi tan estimulante como tú, “corrigió Hermann”, antes que la altanera mujer se encolerizara más de lo prudente, continuando muy fastidiada para insistir en ello diciéndole: -Conoces bien mis destrezas y mis rutinas, es una lástima que todas mis condenadas victimas, no puedan avalar desde el infierno lo que afirmo, difícilmente mujer alguna podría igualarme, y mucho menos superar el padecimiento que puedo infligir, ya sea durante un combate o en una simple sesión de castigo, te lo demostraré esta noche, terminó diciendo con irracional soberbia la encolerizada Kim. Terminada la aclaración por parte de la oriental sobre la participación de la latina, y para acabar con el tema, Karl buscando un pretexto, miró su reloj y dijo: -Le llevó exactamente una hora hacer su presentación a esta preciosidad, “sin lugar a dudas que se refería a Paula”, quien debajo del caño aun yacía rodeada por el ávido auditorio, exhalando en forma sonora a un costado de la extinta mujer. Luego la despiadada morena se tomó un tiempo para sentarse en la arena y mirar a la extinta Rouge indiferentemente por unos momentos, y con la mayor indolencia y frialdad se arrojó de espalda sobre el cuerpo ya sin vida de esta, para comenzar con su última exhibición; revolcándose como una leona en celo, acariciándose y mostrándose obscenamente a quienes la observaban; introduciéndose el dedo índice en su boca, succionándolo como si fuera un órgano viril, para luego sacarlo empapado en cristalina saliva, con la que dibujaba húmedas líneas sobre sus redondos pechos, mirando sugestivamente a los calenturientos espectadores, a quienes sometía por medio de las lujuriosas ansias de querer poseerla, antes de que puedan conseguir sus favores, esclavizándose ellos mismos con sus propios deseos. -Ahora este público sabe muy bien que soy una perra mercenaria y asesina, “pensaba” tendrán que esmerarse y ser muy generosos si desean algo conmigo. La latina una vez que se hubo levantado, se aproximó a los que se encontraban más entusiasmados, quienes esperaban el momento apropiado para poder acercarse, y al menos tocar a la muchacha que estaba entusiasmándolos hasta el clímax, frotando en ellos su cuerpo húmedo y casi desnudo, provocándolos, hechizándolos y enloqueciéndolos, disfrutando con malicia la manera como se esforzaban en conseguir su atención. La estrategia de Paula para tener el camino despejado por delante para presentarse ante a Karl Hermann, consistía en evitar sin previa advertencia los planes de los sátiros admiradores, acabando sorpresiva y caprichosamente con sus avances, dejándolos cachondos y cambiando radicalmente con sus intenciones; abriéndose camino entre ellos, apartándolos con agresivos empujones y mirándolos hurañamente, como reprendiéndolos por su comportamiento. El primer propósito de la latina era acercarse a los anfitriones, pero estos se retiraron al parecer molestos según estimó Paula en el mismo momento en que se encaminaba a la usual entrevista. Lo que esta no sabía es que la molestia era por causa suya, por el desafortunado símil que hiso Karl de la arrogante Kim y ella en los momentos en que finalizaba su acto, por lo cual Paula no pudo realizar su cometido, dirigiéndose entonces al interior del salón, hacia los vestuarios con la intención de cambiarse para el resto de la agitada noche. Mientras tanto en el salón y entrando al anillo Pierre anunciaba el próximo encuentro entre Dae “La guerrera coreana” en sexto lugar y Elke “La hiena nazi” rankeada en la séptima posición, ambas se enfrentarán en iguales condiciones; Dae para defender su posición y Elke para escalar una mejor ubicación, haciendo de este su primer enfrentamiento válido para el ranking durante este año, derrotando anteriormente a la mismísima Rouge, llevándola hace algo menos de tres meses al octavo puesto en Australia, y ahora hace muy pocos minutos eliminada del ranking, definitiva y fatalmente por una nueva integrante, la joven Paula, “hacía esta breve reseña el francés de la manera acostumbrada en que se proclamaban los encuentros” cuando el reloj señalaba las veintitrés horas y treinta minutos. Dae se presentó con el atuendo acostumbrado de dos prendas, con motivos orientales en negro y dorado, la cabeza cubierta con un capuchón y máscara, excepto por el rostro. Elke de cuero rojo y negro con diseños nazis, con una mascarilla “ad hoc” que le cubría la cabeza hasta el cuello, con la cara descubierta. Luego de todos los pormenores acostumbrados, se iniciaron los aprontes, entrando primero la alemana como desafiante, siendo aplaudida por sus admiradores y fanáticos, luego lo hiso la chica coreana que como mejor rankeada tenía el derecho de ingresar cuando lo deseara, el recibimiento por parte de sus adeptos, que eran los menos, no fue de la mejor manera, con esta fría recepción, las cosas se habían puesto en su lugar, la rubia teutona claramente era la favorita en este segundo encuentro de la noche, esta disfrutaba más sus encuentros fuera del programa, atizando y provocando a las “ratas” en cada ocasión que se le presentaba para exhibirse en inicuos y mortales encuentros para satisfacer a sus fanáticos encuentros que les eran más lucrativos, pero en esta ocasión debería confrontarse con una de sus iguales respetando las normas de la organización. Entretanto en los momentos que Paula se tomaba una ducha, oyó una voz que silenció el ruido que hacia el agua al caer y que con cierta dificultad, entendió al parecer algo como: -Te puedo jabonar la espalda, bella ganadora. Paula que estaba de espalda a la entrada del baño, volteó hacia la dirección de donde provenía la voz, encontrándose a Ebba, que sonriéndole estaba empezando a desnudarse para introducirse bajo la ducha, una vez que se despojó de toda su ropa, tomó el jabón y acercándose a la morena, la volteó suavemente, tomándola por detrás, jabonando desde sus pechos hasta su resbaladizo sexo, luego se acuclilló para hacer lo mismo con sus piernas, las