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El secreto de la cabaña

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PasionLatina

26 de enero de 2026

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M
Marcela

Sensual y envolvente

El Secreto de la Cabaña

Siempre supe que existían lugares con energía especial, sitios donde el velo entre lo ordinario y lo extraordinario se hace más delgado. Pero nunca esperé encontrar uno, y mucho menos que ese lugar cambiaría mi vida de la manera en que lo hizo.

Tenía treinta y cinco años cuando heredé la cabaña de mi tía abuela Elena. Una mujer misteriosa que había vivido sola en las montañas durante décadas, sobre quien se contaban historias que iban desde lo excéntrico hasta lo sobrenatural. La cabaña estaba en medio del bosque, a dos horas de la ciudad más cercana, y todos esperaban que la vendiera inmediatamente.

Pero algo me llamaba hacia ese lugar. Quizás era la necesidad de escapar de mi vida en la ciudad, de mi trabajo agotador, de mi reciente divorcio. Quizás era curiosidad por conocer el mundo de esa tía que apenas había visto un par de veces en mi infancia. Sea lo que fuera, decidí pasar un mes allí antes de tomar cualquier decisión.

La cabaña era más hermosa de lo que esperaba. Construida con troncos de madera oscurecidos por el tiempo, con un porche amplio que miraba hacia el bosque, y un interior acogedor lleno de libros, plantas secas, y objetos curiosos que prometían historias fascinantes.

La primera semana fue de adaptación. Aprendí a vivir sin internet constante, a cocinar en una estufa de leña, a disfrutar el silencio del bosque. Dormía mejor de lo que había dormido en años, y cada mañana me despertaba con una energía que había olvidado que existía.

Fue en la segunda semana cuando lo conocí.

Estaba caminando por un sendero cercano cuando escuché el sonido de un hacha. Siguiendo el ruido, llegué a un claro donde un hombre cortaba leña. Se detuvo al verme, y cuando nuestros ojos se encontraron, sentí algo que solo puedo describir como reconocimiento. Como si ya lo conociera, aunque estaba segura de que nunca lo había visto.

Era alto, de cabello oscuro con algunas canas, ojos de un gris intenso, y un cuerpo que claramente estaba acostumbrado al trabajo físico. Llevaba una camisa a cuadros con las mangas enrolladas, revelando antebrazos musculosos cubiertos de una fina capa de sudor.

"Tú debes ser la sobrina de Elena," dijo, su voz profunda resonando en el claro. "Me habló de ti."

"¿Conocías a mi tía?"

Él sonrió, y algo en esa sonrisa hizo que mi estómago diera un vuelco. "Era mi vecina. Bueno, lo más cercano a una vecina que puedes tener aquí. Mi cabaña está a un kilómetro hacia el este."

Se presentó como Gabriel, un escritor que había huido de la ciudad hace cinco años buscando paz para terminar su novela. Una novela que, admitió con una risa autocrítica, todavía no había terminado.

"Tu tía me visitaba a veces," continuó. "Me traía té de hierbas y me contaba historias. Era una mujer fascinante."

"Apenas la conocí," admití. "Mi familia no hablaba mucho de ella."

"Eso no me sorprende. Elena era... diferente. Pero en el buen sentido."

Esa primera conversación se extendió por horas. Gabriel vino a mi cabaña a tomar café, y nos quedamos hablando hasta que el sol empezó a ponerse. Había algo en él que me hacía querer abrirme, contar cosas que normalmente guardaba para mí.

Los días siguientes, nos vimos con frecuencia. Él me enseñó los mejores senderos del bosque, yo le cocinaba cenas que él devoraba con apreciación genuina. Hablamos de nuestras vidas, de nuestros fracasos, de nuestros sueños. Y debajo de cada conversación, había una corriente de atracción que ninguno de los dos mencionaba pero ambos sentíamos.

Fue una noche de tormenta cuando todo cambió. Estaba sola en la cabaña, el viento aullando afuera, cuando escuché golpes en la puerta. Era Gabriel, empapado de pies a cabeza.

"Un árbol cayó en el camino a mi cabaña," explicó. "¿Puedo quedarme hasta que pase la tormenta?"

Le di toallas, ropa seca de las cosas que había encontrado de mi tía, y una copa de vino. Nos sentamos frente a la chimenea, escuchando la lluvia golpear el techo, y la atmósfera entre nosotros se volvió eléctrica.

"He querido besarte desde el primer día," confesó de repente, sus ojos grises fijos en los míos.

"¿Por qué no lo has hecho?"

"Porque no quiero ser otro error del que tengas que recuperarte."

Me acerqué a él, tomando su rostro entre mis manos. "¿Y si fueras lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo?"

El beso fue suave al principio, tentativo. Pero pronto se transformó en algo más urgente, más hambriento. Sus manos encontraron mi cintura, atrayéndome hacia él, y yo me dejé llevar por la pasión que había estado conteniendo durante semanas.

Hicimos el amor frente a la chimenea, sobre las mantas que había extendido en el suelo. Fue intenso, apasionado, diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. Había algo casi mágico en estar con él, en esa cabaña, mientras la tormenta rugía afuera.

Esa noche marcó el comienzo de algo que ninguno de los dos podía explicar. Cada vez que estábamos juntos, era como si el mundo exterior dejara de existir. Cada vez que hacíamos el amor, descubría nuevas alturas de placer que no sabía que existían.

Un mes se convirtió en dos, luego en tres. Mis jefes en la ciudad estaban desesperados, mi apartamento acumulaba polvo, pero yo no podía irme. No podía dejar este lugar, no podía dejarlo a él.

Una noche, mientras estábamos en la cama después de horas de pasión, encontré el valor para preguntarle sobre el futuro.

"¿Qué somos, Gabriel? ¿Qué es esto que tenemos?"

Él me miró con esos ojos grises que ya conocía tan bien. "No lo sé. Pero sé que no quiero que termine. Sé que te amo, aunque sea una locura decirlo tan pronto."

"Yo también te amo. También es una locura."

"Entonces seamos locos juntos."

Han pasado dos años desde esa conversación. Vendí mi apartamento en la ciudad, renuncié a mi trabajo, y me mudé definitivamente a la cabaña. Gabriel terminó finalmente su novela, que resultó ser un bestseller que nos dio libertad financiera.

Nos casamos en el claro donde nos conocimos, con el bosque como testigo. Y cada noche, cuando nos acostamos en la misma cama donde mi tía abuela probablemente soñó sus propios sueños, sé que he encontrado mi lugar en el mundo.

A veces pienso que Elena sabía lo que hacía al dejarme la cabaña. Que de alguna manera, desde donde sea que esté, orquestó todo esto. Pero quizás son solo las historias del bosque haciéndome imaginar cosas.

Lo que sé con certeza es que vine aquí buscando paz y encontré amor. Vine buscando respuestas y encontré preguntas que no sabía que tenía. Vine buscando un escape y encontré un hogar.

Y eso, para mí, es más que suficiente magia.

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