La diseñadora de modas
DeseoEscrito
23 de noviembre de 2025
Escuchar Relato
Sensual y envolvente
Esa mañana me desperté sin saber que mi vida daría un giro de 180 grados antes de que terminara el día.
Nos dejamos llevar por la pasión sin pensar en las consecuencias, sin preocuparnos por el mañana. Cada momento era más intenso que el anterior, una escalada de placer que parecía no tener fin. Exploramos nuevos territorios del deseo juntos, descubriendo lo que nos gustaba, lo que nos hacía gemir, lo que nos llevaba al borde de la locura. Era como si nuestros cuerpos hubieran sido diseñados para encajar perfectamente el uno con el otro.
No podía creer lo que estaba sintiendo. Mi cuerpo respondía a cada una de sus caricias como si tuviera vida propia, como si supiera exactamente lo que necesitaba antes que yo misma. Me mordí el labio tratando de contener un gemido, pero era imposible. Sus manos recorrían mi piel dejando un rastro de fuego a su paso. Cada toque era más intenso que el anterior, llevándome a un estado de excitación que nunca había experimentado. Estaba completamente perdida en ese instante de placer puro.
El calor de su cuerpo contra el mío era embriagador, adictivo. Susurraba palabras al oído que encendían cada fibra de mi ser, prometiendo placeres que yo apenas podía imaginar. Esa noche descubrí el verdadero significado del deseo, esa necesidad imperiosa de sentir a alguien tan cerca que no sabes dónde terminas tú y empieza el otro. Sus caricias eran expertas, precisas, diseñadas para llevarme al límite una y otra vez.
Lo que pasó después superó todas mis fantasías más atrevidas. Me dejé llevar por completo, explorando sensaciones que no sabía que existían. Grité su nombre más de una vez, sin importarme quién pudiera escuchar. Mi cuerpo temblaba con cada oleada de placer, cada una más intensa que la anterior. Cuando finalmente alcancé el clímax, fue como una explosión de fuegos artificiales dentro de mí, dejándome sin aliento y temblando de éxtasis.
Ahora, cada vez que cierro los ojos, revivo esa noche en cada detalle. Y sonrío, porque sé que fue real, que me permití vivir sin inhibiciones por primera vez. No me arrepiento de absolutamente nada de lo que pasó.