que rosaba sutilmente con sus mejillas, una vez que el agua hubo arrastrado los últimos vestigios de arena sudor y sangre del cuerpo de la joven morena, la giró nuevamente en forma delicada, ubicando el sexo de Paula frente a su boca, hasta alcanzarlo con sus labios, con los que vadeó toda su zona erógena, sutilmente al comienzo y luego, ayudándose de su diestra lengua, la penetró, llegando hasta las partes más sensibles de la morena, que estremecida de placer, alzó una de sus piernas, haciendo descansar su muslo sobre un hombro de la sueca, a la vez que agarrándole su cabeza, la oprimía suavemente contra su vagina, musitando entre gozosos quejidos: -¡Eso es mi niñita…aaarg…mámaselo a mamita…, oh sííí! Hacía ya más de media hora que el encuentro entre Dae y Elke había comenzado y a estas alturas el match ya estaba definido en favor de la alemana. Entre tanto los asistentes algo desconformes con el desarrollo del encuentro, le pedían a la alemana un enérgico castigo final, a manera de poder recompensar el mediocre desempeño durante todo este cometido. En honor a la verdad, las contiendas entre estas mujeres rankeadas, si bien dan un buen espectáculo y muy en serio, desgraciadamente carecen del retorcido y funesto proceder con el que actúan cuando la antagonista es una rata, o bien una de las “Gatas” que esté sometida al “Castigo”, como fueron los casos de Rouge y Seba, donde la ganadora pudo actuar con total licencia, como fue su soberana decisión. Situación que podía impedir Hermann en muy pocas oportunidades, siempre y cuando la determinación vaya en beneficio del espectáculo y de lo que es más importante aún, para la continuidad de los eventos. Desgraciadamente este era uno de esos casos, puesto que Dae era una oponente que de seguro contra otras rivales más débiles podría seguir dando excelentes presentaciones, como ya lo había hecho en anteriores oportunidades, aun cuando Karl permitió a Elke que luciera por algunos momentos más su característico estilo y determinación descargando algo más de castigo sobre la coreana, pero dada la comprometedora situación, él alemán detendría sin lugar a dudas el combate. La teutona intentó presentar una mejor performance frente a Karl, iniciando una serie de golpes de puños, rodillas y pies innecesariamente, puesto que la coreana estaba ya perdiendo el conocimiento, desplomándose de bruces una vez más después de esta acción, quedando inconsciente en la arena. Elke miró al alemán, sabiendo que este tenía decisiones caprichosas en algunas ocasiones, cuando se trataba de fallos, por lo que por unos instantes esperó con ansias la aprobación para poder ultimar a la coreana, mientras este se hacía el desentendido por un tiempo más que razonable, la vehemente alemana decidió seguir con sus planes sin esperar la soberana sentencia del teutón. La rubia se quitó la capucha, dejando libre su dorada y larga cabellera, la que brilló bajo las luces que iluminaban el anillo, para observar a los ansiosos presentes, que le solicitaban que siguiera con la acostumbrada rutina de desnudar sus pechos, señalando su voluntad de querer acabar con Dae. La alemana dirigió la vista hacia Kim, que la observó con una sonrisa maliciosa, esta tomó esto como una aceptación, se quitó el brasier, luego aspiró una bocanada de aire inflando sus soberbios pechos y tomando uno con la ayuda de su mano, se lo llevó hasta la boca, lamiando por algunos momentos el rojizo pezón, actitud que los presentes aceptaron satisfechos y eufóricos con hurras, gritos y aplausos, así sintiéndose aceptada; se acercó hasta la tendida mujer, ubicando ambas piernas una a cada lado del cuerpo de esta, y montándose a horcajadas sobre su espalda, llevó sus manos a la cabeza para desenredarse el pelo, bajándolas lentamente hasta sus pechos con aparente calma, en los que se detuvo para acariciarlos por momentos, después las apoyó en sus caderas, bajándolas luego para llegar a sus muslos y extendiendo sus dedos alcanzó sus rodillas, encrespándolos como si se tratara de arañas que trepaban hasta la nuca de la asiática, esperó a que esta recuperara su conciencia, y tomándole la cabeza fuertemente, empezó a hundírsela en la arena. Mientras el público la alentaba a que no cesara de sofocarla, Elke le impedía levantarse con todo el peso de su cuerpo, ayudada por continuos golpes pélvicos en la espalda, los que la rubia alemana le asestaba, cada vez que la coreana intentaba erguirse, después de un par de minutos cuando la asfixia empezaba a hacer sus efectos, se iniciaron en el maltratado cuerpo de Dae reflejos incondicionales, los que se manifestaron con estremecimientos en todo el cuerpo, antes de que esta quedara totalmente inconsciente. En estos precisos instantes entraban al salón, saliendo de los camerinos Paula y Ebba, cuando se escuchó la voz de Karl: -¡Alto Elke! es suficiente, la llamada “Hiena nazi” estando ya embriagada de la adictiva sensación de dominio, se negó a obedecer, aun cuando el autoritario alemán le ordenó en dos oportunidades, la encendida mujer persistió en su accionar, fue tanto el ímpetu en que estaba empeñada, que Karl tuvo que ordenar la intervención de dos fornidas guardianas, las que rápidamente ingresaron a la arena, deteniendo a Elke antes que lograra su despropósito, evitándole a Dae un fatídico final. Ya entrada la noche los asistentes comenzaron el acostumbrado acercamiento hasta las gladiadoras, ofreciéndoles por sus servicios, reuniones a las que obviamente no concurrían las que estaban impedidas, como el caso de Dae “La guerrera coreana”, que abandonó el salón siendo asistida, otras eran descartadas de plano para ofrecer cualquier servicio por razones manifiestas, como Rouge, la que fue arrastrada y retirada en calidad de bulto fuera del salón. Las mujeres disponibles como Sadie, que es una experta en exhibirse luchando, golpeando y ajusticiando tanto a mujeres como a débiles sujetos fuera del programa era una de las más