CategoríasVecinos
Suave

El deportista olímpico

N

NarradorSensual

1 de febrero de 2026

3 lecturas577 likes

Escuchar Relato

M
Marcela

Sensual y envolvente

Nunca pensé que me pasaría algo así. Pero ahí estaba yo, sintiendo cómo mi corazón latía desbocado mientras todo comenzaba.

La pasión nos consumía como una llama incontrolable que amenazaba con devorarnos por completo. Entre susurros y gemidos, escribimos nuestra propia historia de deseo, una que nadie más conocería jamás. Cada segundo parecía estirarse, como si el tiempo quisiera darnos más de este momento perfecto. Yo no quería que terminara nunca, quería quedarme atrapada en esta burbuja de placer para siempre.

Cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Se acercó lentamente, y yo contuve la respiración. Sus manos encontraron mi cintura y me atrajeron hacia él con una urgencia que me tomó por sorpresa. Cerré los ojos cuando sus labios rozaron los míos, primero suavemente, luego con una pasión que me dejó sin aliento. Mis manos subieron por su pecho, sintiendo sus músculos tensarse bajo mis dedos mientras el beso se intensificaba. El mundo a nuestro alrededor dejó de existir.

El calor de su cuerpo contra el mío era embriagador, adictivo. Susurraba palabras al oído que encendían cada fibra de mi ser, prometiendo placeres que yo apenas podía imaginar. Esa noche descubrí el verdadero significado del deseo, esa necesidad imperiosa de sentir a alguien tan cerca que no sabes dónde terminas tú y empieza el otro. Sus caricias eran expertas, precisas, diseñadas para llevarme al límite una y otra vez.

Lo que pasó después superó todas mis fantasías más atrevidas. Me dejé llevar por completo, explorando sensaciones que no sabía que existían. Grité su nombre más de una vez, sin importarme quién pudiera escuchar. Mi cuerpo temblaba con cada oleada de placer, cada una más intensa que la anterior. Cuando finalmente alcancé el clímax, fue como una explosión de fuegos artificiales dentro de mí, dejándome sin aliento y temblando de éxtasis.

Ahora, cada vez que cierro los ojos, revivo esa noche en cada detalle. Y sonrío, porque sé que fue real, que me permití vivir sin inhibiciones por primera vez. No me arrepiento de absolutamente nada de lo que pasó.

Dar propina

Comentarios (2)