CategoríasParejas
Fuerte

La abogada implacable

C

CuentosIntimos

6 de diciembre de 2025

1 lecturas36 likes

Escuchar Relato

M
Marcela

Sensual y envolvente

Nunca pensé que me pasaría algo así. Pero ahí estaba yo, sintiendo cómo mi corazón latía desbocado mientras todo comenzaba.

La pasión nos consumía como una llama incontrolable que amenazaba con devorarnos por completo. Entre susurros y gemidos, escribimos nuestra propia historia de deseo, una que nadie más conocería jamás. Cada segundo parecía estirarse, como si el tiempo quisiera darnos más de este momento perfecto. Yo no quería que terminara nunca, quería quedarme atrapada en esta burbuja de placer para siempre.

Cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Se acercó lentamente, y yo contuve la respiración. Sus manos encontraron mi cintura y me atrajeron hacia él con una urgencia que me tomó por sorpresa. Cerré los ojos cuando sus labios rozaron los míos, primero suavemente, luego con una pasión que me dejó sin aliento. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo sus músculos tensarse bajo mis dedos mientras el beso se intensificaba. El mundo a nuestro alrededor dejó de existir.

Sus manos recorrían mi cuerpo con una mezcla de ternura y pasión que me volvía loca. Cada beso era más profundo, más intenso, más demandante. Me llevaba a lugares que nunca había explorado, despertando sensaciones dormidas en lo más profundo de mi ser. Yo me aferraba a él, temiendo que si lo soltaba, este momento mágico desaparecería como un sueño. Su respiración caliente en mi cuello me hacía estremecer mientras susurraba palabras que encendían cada fibra de mi cuerpo.

Me entregué sin reservas ni inhibiciones. Sentí cómo alcanzaba el éxtasis una y otra vez, aferrada a sus hombros, mordiendo la almohada para no despertar a todo el edificio. Fue la noche más larga y placentera de mi vida, una que cambió para siempre mi manera de entender el placer. Perdí la cuenta de cuántas veces terminé, cada orgasmo más demoledor que el anterior.

Ahora, cada vez que cierro los ojos, revivo esa noche en cada detalle. Y sonrío, porque sé que fue real, que me permití vivir sin inhibiciones por primera vez. No me arrepiento de absolutamente nada de lo que pasó.

Dar propina

Comentarios (15)