requerida, siendo la vedette de esta velada, como también Elke “La hiena nazi” quien fue muy asediada, decidiéndose por dos individuos a quienes les ofrecerá una función con el mismo proceder que no fue autorizada a finiquitar en su encuentro con Dae, mas ahora sí lo podrá concluir sin limitaciones, para proseguir más adelante con una pareja, a los que les proporcionará a cada uno por separado, castigo y placer. Entretanto Paula y Ebba acordaron un encuentro contra un par de ratas de su elección, para que después de ajusticiarlas, ser premiadas económicamente y por supuesto con una sesión de sexo y adoración por parte de sus clientes, concluyendo así este gravoso servicio. Mientras tanto las visitas que aun no habían logrado obtener una cita con alguna de estas mujeres, solicitaban a Osman que los proveyera de “material” para emplear en otros “juegos” alternativos. En algunos casos las visitas elegían a una pareja de ilegales a los que drogaban para que tuvieran sexo frente a ellos, en el que podrían participar en variadas maneras según sus desviados caprichos. Inclinándose también por otras perversiones bastantes comunes y preferidas por algunos varones acompañados por libidinosas y diabólicas damas; donde estas ahorcan o apuñalan preferentemente a una débil mujer que escasamente pueda defenderse, de tal manera que no tengan que atarla, haciendo más sufrido y delirante su mortal final al tratar de evitarlo inútilmente. Otra de las favoritas entre las “señoras” visitantes a estos eventos es la de tener sexo con un joven y atractivo adolescente de su predilección, mientras igualmente lo ahorcan teniéndolo atado a un camastro, una combinación de la anterior y de la conocida “Asfixia erótica”, sin consenso por supuesto. Las persecuciones y acorralamientos de una presa humana (obviamente) en una cacería, mediante el uso de arquería, látigos y otras clases de armas e instrumentos, son también bastante comunes. Estas y otras insensatas perversidades, además de los tradicionales combates, son las favoritas por el ávido público durante su pasajera estadía en estos emplazamientos de corruptas diversiones

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La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) En 120.000 palabras (Cap. 5°: Las Reinas del paraíso perverso) El acceso a la residencia de Karl estaba separado del salón por un despejado jardín, de unos veinte metros, que cruzaron a poco andar, el que las apasionadas amantes se esforzaron en distanciar más con lentos pasos vacilantes. El eunuco guardia, al ver que se aproximaban las mujeres, comunicó por citofono interno la presencia de la escandinava, a quien ya los anfitriones aguardaban, escuchándose luego algunos sonidos metálicos inentendibles del otro lado del artefacto como mera respuesta, los que el africano interpretó perfectamente como la aprobación del ingreso de Ebba al exclusivo recinto. Paula se despidió con el juego de “La nena y su mamita”: -Muy bien mi bebita, pórtate mal, se una mala chica, la rubia le respondió de igual forma siguiéndole el inocente juego, modulando como una bebita: Me vas a dar un premio si me porto mal mamita. -Así será mi princesita. -Bésame mamita linda. -Oh si, si, ¡Si mi bebita preciosa! La despedida fue breve pero muy ardiente, interrumpida por el sonar de un reloj que anunciaba ya la medianoche, en ese momento la morena terminó de acariciarla y besarle el cuello con pasión a Ebba, para luego retirarse. Paula regresó al salón de los eventos, en donde la salvaje Elke ya había liquidado a la infeliz escogida para su bien ponderada presentación, con las correspondientes felicitaciones por parte de sus protectores y admiradores, los que no ocultaban el lujurioso deseo de poseer a la malvada mujer, más esta exigía de su eventual pareja un “Menaje a trois” con una tercera persona más, sea hombre o mujer, daba igual, pues solo la usaría para victimizarla durante sus juegos, estimulando de esta manera más su insaciable libido, quedando preparada con más ánimo para complacer a su ocasional amante. En medio del anillo estaba Dae tratando de enfrentar a una gorda y fofa mujer del tipo centroamericano que se negaba a participar, por lo que la coreana ordeno que las ayudantes la ataran al pasamano, para evitar que pudiera huir, prometiendo seguir de todas maneras con el espectáculo, pidiendo un látigo largo del tipo “Serpiente negra”, con el que empezó a juguetear, dándole suaves flagelos a la obesa mujer, los que fue incrementando en rigor. La rutina era simple, aparentemente sin cambios, solo que el castigo terminaba cuando Dae estuviera totalmente complacida y hasta hoy no se sabía de ninguna ocasión en que esto haya sucedido, y una vez animada podía seguir golpeando cada vez con mayor entusiasmo, incluso cuando su víctima quedara inconsciente, o ya hubiese expirado. Uno de los presentes se acercó a Paula, para invitarla a participar con Elke en un juego de a tres, donde sin lugar a dudas la tercera persona, en este caso Paula debería ser inmolada. -Sospecho que te confundes conmigo, lo reprendió Paula, a no ser que la “Hiena” quiera aceptar el rol pasivo, para que la someta de la manera que yo más disfruto, lo cual dificulto que ella acceda, al menos por lo que demostró hace algunos momentos, ¿no sé si me entiendes?, debes saber que si bien soy nueva en este ambiente, no estoy aquí para ser castigada y luego ser desechada como un envoltorio que ya no se pueda usar, has de saber que vengo a demostrar mis habilidades como una “Gata”, tu propuesta me ofende, ¿Acaso no ves lo que yo tengo?. Una vez que hubo terminada su aclaración Paula, el varón se disculpó largamente por el error que cometió, como lo hiso también la morena bajando el tono con que inicialmente se expresó, manifestándole a modo de excusa que desafortunadamente tenía concertado un compromiso en algunos minutos más, no indicándole para nada que servicio prestaría para esta ocasión, sabiendo que los invitados que quedaban en el salón, además del torpe varón eran tres o cuatro, por lo que sería sencillo averiguar quién o quiénes eran los afortunados, excusa que le sirvió a Paula para mantener las buenas relaciones. Una vez que hubo aclarado la situación, esta dio media vuelta y se retiró a su habitación. Paula estaba ya dormida cuando oyó afuera unos ruidos en el corredor, al parecer de carreras y seguimientos, luego la voz inconfundible de Ebba, por lo que se asomó a la puerta para abrirla, no terminaba de hacerlo cuando miró por el borde de esta como Ebba tomaba por el cabello a una muchacha del tipo asiático, físicamente mucho menos fornida que ella, a la que zarandeaba mientras la increpaba: -Porque huyes, no seas tan cobarde debes de enfrentar la contienda, te perdonaré por ahora solo porque nuestra señora Kim está aguardándote, y no le gustará que sea yo quien castigue a su rival, ahora andando cobarde gallina, levantándola casi en vilo y arrojándola hasta el moreno Lothar quien la acompañaba en la persecución, el que la tomo del talle cargándola a un costado para acto seguido dirigirse ambos a la entrada de la residencia de donde presumiblemente había huido la asustadiza mujer. En la entrada bajo el umbral del pórtico de acceso estaba soberbiamente ataviada con un breve y ceñido traje de gladiadora la misteriosa Kim, que le ordenó al obediente Lothar que llevara a la chica fugitiva hasta el interior de la residencia, y que ella ya los alcanzaría. Paula suponiendo casi con certeza los sucesos que ocurrían dentro la residencia y como aún no había conseguido caer en los brazos de Morfeo, retornó a su lecho cuando ya era pasada la una de la madrugada, pero más pudo la curiosidad de la joven latina, que no se pudo abstraer del bullicio que se filtraba por la ventana de su habitación, la que daba frente al patio de la residencia, por donde se apreciaba solo parte de las escaramuzas que ahí ocurrían, las que no se apreciaban en su totalidad, puesto que entre la ventana de su habitación y el patio de la residencia, se alzaban unos arbustos, que obstruían gran parte de la visión, por lo que no se podía apreciar muy bien quienes estaban en el lugar, estimando al menos en unas seis personas las que se encontraban reunidas en una amplia sala; dos mujeres en el rol de Esclavas “seguramente pensó Paula”, Ebba y Kim sin lugar a dudas como “Las gladiadoras”, además de Karl y al parecer el joven turco Osman, según pudo distinguir la joven latina. La morena en aquellos momentos miraba como la rubia asiática provocaba a la muchacha de diversos modos para que así la confrontara; Insultándola, empujándola, dándole bofetones y escupiéndola, la muchacha la miraba extrañada y no comprendía las intenciones ni las palabras de la agresiva y provocadora mujer, que a juzgar por el acento y con las incomprensibles expresiones con que trataba de hacerse comprender, parecía venir del este de Europa, chicas que peligrosamente se aventuran, entrando en este tipo de organizaciones, en busca de mejores sistemas de vida, pero que en este medio, les serán muy desafortunadas y nocivas, por decir lo menos. La opresiva Kim de manera soberbia se reía a carcajadas por los vanos intentos de la angustiada y desorientada jovenzuela por comprender esta situación, además de protegerse, retrocediendo, mientras la pérfida rubia asiática se aproximaba hacia ella con golpes de pies y rodillas tipo “Muay thai”, que muy poco o nada pudo aguantar la débil mujer por parte de la experta en esta disciplina marcial, por lo que se fue al suelo luego de esta andanada de golpes desapareciendo de la visión de Paula. Paula desde su posición avistaba solo medio cuerpo de Kim, de su cintura hacia arriba, mientras la agredida desde el suelo recibía el castigo que a punta de pies le propinaba su feroz martirizadora, lo cual la morena suponía por los movimientos que hacía Kim, por el sonido de los golpetazos y de los lloriqueos y gritos de la muchacha. Mientras el tiempo transcurría, la joven morena que continuaba fisgoneando, pudo comprobar que la única razón a la agresividad de la rubia asiática, era satisfacer sus insanas inclinaciones y del grupo que la acompañaba, quienes la azuzaban a proseguir con su proceder mientras se movía en círculos, sin lugar a dudas en torno a quien estaba en el suelo, para poder elegir el mejor ángulo desde donde le pudiera enviar sendos puntapiés, los que alternaba tomándose luego algunos momentos para mirar a la sufrida joven, como valorando la tarea hecha, repitiendo esta rutina en varias ocasiones, hasta que el castigo incesante, produjo que la chica desfalleciera momentáneamente, a juzgar por el silencio que se hiso luego de los últimos golpes. La arrogante Kim, llevándose sus manos a la cintura cesó en su accionar, y miró hacia atrás, para enterarse si estaban satisfechos quienes observaban su salvaje labor, y sintiéndose bien ponderada, dio media vuelta dirigiéndose primero hasta la nórdica que se encontraba recostada seductoramente sobre una alfombra, rozándole el rostro con sus piernas, esta le retribuyó, acariciándoselas y besándoselas ávidamente. Mientras tanto Karl se arrimaba al joven y apuesto Osman para manosear sus partes intimas, esto último le resultó desagradable incluso para Paula, que a pesar de su libertina y desenfrenada forma de vida, no soportó la escena, aun cuando ella era bisexual, no toleraba en los hombres este mismo comportamiento, por lo cual se retiró a su alcoba nuevamente, y esta vez sí que se disponía a dormir en los precisos momentos que un reloj ubicado en las inmediaciones, anunciaba las una y treinta de la madrugada, pensando, en las verdaderas razones por las que llegaban los miembros de esta sociedad hasta aquí, no cabiéndole ahora, duda alguna al respecto. En los momentos en que el singular grupo, inducidos por supuesto con diversas clases de drogas, se entregaba a sus particulares placeres, la ardiente asiática empezó a aburrirse de las atenciones que le brindaba la sueca, aun cuando esta las retribuía con otras tantas iguales, sumándole algunos gemidos de placer, aun así, empezó a advertir la necesidad de un aliciente adicional al lubrico manoseo y a los estupefacientes que estaba consumiendo, por lo que se levantó con pereza, andando con aparente desánimo hasta la castigada joven, que se estaba erguiendo con gran dificultad, y agarrándola por el cabello, empezó a descargarle en el rostro violentos golpes de revés y derecha, hasta hacerla sangrar por nariz y boca, luego encrespó los dedos de ambas manos, tomándole la cabeza mientras la oprimía contra un pilar, hundiéndole los pulgares en la cuenca de sus ojos, causando que la muchacha lanzara gritos y aullidos durante todo el tiempo que se tomó en esta acción, hasta que se desplomó de dolor, cayendo pesadamente al piso. Paula solo podía observar a la asiática mirando hacia abajo con disimulada compasión y ternura a la joven, esta tan solo podía suponer el desarrollo de las siguientes maniobras que tomaría la perversa e indolente hembra más adelante, cuando en un momento desapareció totalmente de su vista, arrojándose aparentemente sobre la indefensa infeliz, dejando a la imaginación de Paula, la manera en que acabaría su faena desde el piso, y dada la situación, se trataría de una sofocación por medio de un estrangulamiento, ya sea apretándole el cuello entre sus manos, o una “Headscissor”, esta última se realiza, como sabemos, cogiendo el cuello de la vencida entre las piernas, haciendo una tijera, para después doblar una de ellas en torno al mismo, para iniciar lo que en la jerga de la lucha; es conocida como la letal “figure four“, o figura del cuatro, por la que esta clase de hembras tienen una especial predilección, ya que advierten el enardecimiento de quienes las observan en esta brutal praxis, y por supuesto, el placer que experimentan al percibir todo su cuerpo los estremecimientos de su víctima, a medida que le van quitando la vida lentamente, al ir comprimiéndole el cuello entre sus fornidas piernas y su pelvis. La distancia desde la ventana en que se encontraba Paula, a los jardines del lugar de los sucesos, no era mayor a unos veinte metros, pudiendo escucharse los ahogados gritos agónicos de la pobre infeliz, los que se fueron acallando hasta transformarse en solo tenues gemidos, mientras era alentada la bestial asiática por Karl y los demás participantes a exhibir toda su crueldad. Toda esta manera de proceder, ya era bien conocida por la latina, por lo que después de algunos momentos, y no habiendo nada novedoso que observar, retornó a su alcoba, para disponerse ahora si a dormir. Luego de transcurrido unos cinco minutos, Paula que ya se había abstraído de toda la situación y empezaba a conciliar el sueño, cuando de improviso se sobresaltó con los vítores provenientes de sus escandalosos vecinos y no pudiendo reprimir su curiosidad, se levantó dirigiéndose nuevamente a dicha ventana para mirar hacia el patio de la residencia, en donde observó a Kim que se levantaba jadeando del piso, con toda seguridad a causa del esfuerzo liberado en la abominable acción de ahorcar a la golpeada mujer, tal como lo había intuido, mediante la llamada “Headscissor”, luego que la rubia asiática hubo desaparecido de su visual, minutos antes. Confirmando esta suposición cuando oyó al joven turco Osman que anunciaba a viva voz, como quien se dirige a un numeroso auditorio: -“Señoras y señores luego de una dilatada contienda, esta noche tenemos una chica ganadora”, quien por medio una vigorosa “Headscissor” ajustició a su rival, y haciendo luego una pausa esperó que se produjeran los aplausos del reducido grupo. A su vez que Ebba subiendo el tono de su voz para hacerse oír y congratularse con la rubia oriental, gritaba en su inconfundible acento: -Viva la invencible Kim, la reina dorada de la noche, -Les presento a Kim, agregó para terminar la socarrona arenga Osman”; la número uno de nuestro ranking, que no ha podido ser vencida, a pesar de el gran esfuerzo que desplegó su aguerrida émula, venida del indómito Cáucaso”. -La irónica alocución provocó las risas del reducido público, mas Kim no la celebró, su intención inmediata era otra, por lo que se dirigió hasta Karl que se encontraba sentado en un diván sobre el cual se encaramó poniéndose de pie junto a él, para rozar con sus fornidas y suaves piernas provocativamente el hombro del alemán, “acción que comúnmente hacia para provocar ser adorada por su pareja, previo al acto sexual mismo”, a la vez que le decía con voz grave y sensual: -¿Te he estimulado lo suficiente papaíto?, porque ahora quiero que tú me complazcas debidamente, ahora. Kim tomó una pausa y subió el tono de su voz urgiendo al alemán: ¡Hazlo! Se escuchó a la oriental con voz autoritaria y ansiosa, como acostumbraba hacerlo, cuando ya no podía contener los deseos de consumar su alevosa obra. Por otro lado la sueca estaba siendo saciada por el atractivo Osman, permitiendo que la relamiera a lo largo de toda su escultural y deseable anatomía. Dada la dirección que estos hechos tomaban, la morena ya con poco interés fisgoneaba desde la ventana, y habiendo ya satisfecho su natural curioseo además de estar somnolienta se abocó entonces a cerrar muy bien las ventanas y por cuarta ocasión en esta noche se cobijó en su alcoba, para finalmente conseguir un conciliador y profundo sueño, cuando los festivos juerguistas se entregaban a una desenfrenada orgía. Habiendo pasado algo más de una hora, en que mayor griterío no se escuchó en el entorno, Paula logró dormir durante ese tiempo, pero sus esfuerzos fueron vanos, porque el silencio de la noche se rompió nuevamente, con unos gritos que no eran los de la mujer de los Balcanes, se escuchaban en inglés, su voz era otra, y le sonaba conocida a la aun adormilada latina, que pugnaba por traerla a su mente desde su alcoba, esforzándose en ordenar sus pensamientos, entonces repentinamente le llegó un ápice de lucidez, que no quiso que se le escapara, meditando para sus adentros reconoció por fin la voz, era la de la madura mujer que había enfrentado en el club de desnudistas del night club de Miami durante su entrevista con Pierre, era la fofa y torpe rubia del descolorido bikini amarillo a la que había noqueado al fin de la contienda aquella noche, este último pensamiento terminó por despertarla. La curiosidad mató al gato, esperando que no se aplicara el dicho a ella, “pensó la morena”, pero de igual manera se acercó a la ventana a observar nuevamente, y en efecto estaba presente la inexperta rubia a quien traía a la fuerza Osman con un grueso ayudante. La madura rubia insultaba a gritos perturbadamente a Osman y al ayudante, mientras los demás presentes se carcajeaban por la ofuscada actitud, provocándola cruelmente con sus burlas, Karl aprovechó un instante de silencio, para tomar la palabra brevemente y con su típico tonillo germano, dijo: -¿Ebba deseas enfrentar a esta gorda?, a lo que esta replicó: -Por supuesto, tengo hambre, necesito alimentarme. -¡Socorro… desátenme! interrumpió la gorda a todo pulmón. Obviando los gritos de la turbada mujer y muy molesto Karl, levantó aún más la voz para exclamar: -¡Ebba hazla callar por favor!, “meine liebe”…, es toda tuya. La nórdica se levantó dejando de lado esta vez a Kim, caminó hasta el medio de la sala, en forma desafiante y segura, y como se hallaba con sus pechos desnudos, no se sabía bien si era solo por casualidad, o si era la señal tácita de querer comenzar ahora mismo la ejecución la que usualmente procedía a una contienda la que no había acontecido en esta ocasión. La escandinava se detuvo, para acariciarse desde la parte baja del abdomen hasta las caderas apoyando ambas manos sobre ellas, parándose altivamente, y fijando su malévola mirada en la mujer a la que ya tenía condenada, quien frente a esta bizarra postura, cesó con su furioso denuedo, quedando la sala en total silencio. Un momento después se escuchó en tono dominante, la sensual voz de la escandinava rubia diciendo: -Suéltala para mí Osman,... ¡ahora! Sentenciando así el destino de la infeliz, cuando el turco Osman caminó hasta ella con la llave de las esposas en su mano, liberándola. Una vez libre, giró hacia Ebba, pero esta solo se limitó a estirar sus brazos para entrelazar y crispar sonoramente los huesos de sus dedos, para luego, empeñarse en mostrarles con malicia sus pintadas uñas con un abrasivo y dorado esmalte, mientras rodeaba a la mujer, quebrando sensualmente sus caderas en cada paso que daba, esperando el instante que esta se encontrara desprevenida para así lanzarle felinos rasguños en el rostro, abriéndole sangrantes heridas a la vez que irónicamente se manifestaba como un facultativo: -Primero te haré una cirugía facial, después seguiré con unas incisiones en tu abdomen para extraerte toda esa grasa sobrante, ¡Gorda mantecosa!, le gritaba, insultándola cada vez que lograba hacerle un nuevo corte, para continuar burlándose con su satírico monólogo: Por supuesto que este tipo de humor era celebrado por el resto de los participantes, prosiguiendo la burlona escandinava con la misma insufrible verborrea: -Enseguida hare un gran corte sobre el cuello para arrancarte esa papada que te hace ver tan mal, pasándole con rapidez la afilada uña del índice por el cuello, hundiéndosela solo hasta la epidermis, lo conveniente para que brotara la sangre, tiñendo de escarlata el piso, siguiendo luego con su chocarrera narración: -Cuando acabe contigo, lucirás como una verdadera modelo de pasarela, serás otra persona, te voy a dejar irreconocible, ya lo veras terminó diciendo, a la vez que liberaba una ruidosa carcajada, que silenció los gritos de dolor de la madura mujer. La cara de la gorda estaba irreconocible al cabo de algunos minutos, tanto así que el color de su piel no se apreciaba bajo la sanguinolenta superficie de su rostro, en el cual con esfuerzo se podían apreciar sus ojos, que se encontraban cubiertos por la sangre que caía de su frente, evitándole ver a la inhumana Ebba, que aprovechando esta limitación se deleitaba arañando a la desvalida mujer, que parecía extraída de un film de horror del tipo “Carrie”. El escenario era la sala de sádicos juegos que también lucía “ad hoc” con la protagonista, siendo la sangre el elemento principal de la singular escenografía, el piso, la alfombra y los muros manchados de rojo, en sus diversos tonos. Más pudo el temor en la confundida mente de la martirizada mujer, que sin opción de salir luchando de esta situación, con disimulo se fue acercando a la salida, y en el momento adecuado, dio media vuelta y huyó por el pasillo, que estaba oculto a la vista de esta, la sueca sin premura caminó cadenciosamente hacia ella a sabiendas que el paso estaba cerrado, pues ya se había tenido una experiencia anterior con la chica de los Balcanes. -Gorda estúpida, no me hagas perder el tiempo, vociferó Ebba, mientras avanzaba internándose en el citado pasillo, desapareciendo también de la vista de Paula, escuchándose solo golpes y gritos que retumbaban al final de este, donde llegaron los demás contertulios aplaudiendo y avivando la masacre, que ahora corría por parte de la dorada gladiadora nórdica, ya que en esta ocasión no fue truncada su faena, llevándola hasta el fin, pudiendo acabar con su presentación por el método de “La tortura china de los mil y un cortes”, lo que deducía la morena latina, por los gritos y lamentos de la desgraciada gordinflona, sumado a la particular voz de la escandinava que persistía en su afán de torturarla mediante esta cruenta manera, ¿Cómo será el final de esta rutina?, “pensaba la curiosa Paula”, bueno “se dijo”,...ya existirá alguna ocasión de presenciarlo, optando finalmente por irse a su lecho ya entrada la madrugada, donde pudo escuchar por algunos minutos más, la prolongada y fatídica tortura final, incluidos los clamores, hurras, risas y aplausos, aunque no tuvo el morboso placer de observarla..., al menos por ahora Muy tarde aquella mañana, cerca del medio día se despertó Paula, estando ya algo repuesta por las últimas horas de sueño, el que fue interrumpido por una conversación que venía del patio de la residencia de Karl nuevamente, pero esta vez eran solo las voces de Ebba y Kim, se acercó a la ventana y curioseó a través del área en que los arbustos menos obstruían la visual, donde las dos mujeres se entrenaban en defensa personal con la ayuda del sirviente Lothar, quien mostraba gran destreza en las artes marciales, igualmente pudo apreciar a las mujeres haciendo agotadores ejercicios con mancuernas y aparatos hasta la fatiga. Son muy buenas en lo que hacen, “pensó” la morena, debe ser difícil enfrentarlas, bueno siguió pensando, por algo son las primeras en este ranking. Doblemente alentada, por la disciplina mostrada por ambas mujeres, y por convicción propia, se puso una franela cuando eran las trece horas, saliendo a trotar por los alrededores. Después de correr, o más bien escalar por las escabrosas inmediaciones de la isla durante media hora, volvió a su habitación, donde tomó una refrescante y rápida ducha, poniéndose unas vestimentas de verano, dirigiéndose luego al embarcadero para tomar un refrigerio, ya que desde la tarde anterior que no probaba una comida decente, tan solo alguno que otro pastelillos y algunas bebidas envasadas. Eran pasada las dos de la tarde cuando llegó al embarcadero, bajo la marquesina divisó al gentil Manuel, que se le acercó invitándola a sentarse cerca del área inmediata a la cocina, ofreciéndole el menú, que es algo más variado que el de abordo, “comentó” a modo de animado comentario; unos vegetales y estofado de pescado está bien para mi Manuel por favor, le declaró Paula, que sabiendo que la cortesía podía abrir puertas, y no por ser solo una mercenaria e inescrupulosa asesina escort tenía que actuar como otras que llegaban a estos juegos, conduciéndose con actitudes descorteses, como si fueran verdaderas divas, cuando no eran más que unas mercenarias y serviciales perras asesinas, por lo cual ella no se sentía orgullosa ni presumía, pero tampoco para nada le incomodaba esta situación, dándole el justo valor e importancia a esta. La morena observaba a las personas a su alrededor dándose cuenta que las chicas no socializaban en este ambiente, las relaciones eran distantes aunque no tensas, cada una ocupaba las instalaciones sin tener que compartir los mismos espacios, estaban por el sector al menos tres chicas que la morena pudo reconocer; Sadie, que se encontraba tomando el sol sobre del muelle, como también Elke y Dae que estaban acabando sus colaciones. La morena no hiso esfuerzo alguno por tener algún tipo de acercamiento hacia ellas, de la misma forma que con los demás, como si no existieran, posteriormente comenzó una amena charla con Manuel, distendiéndose más las buenas relaciones entre ambos. A media tarde Paula desde el muelle, donde estaban las pequeñas lanchas, brincó hasta el agua tirándose una zambullida, nadando durante algún rato, para lo cual era ducha en varios estilos que lució en aquella ocasión, para luego subir al muelle, untarse un bloqueador solar, y para yacer al sol hasta que la temperatura del ambiente la acompañara, y cuando ya la fresca brisa del atardecer se hiso sentir, volvió a sus habitaciones. Como no teniendo nada que hacer y no habiendo vuelto aun Ebba, se recostó por unos momento en su amplia y cómoda alcoba pensando en las situaciones vividas, especialmente estos dos últimos días, que no siendo los más paradisiacos, tampoco tuvieron para ella ningún traspié de importancia que la hubiera inquietado mayormente, y poco a poco la modorra, el silencio, el sueño interrumpido durante toda la noche anterior, además de los baños de mar, hicieron que se relajara quedándose totalmente dormida. -Despierta perezosa, son más de las diecinueve horas, preparé café y hay algo para comer en la nevera, ¡Ah!...debo decirte algo, todas las cosas están a tu favor para esta noche, “era la voz de Ebba, que la latina escuchaba un poco distante, pero que a medida que se despabilaba, se le fue aclarando la situación y la perspectiva del momento”. -Te ves muy linda con tu rostro de muchachita perezosa, mamita, le dijo la sueca mientras la acariciaba, a la vez que le quitaba el cabello que le cubría la cara con sus frescas y fragantes manos, acomodándole la cabeza para besarla en la boca, por la que le corría un hilillo de baba, que la sueca lamió y absorbió, lo que terminó por despertar a Paula, quien le expresó: -Al menos espera a que me cepille los dientes “mi nenita impaciente”. -No mi mamita, así es como me gustas, le respondió la rubia y quitándose la escasa ropa que la cubría Ebba se metió en la cama con Paula, quien habiéndose recién despertado y que mantenía su cuerpo tibio, mostró una total predisposición a los avances de la sueca, que no ocultaba su ardiente y casi descontrolado arrebato producto de la velada de la noche con el habitual consumo de fuertes estimulantes, los que son accesibles solo para Hermann y sus amigos, los que al cabo de varias horas después, aun hacían su efecto. Después de compartir y retozar por una media hora, Ebba se dispuso a dormir, mientras Paula se levantó para tomar una ducha y un café, después se vistió y sentándose en un cómodo sillón esperó que su compañera despertara, por lo que empezó a pensar en su primer encuentro dentro de este círculo en un par de horas más. Ante cualquier situación de riesgo la morena muchacha no sentía temor alguno, más bien podía sentirse molesta o bien ansiosa, esta última sensación era la que mejor representaba su disposición anímica, sentimiento que experimentaba ahora, ya que su formación básica la condicionaba solo en ser arriesgada y atrevida, nunca temerosa. A una hora del compromiso pactado, Paula estando muy ansiosa decidió ir sola al salón de los eventos, al percatarse que Ebba se había sumido en un profundo sueño, aun cuando le hubiera gustado que su rubia compañera la acompañara en su debut, no por inseguridad, sino que porque deseaba que observase la manera en que iba a terminar con su antigua amante, este pensamiento hiso que su corazón se le acelerara, al sentir un leve estremecimiento por esta expectativa, por lo que apuró el paso hasta el salón, en donde se encontraba Pierre junto a las típicas guardias vestidas en cuero negro, quien la recibió con un afable saludo. El francés que estaba sentado en un confortable sillón, desde donde se podía observar todo el anillo, escuchó las exigencias de Paula como la “Retadora”; esta le dijo que eran las usuales que se tenían que considerar, siéndole desde un comienzo totalmente sincera; no por tomar ventaja de la coyuntura, sino más bien porque quería terminar ilesa y sin ningún leve rasguño, para exhibir todos sus atributos de la mejor manera posible a los interesados en contratar posteriormente sus servicios. -Entonces “La Harpie” deberá ir desnuda, o bien cubierta con un pequeño taparrabo, y sin protección, lo que será verificado por las guardias, dijo Pierre, así como también irá con las uñas cortas y romas, descalza, y el cabello suelto, el que también deberá ser revisado al momento de iniciar el encuentro, repitiendo esto, a modo de corroborar las exigencias hechas por Paula, una vez instruidas las guardias, estas se encaminaron hasta las celdas para cumplir con los requisitos exigidos por la latina, al momento que Pierre terminaba de anotar en una agenda electrónica los acuerdos tomados. -Ahora tendrás que ver lo que usarás tú le dijo Pierre, entonces ve a la sala de vestuarios, allá podrás para elegir varios atavíos nuevos diseñados según el talle de Kim, que debiera ser igual al tuyo y de todas las elegidas, fíjate muy bien “Mon chérie” Paula, nuestra Kim es un real paradigma, a quien todas las muchachas elegidas deben asemejarse, debiendo tener y conservar la contextura de ella. Estoy seguro que te había llamado la atención, la similitud entre ustedes en lo que se refiere a su relación peso estatura, como a su complexión atlética al igual que Kim, por supuesto obviando el rostro y el color de la piel. Como vez, todas ustedes tienen aproximadamente la misma envergadura, y esto no es una simple coincidencia, si no que es parte importante de las exigencias para integrarse a este medio. -Ahora “le dijo Pierre”, la que debiera ser la primera y no la última pregunta, es esta: -Dime Pierre ¿Cuál es tu pregunta? -¿Estás en condiciones física y mental, para la confrontación? -Sí, lo estoy, contestó Paula, y deseosa por comenzar, por lo que buscaré mi atuendo ahora mismo y dando media vuelta se encaminó al vestuario. El día era martes, segunda jornada de competencias, a la hora ya señalada, empezaron a llegar al salón los invitados, como también las participantes que pudieron concurrir. A las veintidós horas entraron los anfitriones. Entre los concurrentes, habían seis personas como se tenía establecido para poder asistir a estos eventos, de tal manera que no sobrepasen las posibles atenciones con las que puedan contar por parte de las muchachas participantes, las que como sabemos son ocho, pero luego de la primera noche este numero de gladiadoras podría disminuir por razones obvias, además estaban presentes, los auxiliares, guardias y las “castigadas”, estas últimas las que a su debido tiempo deberían ingresar al salón. A una señal de Karl, trajeron a la castigada Rouge, desnuda, excepto por un pedazo de trapo a modo de falda atada a su cintura, cumpliendo con las exigencias hechas por Paula, en estos casos como de costumbre, Rouge iba custodiada por dos guardias, que la dejaron sujeta al pasamanos mediante unas esposas. Unos instantes después, hiso su entrada Paula, a la que ya llamaban : “La furia latina”, saliendo del fondo del salón; de manera altiva, con un audaz atavió elegido para la ocasión, de suave y resistente cuero oscuro de dos piezas, con metales adheridos especialmente para hacer daño al menor contacto con ellos, del mismo material la protección para el cuello y muñecas, las uñas de manos y pies del largo conveniente, afiladas y endurecidas con el abrasivo esmalte el que exigían usar en estos desiguales encuentros. Paula al igual que las demás escogidas para estos eventos poseía el instinto homicida, el cual había desarrollado, o bien era inherente a su propia naturaleza, el que una vez liberado, la impulsaba a perpetrar estos actos reprochables y obviamente condenables, exponiéndose permanentemente al riesgo de ser castigada por la ley, estando por supuesto fuera de ella en estos lugares. Sabe que en estos eventos puede dar rienda suelta a sus más ocultas aficiones, amparada y protegida por este poderoso grupo de corrompidos adictos a estas aberrantes veladas, donde puede liberar su contenida agresividad, la que ha podido usar solo en algunas ocasiones, lucubrado usarlas en un lugar donde no le pusieran límites, ni restricción alguna, y ahora el momento ha llegado, presentándosele regaladamente. La latina sabe que debe portarse como una verdadera perra en este ambiente, su objetivo entonces será; primero alargar la contienda, ya que esta perra madura puede ser muy dura, pero se fatigará más pronto, y una vez cansada dominarla será mucho más fácil, para luego someterla hasta poder disponer de ella, para luego torturarla, complaciendo así el gusto del público, y finalmente lo mejor de todo, el esperado desenlace final. Mi primera participación “pensaba Paula” se lo ofreceré a Ebba, ojalá sea en su presencia, para que disfrute observándome como aplasto a la despreciable vaca de Rouge. ¡Oh! tan solo meditar en ello me excito tanto, que hace que me venga deliciosamente, “terminó por cavilar encendidamente, la fogosa muchacha”.

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